Un muy interesante y pictórico programa -de la acuarela al óleo- que combinaba la finura, las bien labradas armonías y la sugerente delicadeza de dos Salmos de la malograda Lili Boulanger con la sensualidad y perfume de la infrecuente La doncella elegida de Debussy y el carácter afirmativo a la par que nostálgico de la Sinfonía nº 5 de Chaikovski. Todo ello de la mano del expeditivo, vigoroso, a veces fustigante, otras delicado y efusivo, Pablo González, director muy competente y de clara gestualidad, con un manejo de brazos de rara amplitud, marcando en todos los planos, sugerente y eficaz.
Una actitud muy coherente con el criterio musical a defender tras hurgar con conocimiento en los secretos de los pentagramas. Con un adecuado juego de planos y matices, los exigidos por los dos Salmos tan distintos como el 24, De Jehová es la tierra, y 129, Mucho me han angustiado, firmados por la compositora francesa, consiguió una ajustada y variada prestación del Coro Nacional, bien aleccionado, en busca siempre de la mayor de las flexibilidades y afinación, por Miguel Ángel García Cañamero. Exquisitos pianos en el primero, reciedumbre masculina en el segundo combinada con la máxima delicadeza en las féminas. Buena prestación en su breve cometido el tenor del coro Xavier Pascual.
Voces puras e incontaminadas las de ellas en la partitura debussyana, de curso delicado y muy plástico. Habríamos deseado una mayor pureza tímbrica, una cristalinidad y una voluptuosidad más logradas, pero la delineación y construcción general fueron loables. “Color y tiempo rítmico”, como precisaba el compositor, y así nos lo recuerda en sus poéticas notas al programa de mano Rodolphe Bruneau-Boulmier. Y loable prestación de tres solistas del Coro: Rebeca Cardiel, soprano, sonora y cristalina, de muy presente vibrato (Doncella); Beatriz Oleaga, mezzo muy lírica, de suaves acentos (Recitante)Todo ello constituyó un sugerente pórtico para la composición que ocupaba la segunda parte de la sesión, la Sinfonía nº 5 de Chaikovski, harina de muy otro costal.
“No puedo quejarme de falta de facultades inventivas, pero siempre he sufrido de falta de habilidad en el manejo de la forma”, decía Chaikovski a propósito de la estructura de la obra; lo que no casa con lo que escuchamos y con lo que tantos musicólogos han opinado. El estreno tuvo lugar en San Petersburgo el 5 de noviembre de 1888 bajo la poco habilidosa dirección del autor. En ella planea también, como en otras obras salidas de la misma pluma, el fatum. El propio músico había escrito: “Introducción: sumisión total ante el destino. Allegro: murmullos, dudas, reproches…” Como en la Cuarta se establece también un principio cíclico: un mismo tema, el del destino va sufriendo transformaciones a lo largo de los cuatro movimientos.
La habilidad de González fue la de resaltar la presencia de la idea con las distintas formas de exponerla, algo que la propia partitura facilita a través de una correcta lectura. Por lo demás disfrutamos de una versión de bien contrastados tempi, de una fogosa acentuación, de radicales ataques, de inesperadas dulzuras (solo de trompa del Andante cantabile). González está en el secreto del rubato bien aplicado, lo que se notó en ese movimiento, en el que habríamos deseado, de todas formas, una más acusada retención en el crecimiento, en la cúspide del fragmento en donde se hace del todo afirmativo el segundo tema.
Ligero y volátil se nos ofreció el Vals, trazado con finura. En el Finale notamos una cierta falta de unidad y pasajeras borrosidades en el tremebundo fragor que se origina en el trabajo temático. El director imprimió una gran velocidad a toda la parte final, no siempre clara de texturas; pero con una muy adecuada rítmica. En definitiva, versión bien contrastada, definida y acentuada, en donde la batuta no persiguió per se el edulcoramiento, sino la firmeza y la definición. Mucho éxito al final.
Obras de Lili Boulanger, Debussy y Chaikovski. Rebeca Cardiel, soprano, Beatriz Olega, mezzo, Xabier Pascual, tenor. Orquesta Nacional. Director: Pablo González, director. Madrid, Auditorio Nacional, 22 de mayo de 2026. Música, Cultura, Home La Razón Noticias sobre Música en La Razón
