Ha pasado suficiente tiempo desde la toma de posesión de Donald Trump como para empezar a entender que el presidente carece de un proyecto político decente para Estados Unidos, y mucho menos de una visión coherente sobre papel de su país en el mundo. El proyecto político de Trump consistió, primero, en evadir la cárcel, y una vez en el poder, en enriquecerse él y su familia tanto como le fuera posible a costa de explotar sin pudor las zonas grises del sistema, utilizando para ello la plataforma excepcional que le concede la jefatura del Estado en la superpotencia planetaria. El suyo es un proyecto de corrupción sistematizada y de sometimiento extractivo de las instituciones a su voluntad.
El intento de usar dinero público para sus causas particulares desconcierta incluso en un Washington acostumbrado al escándalo
Ha pasado suficiente tiempo desde la toma de posesión de Donald Trump como para empezar a entender que el presidente carece de un proyecto político decente para Estados Unidos, y mucho menos de una visión coherente sobre papel de su país en el mundo. El proyecto político de Trump consistió, primero, en evadir la cárcel, y una vez en el poder, en enriquecerse él y su familia tanto como le fuera posible a costa de explotar sin pudor las zonas grises del sistema, utilizando para ello la plataforma excepcional que le concede la jefatura del Estado en la superpotencia planetaria. El suyo es un proyecto de corrupción sistematizada y de sometimiento extractivo de las instituciones a su voluntad.
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