Anna Castillo: “Ser consciente del privilegio muchas veces te hace bajarte un poco de él”

La maldición del Goya Revelación no existe. Siempre se dice que los actores y actrices que obtienen este galardón reciben también una condena para su futura carrera, como si después ya nunca pudieran despegar igual. Totalmente falso. Y, para muestra, tres botones: Macarena García (Madrid, 1988), Anna Castillo (Barcelona, 1993) y Laura Weissmahr (Tarifa, 1992). Todas ellas conquistaron el Goya a la Mejor Actriz Revelación y, lejos de quedarse ahí, no han dejado de dar pasos de gigante en sus carreras. El último: protagonizar ‘Se tiene que morir mucha gente’, la nueva comedia de Movistar Plus+. LA RAZÓN estuvo con las tres.

Una de las claves de que la serie funcione tan bien es que la amistad entre vosotras resulta muy creíble. Se nota esa sensación de gente que se conoce desde hace mil años. Ana y Macarena ya os conocíais desde hace tiempo, pero ¿cómo ha sido construir esa complicidad también con Laura?

Macarena: Somos muy buenas actrices. (Ríe).

Laura: Muy buenas actrices. Pero, más allá de eso, ellas me recibieron de verdad con los brazos abiertos. Ensayamos mucho para generar esa complicidad desde los personajes, pero luego también hay algo inevitable: pasas muchísimas horas juntas, te ríes mucho, compartes mucho tiempo, y de alguna manera esa confianza se va construyendo sola.

Anna: Sí, y también creo que las tres somos personas bastante fáciles en ese sentido. Somos majas, cercanas, transparentes… Y eso ayuda mucho a leerte bien con las otras, a entender desde dónde trabaja cada una y a poder construir una amistad que tenía que sentirse honesta. No era solo parecer amigas, era que hubiera algo reconocible ahí.

Ese tipo de amistades de toda la vida tienen algo muy especial: son las que te atan a tierra, las que quizá son menos condescendientes contigo. En vuestro caso, además, tenéis un trabajo muy expuesto y público. ¿Qué significan para vosotras esos vínculos?

Macarena: En la serie se habla de tres amigas de toda la vida, y eso es un contexto muy concreto. Es gente que casi te conoce como si fuera tu familia, pero que quizá, si la conocieras hoy, no elegirías. O incluso, como ocurre en la serie, puede que en el presente no te caigan del todo bien. Pero las quieres muchísimo. Ese tipo de vínculo te conecta con partes de ti a las que no siempre accedes desde otros lugares.

Anna: Para mí hay algo de esas amistades que se parece mucho a tener una hermana. Yo tengo una hermana con la que me llevo muy bien, y siento que va un poco por ahí: un amor incondicional, pero que a veces también te puede sacar de quicio. Es un amor que das por hecho, aunque intentes no hacerlo, porque sabes que siempre va a estar ahí.

Macarena: También son las personas que saben de verdad de dónde vienes. Te han acompañado desde la infancia, conocen un lugar muy profundo de ti y, de alguna manera, no puedes engañarlas. No puedes hacerte la interesante con alguien que sabe perfectamente quién eras antes.

Llegáis a un proyecto de Victoria Martín, que tiene un universo y un humor muy reconocibles. Quien la haya seguido sabe más o menos qué puede encontrarse. ¿Vosotras llegabais como fans? ¿Eso os ayudó a coger el tono?

Laura: Ninguna de las tres llegaba desde el fanatismo. Conocíamos su trabajo, pero creo que el fanatismo nos ha llegado durante el proceso.

Macarena: Somos fanáticas ahora. Yo había visto clips suyos, cosas que me salían y me hacían mucha gracia, pero no era una superseguidora ni conocía su universo en profundidad.

Anna: Yo había ido un par de veces a su programa y recuerdo sentirme muy cómoda allí. Me gustaba su manera de expresarse, esa transparencia, esa forma de compartir un tipo de humor sin ponerse demasiados límites. Pero no habíamos leído el libro, por ejemplo.

Macarena: Para todas ha sido un descubrimiento enorme. Vicky es listísima, divertidísima, muy peculiar, muy buena y muy sensible. Es realmente muy especial. Y escucha muchísimo. A nivel artístico ha sido increíble porque se ha abierto mucho a todo lo que hablábamos. Ha habido mucha comunicación, mucho intercambio, y eso ha sido muy bonito.

La serie tiene una comedia muy fresca, pero también muy precisa. Para que eso funcione hace falta un clima de rodaje muy concreto: confianza, espacio para jugar, libertad para probar sin que todo se descontrole. ¿Lo habéis sentido así?

