Medio millón de entradas agotadas, 150 millones de euros en juego y un estadio ocupado diez noches seguidas. Bad Bunny no viene a dar conciertos ni a hacer una gira al uso, viene a instalarse. Y con él llega a España la era de las residencias musicales.
Medio millón de entradas agotadas, 150 millones de euros en juego y un estadio ocupado diez noches seguidas. Bad Bunny no viene a dar conciertos ni a hacer una gira al uso, viene a instalarse. Y con él llega a España la era de las residencias musicales. Seguir leyendo EL PAÍS
