Putin contra la Historia

Hay un rasgo común en todo régimen autoritario y todo nacionalismo expansionista, y es la voluntad de reescribir la Historia para manipularla con el fin de afianzarse en el poder y hostigar a quien se le resiste. Vladímir Putin ha aplicado desde que hace 26 años llegó a la presidencia de Rusia la máxima orwelliana según la cuál “quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado”, y en los últimos días la ha llevado varios pasos más allá. Putin ha renombrado la academia de los servicios de seguridad rusos (FSB) en honor de Félix Dzerzhinski, padre de la temida Cheka, la antecesora directa del KGB. Coincidiendo con esta decisión, las autoridades rusas han inaugurado una exposición donde acusan a Polonia de “rusófoba”, y lo hacen precisamente en Katyn, un lugar donde en 1940 Stalin, tras pactar con Hitler, trató de aniquilar a toda la elite social, intelectual y militar polaca. Con el homenaje a la siniestra policía política de Stalin y el borrado de los crímenes de la época soviética, el presidente ruso trata de justificar lo injustificable para que los rusos acepten la represión pasada, y la presente, ante una fantasmagórica amenaza a la supervivencia del país proveniente del exterior.

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 El presidente ruso redobla el borrado de los crímenes soviéticos contra países como Polonia y Ucrania y el desprecio a las víctimas  

Hay un rasgo común en todo régimen autoritario y todo nacionalismo expansionista, y es la voluntad de reescribir la Historia para manipularla con el fin de afianzarse en el poder y hostigar a quien se le resiste. Vladímir Putin ha aplicado desde que hace 26 años llegó a la presidencia de Rusia la máxima orwelliana según la cuál “quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado”, y en los últimos días la ha llevado varios pasos más allá. Putin ha renombrado la academia de los servicios de seguridad rusos (FSB) en honor de Félix Dzerzhinski, padre de la temida Cheka, la antecesora directa del KGB. Coincidiendo con esta decisión, las autoridades rusas han inaugurado una exposición donde acusan a Polonia de “rusófoba”, y lo hacen precisamente en Katyn, un lugar donde en 1940 Stalin, tras pactar con Hitler, trató de aniquilar a toda la elite social, intelectual y militar polaca. Con el homenaje a la siniestra policía política de Stalin y el borrado de los crímenes de la época soviética, el presidente ruso trata de justificar lo injustificable para que los rusos acepten la represión pasada, y la presente, ante una fantasmagórica amenaza a la supervivencia del país proveniente del exterior.

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