Colin Farrell: «John Sugar sigue creyendo en la decencia de la gente, probablemente más que yo»

Colin Farrell (Castleknock, Dublín, 1976) ha pasado de encabezar grandes producciones de Hollywood como «Minority Report», «Miami Vice» o «Alejandro Magno» a consolidarse como uno de los actores más versátiles de su generación, con una última etapa especialmente celebrada gracias a «Almas en pena de Inisherin» y «The Penguin». Con motivo del estreno de la segunda temporada de «Sugar», LA RAZÓN ha tenido acceso a una rueda de prensa con el actor irlandés, que atendió a medios de distintos países en una videollamada. Nada más comenzar, mientras intentaba localizar a una periodista entre las ventanas de la pantalla, rompió el hielo con un «Es imposible ver con quién coño estoy hablando». Después, la conversación se centró en John Sugar, que regresa más solo, más vulnerable y obligado a poner a prueba la confianza que todavía mantiene en los demás.

«Con toda la violencia que ha visto y de la que a veces ha tenido que formar parte, y con toda la fealdad de la que somos capaces los seres humanos, sigue teniendo una creencia muy fuerte en la decencia fundamental de las personas», señaló. «Probablemente mucha más de la que tengo yo».

Para Farrell, esa forma de mirar el mundo distingue a Sugar de otros detectives de ficción. El actor contó que antes de la primera temporada revisó numerosas películas de cine negro de los años cuarenta, cincuenta y sesenta. No buscaba copiar a sus protagonistas, sino entender el universo del que procede el personaje.

«Había algo en el noir, una especie de estoicismo o integridad en sus personajes centrales, que le atraía», explicó. Sin embargo, Sugar no comparte el tono endurecido y cínico de muchos de esos detectives. «Ese aspecto curtido, cansado y cínico que suelen tener los protagonistas del noir es algo que él nunca tendrá. Es demasiado optimista».

Esa visión se pone a prueba en los nuevos episodios. Farrell explicó que Sugar se encuentra solo después de que los miembros de su especie que estaban en la Tierra hayan regresado a su planeta. «Es una isla», resumió. La soledad y el aislamiento tendrán un peso importante en la temporada.

También cambia la relación del personaje con sus propias emociones. Farrell explicó que la nueva entrega permite explorar aspectos que no habían aparecido de forma tan clara en la primera. «Pudimos agitarlo psicológicamente un poco más», afirmó. «Tiene que enfrentarse a emociones y deseos humanos, ya sea alrededor de la sexualidad o de la violencia».

El actor considera que ahí está una de las ideas principales de la serie. Aunque Sugar sea un alienígena, su historia sirve para hablar de una sensación muy humana: la de no encajar del todo o no saber bien dónde pertenece uno.

«Es una historia muy humana, aunque él sea un alienígena», dijo Farrell. «Usamos esa idea para explorar qué significa ser humano». En su opinión, el personaje se pregunta constantemente «dónde pertenezco», «cómo encajo sin comprometer las cosas en las que creo» y «cómo no cedo demasiado de mí mismo solo para encajar».

La conversación también pasó por Los Ángeles, una ciudad que tiene mucha presencia en la serie. Farrell lleva 25 años viviendo allí y ha criado a sus hijos en la ciudad, pero admitió que todavía la percibe desde cierta distancia. «Incluso después de 25 años, hay una parte de mí que siente que debería estar enviando postales, como si siguiera de vacaciones aquí», comentó. «Es mi hogar, pero sigue teniendo algo exótico para mí. Nunca me acostumbraré a las palmeras».

Para él, Los Ángeles funciona como un personaje más dentro de la serie. La definió como una ciudad «multifacética» y «multicultural», marcada por las personas que llegan a ella buscando una oportunidad. Esa idea conecta con la cuestión migratoria, uno de los temas que aparecen en esta temporada.

Sugar es, literalmente, un inmigrante. «Uno de muy, muy, muy lejos», bromeó Farrell. Pero matizó que la serie no pretende abordar la inmigración desde un discurso político explícito. «La serie intenta llegar al núcleo de lo que significa ser humano, vengas de donde vengas y estés donde estés», explicó.

Las preguntas que plantea, según el actor, tienen que ver con pertenecer, sentirse en casa y echar de menos un lugar que quizá ha sido necesario abandonar. «Se plantea desde una perspectiva del corazón», afirmó.

