En los últimos años, la forma más contemporánea del ensayo literario ha sido una mezcla reconocible de memoir y erudición que la autora Noelia Romero sintetiza muy bien en su reciente La manera: “Ensayar, confesar, conversar [con otras lecturas y obras]. Estas son las tres acciones que hago mientras escribo este libro”, dice, una aritmética que vale para toda una corriente que quizá no sea nueva, pero sí ha adquirido matices, capas y posibilidades renovadas a medida que se iba convirtiendo en modelo consolidado por el mercado de la alta cultura y las becas de creación. El peligro de un proceso semejante, ya se sabe, es alcanzar un punto colectivo de anquilosamiento o saturación. No sé cuándo ocurrirá eso. De momento, el género sigue ofreciendo muestras estupendas.
En los últimos años, la forma más contemporánea del ensayo literario ha sido una mezcla reconocible de memoir y erudición que la autora Noelia Romero sintetiza muy bien en su reciente La manera: “Ensayar, confesar, conversar [con otras lecturas y obras]. Estas son las tres acciones que hago mientras escribo este libro”, dice, una aritmética que vale para toda una corriente que quizá no sea nueva, pero sí ha adquirido matices, capas y posibilidades renovadas a medida que se iba convirtiendo en modelo consolidado por el mercado de la alta cultura y las becas de creación. El peligro de un proceso semejante, ya se sabe, es alcanzar un punto colectivo de anquilosamiento o saturación. No sé cuándo ocurrirá eso. De momento, el género sigue ofreciendo muestras estupendas. Seguir leyendo
En los últimos años, la forma más contemporánea del ensayo literario ha sido una mezcla reconocible de memoir y erudición que la autora Noelia Romero sintetiza muy bien en su reciente La manera: “Ensayar, confesar, conversar [con otras lecturas y obras]. Estas son las tres acciones que hago mientras escribo este libro”, dice, una aritmética que vale para toda una corriente que quizá no sea nueva, pero sí ha adquirido matices, capas y posibilidades renovadas a medida que se iba convirtiendo en modelo consolidado por el mercado de la alta cultura y las becas de creación. El peligro de un proceso semejante, ya se sabe, es alcanzar un punto colectivo de anquilosamiento o saturación. No sé cuándo ocurrirá eso. De momento, el género sigue ofreciendo muestras estupendas.
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