Irresponsable bloqueo a Francia

Que un partido de Estado y con posibilidades reales de gobernar próximamente España se dedique a la tarea de torpedear la relación con nuestro principal vecino, Francia, escapa a toda lógica y comprensión. Es lo que ha hecho el Partido Popular al bloquear de nuevo en el Senado el Tratado de Barcelona, el acuerdo de amistad franco-española firmado por Emmanuel Macron y Pedro Sánchez en 2023, ratificado por el Parlamento francés desde 2025 y desde entonces en un limbo debido al empeño por frenarlo del principal partido de la oposición. Ni el visto bueno del Tribunal Constitucional, la semana pasada, ni la ocasión que brindaba este martes el inicio de la visita de Estado de Macron han bastado para disuadir a la formación que lidera Alberto Núñez Feijóo de perjudicar la alianza bilateral e intentar empañar, como ha hecho, los actos oficiales del presidente de la República en Madrid.

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 Al rechazar el tratado de amistad franco-español, el PP daña su propia credibilidad como partido de Estado y aliado europeo  

editorial

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Al rechazar el tratado de amistad franco-español, el PP daña su propia credibilidad como partido de Estado y aliado europeo

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El presidente de Francia, Emmanuel Macron, llega en coche al Palacio Real, este martes en Madrid. J.J. Guillén (EFE)
El País

Que un partido de Estado y con posibilidades reales de gobernar próximamente España se dedique a la tarea de torpedear la relación con nuestro principal vecino, Francia, escapa a toda lógica y comprensión. Es lo que ha hecho el Partido Popular al bloquear de nuevo en el Senado el Tratado de Barcelona, el acuerdo de amistad franco-española firmado por Emmanuel Macron y Pedro Sánchez en 2023, ratificado por el Parlamento francés desde 2025 y desde entonces en un limbo debido al empeño por frenarlo del principal partido de la oposición. Ni el visto bueno del Tribunal Constitucional, la semana pasada, ni la ocasión que brindaba este martes el inicio de la visita de Estado de Macron han bastado para disuadir a la formación que lidera Alberto Núñez Feijóo de perjudicar la alianza bilateral e intentar empañar, como ha hecho, los actos oficiales del presidente de la República en Madrid.

Si existía una iniciativa internacional del Gobierno español exenta de toda polémica, el Tratado de Barcelona era un ejemplo evidente. Nada de lo que contempla el texto debería ser controvertido ni está fuera de lo que ha sido el consenso europeísta desde que en 1986 España ingresó en la Comunidad Económica Europea. De una formación euroescéptica o populista podría esperarse que le incomodase dar un paso más en cooperación, pero nunca de un partido que se ha reclamado de la tradición del europeísmo y el humanismo cristiano, como ha ocurrido. El PP cuestionaba un párrafo concreto del acuerdo, el que prevé que “un miembro del Gobierno de una de las Partes será invitado al Consejo de Ministros de la otra Parte, al menos una vez cada tres meses y por rotación”. Pero el Constitucional fue claro en su dictamen: nada en el texto contraviene la ley fundamental. Y en realidad este punto no tiene nada de excepcional, pues aparece casi calcado en los acuerdos de Francia con Italia y Alemania.

Desde que se firmó hace casi cuatro años ya se sabía que el tratado de amistad equiparaba la relación franco-española a la franco-alemana y franco-italiana, y por eso estaba fuera de duda de que respondía al interés de España y también al de la UE. Una vez que quedó acreditada su constitucionalidad, resulta imposible entender la animadversión del PP, si no es por una voluntad de exportar a Europa la polarización y las malas artes que desgraciadamente se están imponiendo en el parlamentarismo español. El coste de esta estrategia es elevado. No solo supone una ofensa a un jefe de Estado amigo, el mismo día en que los Reyes lo acogían en una cena de Estado. Es un gesto que busca comprometer al presidente del Gobierno, pero lo que consigue al final es dejar en mala posición a España. Y, sobre todo, a quien promueve esta política tierra quemada diplomática, un partido que, cuando gobierne España, no podrá llegar al poder con una peor carta de presentación de cara a sus socios y vecinos.

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