Farrell también habló de las escenas en español y de la importancia de que la serie refleje el contexto cultural de Los Ángeles. «Hay una población mexicana enorme aquí. Culturalmente, la ciudad está muy marcada por la herencia mexicana, por la música, la comida, la comunidad y el espíritu», comentó. «Fue bonito trabajar mi español. Pido disculpas por mi pronunciación».

En la segunda temporada, Sugar también se enfrenta a un dilema moral que obliga a preguntarse hasta dónde puede llegar para hacer lo que considera correcto. Farrell no quiso dar detalles, pero adelantó que existe una situación en la que el personaje podría actuar por un bien mayor, aunque hacerlo tendría consecuencias para su propia conciencia.

«Hay una oportunidad de hacer algo que podría ser por el bien común, pero que exige un compromiso muy fuerte con lo que Sugar considera correcto», señaló. «Es una de las grandes tensiones de esta temporada».

El actor evitó anticipar cómo reaccionará el público a los nuevos episodios. «Nunca me siento lo bastante seguro de algo que hemos hecho como para pensar que el público va a emocionarse con una cosa concreta», reconoció. «Solo esperas que las historias atraigan a la gente y que encuentren algo con lo que relacionarse, algo que les entretenga o les interese».

Al final de la conversación, Farrell habló de lo que le deja interpretar personajes tan distintos a él. «Siempre aprendo», dijo. «Cuando lees un guion y te acercas a un personaje, intentas entender qué significa caminar una milla con los zapatos de otra persona».

Después de más de 25 años de carrera, considera que esa sigue siendo una de las partes más valiosas de su trabajo. «He interpretado a personajes con los que pensaba que tenía muy poco en común y, al final, descubres que todos somos versiones unos de otros».

Y ahí está quizá el interés de esta nueva temporada: ver qué ocurre cuando un personaje que ha hecho de la empatía su forma de estar en el mundo descubre que no siempre basta con querer hacer lo correcto. La serie vuelve con más sombras, pero sin perder la mirada que la distingue. «Todos somos versiones unos de otros», resumió Farrell al despedirse. Una frase que encaja con un personaje que sigue buscando su lugar entre los humanos, incluso cuando empieza a parecerse demasiado a ellos.

 El actor irlandés regresa con la segunda temporada de «Sugar», donde su detective alienígena afronta la soledad, la violencia y un dilema moral que pone a prueba su fe en los demás  

Colin Farrell (Castleknock, Dublín, 1976) ha pasado de encabezar grandes producciones de Hollywood como «Minority Report», «Miami Vice» o «Alejandro Magno» a consolidarse como uno de los actores más versátiles de su generación, con una última etapa especialmente celebrada gracias a «Almas en pena de Inisherin» y «The Penguin». Con motivo del estreno de la segunda temporada de «Sugar», LA RAZÓN ha tenido acceso a una rueda de prensa con el actor irlandés, que atendió a medios de distintos países en una videollamada. Nada más comenzar, mientras intentaba localizar a una periodista entre las ventanas de la pantalla, rompió el hielo con un «Es imposible ver con quién coño estoy hablando». Después, la conversación se centró en John Sugar, que regresa más solo, más vulnerable y obligado a poner a prueba la confianza que todavía mantiene en los demás.

«Con toda la violencia que ha visto y de la que a veces ha tenido que formar parte, y con toda la fealdad de la que somos capaces los seres humanos, sigue teniendo una creencia muy fuerte en la decencia fundamental de las personas», señaló. «Probablemente mucha más de la que tengo yo».

Para Farrell, esa forma de mirar el mundo distingue a Sugar de otros detectives de ficción. El actor contó que antes de la primera temporada revisó numerosas películas de cine negro de los años cuarenta, cincuenta y sesenta. No buscaba copiar a sus protagonistas, sino entender el universo del que procede el personaje.

«Había algo en el noir, una especie de estoicismo o integridad en sus personajes centrales, que le atraía», explicó. Sin embargo, Sugar no comparte el tono endurecido y cínico de muchos de esos detectives. «Ese aspecto curtido, cansado y cínico que suelen tener los protagonistas del noir es algo que él nunca tendrá. Es demasiado optimista».

Esa visión se pone a prueba en los nuevos episodios. Farrell explicó que Sugar se encuentra solo después de que los miembros de su especie que estaban en la Tierra hayan regresado a su planeta. «Es una isla», resumió. La soledad y el aislamiento tendrán un peso importante en la temporada.

