’33 días’: El viaje vital de Prieto y Calatrava

«Yo me equivoqué; ojalá pudiera volver atrás». Esta confesión dicha por Mateo Calatrava frente a la cámara es el punto de partida de «33 días», la primera serie de televisión creada por el prestigioso periodista de investigación Carles Porta y que se estrena hoy en atresplayer. Esta ficción de seis episodios, una producción de Atresmedia en colaboración con Luminol Media, Goroka y Lastor Media, está inspirada en la historia real de la fuga de dos presos de la cárcel de Ponent en Lleida en el año 2011 (caso Picatoste y Brito). Javier Olivares, Jordi Calafí y Xabi Puerta son los guionistas de la serie, que está dirigida por Anaïs Pareto Onghena.

Les advierto de que «33 días» no se parece a nada que hayan visto antes, puesto que la maestría de Porta para hacer del true crime un género narrativo único ha encajado perfectamente con la ficción en clave de thriller. Lo primero que sorprende es que, fruto de esa mezcla, son los propios protagonistas, ya detenidos, los que nos irán desglosando la historia de la fuga que los mantuvo huidos durante esos «33 días». Los dos presos son Mateo Calatrava (Julián Villagrán) y Juan José Prieto (José Manuel Poga). Ambos ejecutan un plan que llevan mucho tiempo tramando. En una escena con mucha acción, ambos consiguen zafarse de los agentes de custodia, en un momento con disparos, y huyen en coche. Pronto se pondrá en alerta al recién constituido cuerpo de la Policía Autonómica de Cataluña, los Mossos d’Esquadra, que intentarán movilizar todos sus efectivos para demostrar por qué han sustituido a la Policía Nacional y a la Guardia Civil en la comunidad autónoma. Los encargados del caso son el inspector Pau García (Pau Durà) y la subinspectora Clara Moyano (Nausica Bonnín), que harán frente a sus diferencias operativas y personales para no dejar en mal lugar al cuerpo. En un momento dado, el superior de García llega a decirle: «En este caso no nos jugamos solo el prestigio, sino nuestra propia existencia incluso». García es tradicional y conservador en los métodos, mientras que Moyano está ávida de reconocimiento, recién llegada desde la Guardia Civil. Sin embargo, es la química profesional entre ambos la que parece que puede dar los pasos necesarios para atrapar a Prieto y Calatrava. Completan el reparto Blanca Parés, Xavi Sáez, Alba Pujol, Joan Solé, Guillem Balart y Guillem Albasanz, entre muchos otros.

«33 días», además, usa el recurso de imágenes reales de la época y audios para recrear cómo se llevó a cabo una operación jaula que intentó que no abandonaran Lleida. Esta aportación casi documental, muy en la línea del estilo Porta, junto a los testimonios de los protagonistas frente a la cámara, son seña de identidad y sello único de calidad que el espectador sabrá valorar, pues convierte un visionado en una inmersión total en la trama y la llena de veracidad. El primer episodio termina a ritmo de «Cacho a Cacho» y uno se queda con la sensación de querer saber más, y no sólo de la huida en sí, con nuestros mochileros favoritos, sino cómo se ha llegado hasta ese momento. Pronto veremos que lo planeado también se puede torcer y tocará improvisar.

Por eso «33 días» vuelve a ser innovadora. Lejos de quedarse simplemente en la narración de los hechos o en la recreación con formato de ficción, sigue la investigación que Moyano cree que merece la pena. No ayudará a encontrarlos, pero conocerlos puede ser la parte de la solución para saber cómo piensan. La subinspectora quiere volver a la cárcel e intentar entender qué es lo que sucedió para que dos personas tan distintas como Prieto y Calatrava hayan podido desencadenar tanto caos coordinado. Ahí es donde entran Poga y Villagrán, con actuaciones a ratos espeluznantemente realistas y otras muy vitales. La investigación de Moyano descubrirá cómo funciona esta simbiosis que es sin duda el motor de la serie. Calatrava es un hombre alejado de su madre, su única familia, e intentará aportar raciocinio y sensibilidad a un Prieto visceral, violento y alejado de su familia por su condena, que protegerá —incluso de sí mismo— e intentará enseñar a sobrevivir a su compañero de fatigas. Si bien al principio Prieto hablaba de Calatrava como un recuerdo «a Bambi cuando matan a la madre», pronto la confesión será un leitmotiv: «El duende, ese sí que me importaba, de verdad».

El viaje que nos propone «33 días» va más allá de la historia de una fuga por los parajes catalanes. Habla de una época y de la búsqueda de muchas libertades distintas. Cada personaje intenta llegar al aire para respirar a su manera; casi todas contrarias unas de otras. Los Mossos persiguen una identidad y un mérito; Moyano, una ratificación de su profesionalidad; Díaz, un pequeño empujón en la desidia; Prieto, la oportunidad de ver crecer a su hija, y Calatrava, despedirse de un mundo del que le queda mucho por explorar.