Laura: Muchísimo. Ha habido mucho espacio para jugar, mucho ensayo y también una pieza clave, que es Sandra Romero. Ella entra con otro tono y creo que ahí se generó un equilibrio muy bonito. Sandra venía buscando mucha verdad, y eso era fundamental. Porque nosotras queríamos divertirnos, claro, y aunque seamos actrices naturalistas, tienes la tentación de querer hacer gracia. Pero no hay que buscar hacer gracia. Hay que decir las cosas desde la verdad y que, a pesar de los personajes, hagan gracia. Para mí, uno de los retos más grandes era no reírme. Las veía a ellas, escuchaba lo que decían, y me quería reír. Pero no podías irte ahí. Tenías que sostener la verdad de la escena.

Justo en ese contexto, ¿cómo ha sido rodar con Sofía Otero? Es un personaje divertidísimo, pero con quien realmente solo podía interactuar Anna.

Anna: Sí, esa era mi suerte: yo podía reaccionar a ella.

Macarena: Para nosotras era muy difícil, porque teníamos que hacer como si no estuviera. Sofía es quien más ha improvisado y quien más ha aportado desde su propio ingenio, que es muchísimo. Y nosotras no podíamos mirarla ni tenerla en cuenta. Había momentos en los que nos teníamos que girar en plan: “¿Qué acaba de pasar?”.

Laura: Se inventaba palabras, de repente soltaba un insulto que no te esperabas para nada… Y lo natural, cuando escuchas una voz, es reaccionar. Ya solo desde ahí era complicado.

Macarena: Muchas veces había que cortar tomas porque se nos iba la risa.

Laura: Claro, porque había alguien ahí diciendo: “Puta zorra, mala víbora”. Era imposible.

Anna: O: “Pon cerda. Pon cerda mejor”. También creo que hubo algo muy bonito en el equipo. Nos sentimos con muchísima confianza y nos lo pasamos muy bien. Y me he dado cuenta ahora de que, habiendo tres directores, hubo poquísimo ego. Todo iba muy a favor. Dirección, ayudante de dirección, fotografía, los jefes de departamento… Los tres directores estaban siempre en set, y aun así todo funcionaba con mucha fluidez.

Macarena: Sí, había una sinergia colectiva. De verdad se sentía como un equipo hablando el mismo idioma: en la manera de trabajar, en el tono, en la sensibilidad. Había algo que funcionaba de forma muy natural.

La serie habla de una generación a la que se le prometió mucho y que luego se ha encontrado con la realidad. ¿Os habéis reconocido en las problemáticas de vuestros personajes?

Laura: Cien por cien. Hasta hace poco yo vivía una problemática muy parecida a la de Maca: una actriz frustrada, que no trabaja y que está de camarera. Hay algo muy generacional en esa sensación de haberte creído especial, de pensar que todo iba a salir genial, que ibas a ser alguien, que tu vida iba a tener una forma concreta. Y luego descubres que eres la misma mierda de persona que todos los demás.

Anna: Sí, creo que nos hemos sentido muy identificadas con eso. Con pensar que, cuando llegara la oportunidad, iba a ser el pico de mi felicidad… y luego no lo es. La felicidad no estaba ahí. Entonces aparece esa pregunta de: “Vale, ¿y ahora qué hay que hacer con la vida para estar contenta?”. Creo que hay cosas que nos atraviesan a todos, más allá del privilegio que tengas o de si puedes pagar el alquiler. Evidentemente, cuando no puedes pagarlo todo es muchísimo peor, pero hay algo de ese vacío, de esa expectativa rota, que es bastante común.

Laura: Sobre todo esa sensación de: “Pensaba que a estas alturas iba a ser mucho mejor persona”.

A nuestra generación, cuando verbaliza ese malestar, enseguida se la etiqueta como generación de cristal o de quejicas. Y en vuestro caso se añade otra capa: como tenéis una posición aparentemente privilegiada, se invalida esa queja. ¿Qué pensáis de esas etiquetas?

Anna: Yo estoy un poco de acuerdo. No todo el mundo tiene derecho a quejarse de todo. Hay que ser consciente del privilegio que tienes. Y aunque haya cosas que nos duelan, y tenemos derecho a que nos duelan, creo que también hay que tener cierto pudor para callarse a veces.

Laura: Y para hacerte cargo. Te puedes quejar un poquito, pero también hazte un poquito cargo. Estamos muy obsesionadas con nosotras mismas, en esta generación y en este mundo, y quizá especialmente en un entorno como el nuestro. A veces hay que decir: “Bájale”.

