Noruega descubre el mayor tesoro de la época vikinga, con más de 3.000 monedas de plata desenterradas

El hallazgo comenzó con una señal acústica en medio de un campo de labranza. El pasado 10 de abril, Vegard Sørlie y Rune Sætre, dos aficionados al rastreo con detector de metales, recorrían una finca agrícola cercana a la localidad de Rena, en el condado de Innlandet, cuando el dispositivo empezó a pitar con una insistencia fuera de lo común. Al desenterrar las primeras piezas contaron diecinueve monedas de plata. La intuición les dijo que aquello no era un hallazgo aislado y, en lugar de seguir excavando por su cuenta, frenaron en seco y aplicaron el protocolo que exige la legislación noruega: llamaron a las autoridades arqueológicas del condado.

Lo que vino después superó cualquier previsión. La arqueóloga May-Tove Smiseth, destinada al frente de la intervención, confiesa que su equipo acudió al lugar con la expectativa de recuperar unas pocas monedas más. «Cuando llegamos, pensábamos que encontrar 19 ya era una suerte enorme, pero el detector sencillamente no dejaba de sonar», ha relatado en un comunicado de prensa.

Cinco días bastaron para multiplicar la cifra inicial y, a fecha 1 de mayo, el recuento oficial había superado las 3.150 monedas, una cantidad que convierte el depósito en el mayor tesoro vikingo de plata jamás documentado en Noruega. Las prospecciones continúan activas porque los técnicos sospechan que el suelo aún esconde más piezas.

Un museo de monarcas medievales bajo el arado

Los especialistas del Museo de Historia Cultural de Oslo han fechado el conjunto entre los años 980 y 1040 de nuestra era, un arco temporal que abarca la etapa de esplendor de la expansión nórdica. Lo más revelador, sin embargo, ha sido el análisis de la procedencia. La inmensa mayoría de las monedas fueron acuñadas en talleres de Alemania y de Inglaterra; solo una minoría salió de cecas danesas y de la propia Noruega.

Sobre el metal han quedado impresos los rostros y los símbolos de soberanos como Canuto el Grande, Etelredo II el Indeciso, el emperador Otón III del Sacro Imperio y el noruego Harald Hardrada, apodado el Despiadado. El catedrático de la Universidad de Oslo Svein Gullbekk explica que hacia el año 1000 el reino noruego carecía de moneda propia, de modo que el circulante era casi íntegramente foráneo, y sostiene que la ocultación del tesoro se produjo probablemente en esa misma época.

Para Smiseth, la experiencia tiene una dimensión profesional y otra íntima. «Presenciar cómo estas piezas, enterradas durante mil años, vuelven a ver la luz es algo que un arqueólogo difícilmente vive ni una sola vez en toda su carrera», ha declarado. Los investigadores coinciden en que el valor del descubrimiento no reside únicamente en el brillo de la plata, sino en la información que aporta sobre las rutas comerciales, los intercambios monetarios y la geopolítica de la Europa del norte en el filo del primer milenio.

 Dos aficionados al detector de metales localizaron en una explotación agrícola del sureste del país un depósito que los arqueólogos han ampliado ya hasta las 3.150 piezas, una cifra que sigue creciendo mientras los especialistas rastrean el subsuelo  

El hallazgo comenzó con una señal acústica en medio de un campo de labranza. El pasado 10 de abril, Vegard Sørlie y Rune Sætre, dos aficionados al rastreo con detector de metales, recorrían una finca agrícola cercana a la localidad de Rena, en el condado de Innlandet, cuando el dispositivo empezó a pitar con una insistencia fuera de lo común. Al desenterrar las primeras piezas contaron diecinueve monedas de plata. La intuición les dijo que aquello no era un hallazgo aislado y, en lugar de seguir excavando por su cuenta, frenaron en seco y aplicaron el protocolo que exige la legislación noruega: llamaron a las autoridades arqueológicas del condado.

Lo que vino después superó cualquier previsión. La arqueóloga May-Tove Smiseth, destinada al frente de la intervención, confiesa que su equipo acudió al lugar con la expectativa de recuperar unas pocas monedas más. «Cuando llegamos, pensábamos que encontrar 19 ya era una suerte enorme, pero el detector sencillamente no dejaba de sonar», ha relatado en un comunicado de prensa.

Cinco días bastaron para multiplicar la cifra inicial y, a fecha 1 de mayo, el recuento oficial había superado las 3.150 monedas, una cantidad que convierte el depósito en el mayor tesoro vikingo de plata jamás documentado en Noruega. Las prospecciones continúan activas porque los técnicos sospechan que el suelo aún esconde más piezas.

Los especialistas del Museo de Historia Cultural de Oslo han fechado el conjunto entre los años 980 y 1040 de nuestra era, un arco temporal que abarca la etapa de esplendor de la expansión nórdica. Lo más revelador, sin embargo, ha sido el análisis de la procedencia. La inmensa mayoría de las monedas fueron acuñadas en talleres de Alemania y de Inglaterra; solo una minoría salió de cecas danesas y de la propia Noruega.

Sobre el metal han quedado impresos los rostros y los símbolos de soberanos como Canuto el Grande, Etelredo II el Indeciso, el emperador Otón III del Sacro Imperio y el noruego Harald Hardrada, apodado el Despiadado. El catedrático de la Universidad de Oslo Svein Gullbekk explica que hacia el año 1000 el reino noruego carecía de moneda propia, de modo que el circulante era casi íntegramente foráneo, y sostiene que la ocultación del tesoro se produjo probablemente en esa misma época.

Para Smiseth, la experiencia tiene una dimensión profesional y otra íntima. «Presenciar cómo estas piezas, enterradas durante mil años, vuelven a ver la luz es algo que un arqueólogo difícilmente vive ni una sola vez en toda su carrera», ha declarado. Los investigadores coinciden en que el valor del descubrimiento no reside únicamente en el brillo de la plata, sino en la información que aporta sobre las rutas comerciales, los intercambios monetarios y la geopolítica de la Europa del norte en el filo del primer milenio.

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