El uso de imágenes alegóricas para situarnos en la acción es otro detalle importante para no desdeñar la dimensión de este proyecto, el primero en la ficción seriada de Carles Porta, que es una maravilla audiovisual y hará las delicias de cualquiera que se asome a «33 días», ya sea uno de los fanes del trabajo del periodista catalán, del propio género, o aquellos que busquen algo que les cuente el mundo sin dejar de emocionarles. La narración se mezcla con el aroma de la crueldad humana y la tensión de la propia persecución. Queremos que Carles Porta siga a los mandos de la mezcla de true crime y ficción, durante muchos años.

 atresplayer estrena hoy esta producción que supone la primera serie de ficción del periodista Carles Porta  

«Yo me equivoqué; ojalá pudiera volver atrás». Esta confesión dicha por Mateo Calatrava frente a la cámara es el punto de partida de «33 días», la primera serie de televisión creada por el prestigioso periodista de investigación Carles Porta y que se estrena hoy en atresplayer. Esta ficción de seis episodios, una producción de Atresmedia en colaboración con Luminol Media, Goroka y Lastor Media, está inspirada en la historia real de la fuga de dos presos de la cárcel de Ponent en Lleida en el año 2011 (caso Picatoste y Brito). Javier Olivares, Jordi Calafí y Xabi Puerta son los guionistas de la serie, que está dirigida por Anaïs Pareto Onghena.

Les advierto de que «33 días» no se parece a nada que hayan visto antes, puesto que la maestría de Porta para hacer del true crime un género narrativo único ha encajado perfectamente con la ficción en clave de thriller. Lo primero que sorprende es que, fruto de esa mezcla, son los propios protagonistas, ya detenidos, los que nos irán desglosando la historia de la fuga que los mantuvo huidos durante esos «33 días». Los dos presos son Mateo Calatrava (Julián Villagrán) y Juan José Prieto (José Manuel Poga). Ambos ejecutan un plan que llevan mucho tiempo tramando. En una escena con mucha acción, ambos consiguen zafarse de los agentes de custodia, en un momento con disparos, y huyen en coche. Pronto se pondrá en alerta al recién constituido cuerpo de la Policía Autonómica de Cataluña, los Mossos d’Esquadra, que intentarán movilizar todos sus efectivos para demostrar por qué han sustituido a la Policía Nacional y a la Guardia Civil en la comunidad autónoma. Los encargados del caso son el inspector Pau García (Pau Durà) y la subinspectora Clara Moyano (Nausica Bonnín), que harán frente a sus diferencias operativas y personales para no dejar en mal lugar al cuerpo. En un momento dado, el superior de García llega a decirle: «En este caso no nos jugamos solo el prestigio, sino nuestra propia existencia incluso». García es tradicional y conservador en los métodos, mientras que Moyano está ávida de reconocimiento, recién llegada desde la Guardia Civil. Sin embargo, es la química profesional entre ambos la que parece que puede dar los pasos necesarios para atrapar a Prieto y Calatrava. Completan el reparto Blanca Parés, Xavi Sáez, Alba Pujol, Joan Solé, Guillem Balart y Guillem Albasanz, entre muchos otros.

«33 días», además, usa el recurso de imágenes reales de la época y audios para recrear cómo se llevó a cabo una operación jaula que intentó que no abandonaran Lleida. Esta aportación casi documental, muy en la línea del estilo Porta, junto a los testimonios de los protagonistas frente a la cámara, son seña de identidad y sello único de calidad que el espectador sabrá valorar, pues convierte un visionado en una inmersión total en la trama y la llena de veracidad. El primer episodio termina a ritmo de «Cacho a Cacho» y uno se queda con la sensación de querer saber más, y no sólo de la huida en sí, con nuestros mochileros favoritos, sino cómo se ha llegado hasta ese momento. Pronto veremos que lo planeado también se puede torcer y tocará improvisar.

Por eso «33 días» vuelve a ser innovadora. Lejos de quedarse simplemente en la narración de los hechos o en la recreación con formato de ficción, sigue la investigación que Moyano cree que merece la pena. No ayudará a encontrarlos, pero conocerlos puede ser la parte de la solución para saber cómo piensan. La subinspectora quiere volver a la cárcel e intentar entender qué es lo que sucedió para que dos personas tan distintas como Prieto y Calatrava hayan podido desencadenar tanto caos coordinado. Ahí es donde entran Poga y Villagrán, con actuaciones a ratos espeluznantemente realistas y otras muy vitales. La investigación de Moyano descubrirá cómo funciona esta simbiosis que es sin duda el motor de la serie. Calatrava es un hombre alejado de su madre, su única familia, e intentará aportar raciocinio y sensibilidad a un Prieto visceral, violento y alejado de su familia por su condena, que protegerá —incluso de sí mismo— e intentará enseñar a sobrevivir a su compañero de fatigas. Si bien al principio Prieto hablaba de Calatrava como un recuerdo «a Bambi cuando matan a la madre», pronto la confesión será un leitmotiv: «El duende, ese sí que me importaba, de verdad».

El viaje que nos propone «33 días» va más allá de la historia de una fuga por los parajes catalanes. Habla de una época y de la búsqueda de muchas libertades distintas. Cada personaje intenta llegar al aire para respirar a su manera; casi todas contrarias unas de otras. Los Mossos persiguen una identidad y un mérito; Moyano, una ratificación de su profesionalidad; Díaz, un pequeño empujón en la desidia; Prieto, la oportunidad de ver crecer a su hija, y Calatrava, despedirse de un mundo del que le queda mucho por explorar.

El uso de imágenes alegóricas para situarnos en la acción es otro detalle importante para no desdeñar la dimensión de este proyecto, el primero en la ficción seriada de Carles Porta, que es una maravilla audiovisual y hará las delicias de cualquiera que se asome a «33 días», ya sea uno de los fanes del trabajo del periodista catalán, del propio género, o aquellos que busquen algo que les cuente el mundo sin dejar de emocionarles. La narración se mezcla con el aroma de la crueldad humana y la tensión de la propia persecución. Queremos que Carles Porta siga a los mandos de la mezcla de true crime y ficción, durante muchos años.

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