Anna: Además, creo que ser consciente del privilegio muchas veces te hace bajarte un poco de él. Y ese es un trabajo que todos tenemos que hacer en algún momento.

Macarena: Pero también es verdad que hay cosas universales. Como decías antes, estos personajes tienen dolores, temas y sensaciones que no dejan de ser muy de estar vivo. Ahí sí hay algo que puede reconocer mucha gente.

 Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr hablan con LA RAZÓN sobre amigas de toda la vida, expectativas rotas y esa edad en la que entiendes que hacerse adulto era esto  

Una de las claves de que la serie funcione tan bien es que la amistad entre vosotras resulta muy creíble. Se nota esa sensación de gente que se conoce desde hace mil años. Ana y Macarena ya os conocíais desde hace tiempo, pero ¿cómo ha sido construir esa complicidad también con Laura?

Macarena:Somos muy buenas actrices.(Ríe).

Laura: Muy buenas actrices. Pero, más allá de eso, ellas me recibieron de verdad con los brazos abiertos. Ensayamos mucho para generar esa complicidad desde los personajes, pero luego también hay algo inevitable: pasas muchísimas horas juntas, te ríes mucho, compartes mucho tiempo, y de alguna manera esa confianza se va construyendo sola.

Anna: Sí, y también creo que las tres somos personas bastante fáciles en ese sentido. Somos majas, cercanas, transparentes… Y eso ayuda mucho a leerte bien con las otras, a entender desde dónde trabaja cada una y a poder construir una amistad que tenía que sentirse honesta. No era solo parecer amigas, era que hubiera algo reconocible ahí.

Ese tipo de amistades de toda la vida tienen algo muy especial: son las que te atan a tierra, las que quizá son menos condescendientes contigo. En vuestro caso, además, tenéis un trabajo muy expuesto y público. ¿Qué significan para vosotras esos vínculos?

Macarena: En la serie se habla de tres amigas de toda la vida, y eso es un contexto muy concreto. Es gente que casi te conoce como si fuera tu familia, pero que quizá, si la conocieras hoy, no elegirías. O incluso, como ocurre en la serie, puede que en el presente no te caigan del todo bien. Pero las quieres muchísimo. Ese tipo de vínculo te conecta con partes de ti a las que no siempre accedes desde otros lugares.

Anna: Para mí hay algo de esas amistades que se parece mucho a tener una hermana. Yo tengo una hermana con la que me llevo muy bien, y siento que va un poco por ahí: un amor incondicional, pero que a veces también te puede sacar de quicio. Es un amor que das por hecho, aunque intentes no hacerlo, porque sabes que siempre va a estar ahí.

Macarena: También son las personas que saben de verdad de dónde vienes. Te han acompañado desde la infancia, conocen un lugar muy profundo de ti y, de alguna manera, no puedes engañarlas. No puedes hacerte la interesante con alguien que sabe perfectamente quién eras antes.

Llegáis a un proyecto de Victoria Martín, que tiene un universo y un humor muy reconocibles. Quien la haya seguido sabe más o menos qué puede encontrarse. ¿Vosotras llegabais como fans? ¿Eso os ayudó a coger el tono?

Laura: Ninguna de las tres llegaba desde el fanatismo. Conocíamos su trabajo, pero creo que el fanatismo nos ha llegado durante el proceso.

Macarena: Somos fanáticas ahora. Yo había visto clips suyos, cosas que me salían y me hacían mucha gracia, pero no era una superseguidora ni conocía su universo en profundidad.

Anna: Yo había ido un par de veces a su programa y recuerdo sentirme muy cómoda allí. Me gustaba su manera de expresarse, esa transparencia, esa forma de compartir un tipo de humor sin ponerse demasiados límites. Pero no habíamos leído el libro, por ejemplo.

Macarena: Para todas ha sido un descubrimiento enorme. Vicky es listísima, divertidísima, muy peculiar, muy buena y muy sensible. Es realmente muy especial. Y escucha muchísimo. A nivel artístico ha sido increíble porque se ha abierto mucho a todo lo que hablábamos. Ha habido mucha comunicación, mucho intercambio, y eso ha sido muy bonito.

La serie tiene una comedia muy fresca, pero también muy precisa. Para que eso funcione hace falta un clima de rodaje muy concreto: confianza, espacio para jugar, libertad para probar sin que todo se descontrole. ¿Lo habéis sentido así?