También cambia la relación del personaje con sus propias emociones. Farrell explicó que la nueva entrega permite explorar aspectos que no habían aparecido de forma tan clara en la primera. «Pudimos agitarlo psicológicamente un poco más», afirmó. «Tiene que enfrentarse a emociones y deseos humanos, ya sea alrededor de la sexualidad o de la violencia».

El actor considera que ahí está una de las ideas principales de la serie. Aunque Sugar sea un alienígena, su historia sirve para hablar de una sensación muy humana: la de no encajar del todo o no saber bien dónde pertenece uno.

«Es una historia muy humana, aunque él sea un alienígena», dijo Farrell. «Usamos esa idea para explorar qué significa ser humano». En su opinión, el personaje se pregunta constantemente «dónde pertenezco», «cómo encajo sin comprometer las cosas en las que creo» y «cómo no cedo demasiado de mí mismo solo para encajar».

La conversación también pasó por Los Ángeles, una ciudad que tiene mucha presencia en la serie. Farrell lleva 25 años viviendo allí y ha criado a sus hijos en la ciudad, pero admitió que todavía la percibe desde cierta distancia. «Incluso después de 25 años, hay una parte de mí que siente que debería estar enviando postales, como si siguiera de vacaciones aquí», comentó. «Es mi hogar, pero sigue teniendo algo exótico para mí. Nunca me acostumbraré a las palmeras».

Para él, Los Ángeles funciona como un personaje más dentro de la serie. La definió como una ciudad «multifacética» y «multicultural», marcada por las personas que llegan a ella buscando una oportunidad. Esa idea conecta con la cuestión migratoria, uno de los temas que aparecen en esta temporada.

Sugar es, literalmente, un inmigrante. «Uno de muy, muy, muy lejos», bromeó Farrell. Pero matizó que la serie no pretende abordar la inmigración desde un discurso político explícito. «La serie intenta llegar al núcleo de lo que significa ser humano, vengas de donde vengas y estés donde estés», explicó.

Las preguntas que plantea, según el actor, tienen que ver con pertenecer, sentirse en casa y echar de menos un lugar que quizá ha sido necesario abandonar. «Se plantea desde una perspectiva del corazón», afirmó.

Farrell también habló de las escenas en español y de la importancia de que la serie refleje el contexto cultural de Los Ángeles. «Hay una población mexicana enorme aquí. Culturalmente, la ciudad está muy marcada por la herencia mexicana, por la música, la comida, la comunidad y el espíritu», comentó. «Fue bonito trabajar mi español. Pido disculpas por mi pronunciación».

En la segunda temporada, Sugar también se enfrenta a un dilema moral que obliga a preguntarse hasta dónde puede llegar para hacer lo que considera correcto. Farrell no quiso dar detalles, pero adelantó que existe una situación en la que el personaje podría actuar por un bien mayor, aunque hacerlo tendría consecuencias para su propia conciencia.

«Hay una oportunidad de hacer algo que podría ser por el bien común, pero que exige un compromiso muy fuerte con lo que Sugar considera correcto», señaló. «Es una de las grandes tensiones de esta temporada».

El actor evitó anticipar cómo reaccionará el público a los nuevos episodios. «Nunca me siento lo bastante seguro de algo que hemos hecho como para pensar que el público va a emocionarse con una cosa concreta», reconoció. «Solo esperas que las historias atraigan a la gente y que encuentren algo con lo que relacionarse, algo que les entretenga o les interese».

Al final de la conversación, Farrell habló de lo que le deja interpretar personajes tan distintos a él. «Siempre aprendo», dijo. «Cuando lees un guion y te acercas a un personaje, intentas entender qué significa caminar una milla con los zapatos de otra persona».

Después de más de 25 años de carrera, considera que esa sigue siendo una de las partes más valiosas de su trabajo. «He interpretado a personajes con los que pensaba que tenía muy poco en común y, al final, descubres que todos somos versiones unos de otros».

Y ahí está quizá el interés de esta nueva temporada: ver qué ocurre cuando un personaje que ha hecho de la empatía su forma de estar en el mundo descubre que no siempre basta con querer hacer lo correcto. La serie vuelve con más sombras, pero sin perder la mirada que la distingue. «Todos somos versiones unos de otros», resumió Farrell al despedirse. Una frase que encaja con un personaje que sigue buscando su lugar entre los humanos, incluso cuando empieza a parecerse demasiado a ellos.

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