Los números son difíciles de ignorar. Según el informe PISA 2022, la región latinoamericana sigue rezagada respecto al promedio mundial en comprensión lectora, con brechas socioeconómicas y de género que se perpetúan de generación en generación. En 2023, además, se estimó que el 56 % de los chicos de diez años de América Latina y el Caribe no podían leer ni comprender un texto simple. El desafío hacia adelante es construir, con sentido de largo plazo, una región que incluya y potencie la capacidad de todos esos jóvenes para que nadie se quede afuera del sistema.
La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires fue un escenario muy significativo. Con 130 actividades, el stand del banco reunió a líderes políticos, académicos, creadores y ciudadanos alrededor de los temas del desarrollo
Los números son difíciles de ignorar. Según el informe PISA 2022, la región latinoamericana sigue rezagada respecto al promedio mundial en comprensión lectora, con brechas socioeconómicas y de género que se perpetúan de generación en generación. En 2023, además, se estimó que el 56 % de los chicos de diez años de América Latina y el Caribe no podían leer ni comprender un texto simple. El desafío hacia adelante es construir, con sentido de largo plazo, una región que incluya y potencie la capacidad de todos esos jóvenes para que nadie se quede afuera del sistema.
En CAF–banco de desarrollo de América Latina y el Caribe, entendemos que el desarrollo no se construye solo con infraestructura física. Se construye también con infraestructura institucional, con iniciativas culturales, educativas, para el fomento de la lectoescritura, y con propuestas que innoven en esos derechos fundamentales para la niñez y la juventud regional. Por eso, junto a nuestro trabajo en energía, transporte, vivienda, salud y tecnología satelital, venimos apostando también por estos sectores estratégicos.
Desde 2024 impulsamos el Programa de Fomento al Libro, la Lectura y la Escritura, en alianza con la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), la Organización Internacional del Libro para Jóvenes (IPA) y la Fundación Gabriel García Márquez. A través de ese programa promovemos concursos, publicaciones, espacios de diálogo y buenas prácticas editoriales, con la convicción de que las industrias culturales y creativas son también motores de inclusión social. Y este año, ese compromiso se materializó en una agenda de participación y apoyo a ferias del libro que nos llena de orgullo, y abarca los espacios de Bogotá, Buenos Aires, Madrid, Guatemala, La Paz, Panamá y Caracas, entre otras.
La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que finaliza hoy, fue un escenario muy significativo. Con 130 actividades entre el 21 de abril y el 10 de mayo, el stand de CAF en el pabellón amarillo reunió a líderes políticos, académicos, creadores y ciudadanos de toda la región alrededor de los grandes temas del desarrollo. Conversamos con gobernadores e intendentes de toda la Argentina, con rectores universitarios y con referentes de las economías creativas sobre industrias del libro, patrimonio inmaterial, festivales de música y la intersección entre cultura e innovación. Fue también el espacio donde presentamos nuestro trabajo en infraestructura universitaria, en tecnología satelital, en vivienda y hábitat, y en salud y bienestar.
Las actividades dedicadas específicamente a la lectura, la escritura y el mundo cultural dejaron una huella particularmente duradera. Fueron más de 30 paneles sobre literatura latinoamericana y su circulación internacional, conversaciones sobre el rol del mundo audiovisual en la formación de nuevos lectores, debates sobre el papel de los festivales culturales como herramienta de cohesión territorial y reflexiones sobre cómo las plataformas digitales pueden ser aliadas del libro. Por primera vez, además, tuvimos presencia en las jornadas profesionales, en donde, junto a profesionales y especialistas de la cadena de valor del libro, repasamos el trabajo de cada eslabón de la producción de ese artefacto. También conversamos con bibliotecarios, educadores y referentes académicos sobre sus tareas en cada caso.
El mayor activo de América Latina y el Caribe, el que potencia a todos los demás, es su capital humano. Y ese capital se forma antes de llegar a cualquier universidad. Se forma en la biblioteca del barrio, en el hábito construido con paciencia alrededor de una página, en la feria del libro que cada año convoca a millones de personas a recordar que las palabras importan.
EL PAÍS