Laura: Muchísimo. Ha habido mucho espacio para jugar, mucho ensayo y también una pieza clave, que es Sandra Romero. Ella entra con otro tono y creo que ahí se generó un equilibrio muy bonito. Sandra venía buscando mucha verdad, y eso era fundamental. Porque nosotras queríamos divertirnos, claro, y aunque seamos actrices naturalistas, tienes la tentación de querer hacer gracia. Pero no hay que buscar hacer gracia. Hay que decir las cosas desde la verdad y que, a pesar de los personajes, hagan gracia. Para mí, uno de los retos más grandes era no reírme. Las veía a ellas, escuchaba lo que decían, y me quería reír. Pero no podías irte ahí. Tenías que sostener la verdad de la escena.

Justo en ese contexto, ¿cómo ha sido rodar con Sofía Otero? Es un personaje divertidísimo, pero con quien realmente solo podía interactuar Anna.

Anna: Sí, esa era mi suerte: yo podía reaccionar a ella.

Macarena: Para nosotras era muy difícil, porque teníamos que hacer como si no estuviera. Sofía es quien más ha improvisado y quien más ha aportado desde su propio ingenio, que es muchísimo. Y nosotras no podíamos mirarla ni tenerla en cuenta. Había momentos en los que nos teníamos que girar en plan: “¿Qué acaba de pasar?”.

Laura: Se inventaba palabras, de repente soltaba un insulto que no te esperabas para nada… Y lo natural, cuando escuchas una voz, es reaccionar. Ya solo desde ahí era complicado.

Macarena: Muchas veces había que cortar tomas porque se nos iba la risa.

Laura: Claro, porque había alguien ahí diciendo: “Puta zorra, mala víbora”. Era imposible.

Anna: O: “Pon cerda. Pon cerda mejor”. También creo que hubo algo muy bonito en el equipo. Nos sentimos con muchísima confianza y nos lo pasamos muy bien. Y me he dado cuenta ahora de que, habiendo tres directores, hubo poquísimo ego. Todo iba muy a favor. Dirección, ayudante de dirección, fotografía, los jefes de departamento… Los tres directores estaban siempre en set, y aun así todo funcionaba con mucha fluidez.

Macarena: Sí, había una sinergia colectiva. De verdad se sentía como un equipo hablando el mismo idioma: en la manera de trabajar, en el tono, en la sensibilidad. Había algo que funcionaba de forma muy natural.

La serie habla de una generación a la que se le prometió mucho y que luego se ha encontrado con la realidad. ¿Os habéis reconocido en las problemáticas de vuestros personajes?

Laura: Cien por cien. Hasta hace poco yo vivía una problemática muy parecida a la de Maca: una actriz frustrada, que no trabaja y que está de camarera. Hay algo muy generacional en esa sensación de haberte creído especial, de pensar que todo iba a salir genial, que ibas a ser alguien, que tu vida iba a tener una forma concreta. Y luego descubres que eres la misma mierda de persona que todos los demás.

Anna: Sí, creo que nos hemos sentido muy identificadas con eso. Con pensar que, cuando llegara la oportunidad, iba a ser el pico de mi felicidad… y luego no lo es. La felicidad no estaba ahí. Entonces aparece esa pregunta de: “Vale, ¿y ahora qué hay que hacer con la vida para estar contenta?”. Creo que hay cosas que nos atraviesan a todos, más allá del privilegio que tengas o de si puedes pagar el alquiler. Evidentemente, cuando no puedes pagarlo todo es muchísimo peor, pero hay algo de ese vacío, de esa expectativa rota, que es bastante común.

Laura: Sobre todo esa sensación de: “Pensaba que a estas alturas iba a ser mucho mejor persona”.

A nuestra generación, cuando verbaliza ese malestar, enseguida se la etiqueta como generación de cristal o de quejicas. Y en vuestro caso se añade otra capa: como tenéis una posición aparentemente privilegiada, se invalida esa queja. ¿Qué pensáis de esas etiquetas?

Anna: Yo estoy un poco de acuerdo. No todo el mundo tiene derecho a quejarse de todo. Hay que ser consciente del privilegio que tienes. Y aunque haya cosas que nos duelan, y tenemos derecho a que nos duelan, creo que también hay que tener cierto pudor para callarse a veces.

Laura: Y para hacerte cargo. Te puedes quejar un poquito, pero también hazte un poquito cargo. Estamos muy obsesionadas con nosotras mismas, en esta generación y en este mundo, y quizá especialmente en un entorno como el nuestro. A veces hay que decir: “Bájale”.

Anna: Además, creo que ser consciente del privilegio muchas veces te hace bajarte un poco de él. Y ese es un trabajo que todos tenemos que hacer en algún momento.

Macarena: Pero también es verdad que hay cosas universales. Como decías antes, estos personajes tienen dolores, temas y sensaciones que no dejan de ser muy de estar vivo. Ahí sí hay algo que puede reconocer mucha gente.

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