Externalizando la guerra: las órdenes militares hispánicas

A mediados del siglo XII el avance territorial de los reinos hispánicos excedía con mucho los medios de los que disponía la realeza. Los reyes de Castilla, León, Portugal o Aragón carecían de los recursos humanos, financieros y militares necesarios para defender y repoblar las vastas fronteras ganadas recientemente a los andalusíes. El empuje de la frontera desde el río Tajo hasta el Guadiana había brindado vastos territorios que debían ser protegidos y administrados, una tarea inasumible con los instrumentos tradicionales (las milicias concejiles), ya que en su mayoría eran despoblados, por tanto sin ciudades ni tampoco milicias que los defendieran.

Además, en este mismo contexto hicieron aparición los almohades, provenientes del norte de África, que reunificaron al-Ándalus, frenaron en seco la Reconquista y pusieron contra las cuerdas a los reinos hispánicos. Estos, desbordados, se vieron forzados a innovar sus estrategias. Y fue entonces cuando se fijaron en una institución que llevaba un par de décadas empleándose en Tierra Santa: los monjes-guerreros orientados a la lucha con el musulmán, cuyos miembros combinaban los votos monásticos propios de su condición de freires con ideales caballerescos propios de su actividad guerrera. El enfrentamiento entre cristianos y musulmanes que se daba en la Península proporcionó el marco ideológico de “cruzada” que permitió importar y aplicar el modelo en suelo hispano.

Órdenes militares puramente hispánicas

Así, amparadas y patrocinadas por los propios reyes, fueron creándose órdenes militares puramente hispánicas, como las de Calatrava, Santiago, Alcántara… que recibieron grandes extensiones de territorio en las zonas más peligrosas de la frontera. Era un riesgo calculado: el rey cedía buena parte de su autoridad, territorio, castillos y privilegios a unos monjes que teóricamente le serían fieles, a cambio de que estos defendieran la frontera y, al tiempo, colonizaran los territorios recientemente ganados al enemigo.

Y, en efecto, fueron extremadamente eficaces como instrumentos militares, como una fuerza de choque autosuficiente, imprescindible para contener las ofensivas almohades y consolidar las fronteras de los reinos cristianos. A diferencia de las huestes feudales con las que contaba el rey, que se disolvían tras el fin de cada campaña militar, las órdenes ofrecían tropas de élite, profesionales (por tanto permanentes) y preparadas los 365 días del año para el combate fronterizo continuo sin coste directo para las arcas reales. Además, construyeron y mantuvieron una red de castillos que proporcionó una gran estabilidad a la frontera y participaron en todas las grandes batallas campales, desde Las Navas de Tolosa hasta la Higueruela, proporcionando a menudo las mejores tropas del contingente cristiano en cada caso.

No menos importante fue la tarea repobladora antes mencionada. Las órdenes asumieron la gestión de zonas despobladas y peligrosas, atrayendo colonos. Esto, a su vez, generaba un modelo de ocupante que no sólo brindaba réditos a través de la explotación de los nuevos territorios sino que, además, estaba personalmente comprometido con la actividad militar y, llegado el caso de una amenaza, era el primero en empuñar las armas en la defensa. De este modo, la repoblación se convirtió en uno de los ingredientes esenciales para garantizar el control sobre el territorio conquistado. Y es que, si para los andalusíes la frontera era una molestia, para los cristianos era más bien un espacio de conquista, expansión, enriquecimiento y ascenso social… No es de extrañar, pues, que a la larga la balanza se inclinara a favor de los segundos.

Fieles al rey

Durante los siglos XII y XIII, los maestres de las órdenes militares fueron mayoritariamente fieles a sus reyes, actuando como el brazo armado más fiable de la Corona frente a la aristocracia tradicional. Más adelante, a medida que la frontera con al-Ándalus se fue estabilizando, las órdenes fueron perdiendo su razón de ser, convirtiéndose en Estados dentro del Estado, potenciales contrapoderes que escapaban del control de los reyes. Los monarcas entendieron que los maestrazgos eran demasiado peligrosos si caían en manos de nobles rebeldes, por lo que trataron de colocar a miembros de su familia en los puestos de responsabilidad. A partir de mediados del siglo XIV, con ocasión de la Primera Guerra Civil Castellana, comenzaron las disputas serias con la Corona, unas tensiones a las que contribuyó el hecho de que, teóricamente, los maestres respondían ante el papa y no ante el rey. Esta pugna se resolvió finalmente en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna, cuando los Reyes Católicos asumieron personalmente los maestrazgos de casi todas las órdenes militares. A partir de ese momento, se reconvirtieron en instituciones fundamentales del Estado moderno, formando parte integral de la Corona. Pero esa ya es otra historia.

Para saber más…

 Las órdenes militares constituyeron uno de los pilares fundamentales del poderío militar de los reinos cristianos, proporcionaron una eficaz herramienta de repoblación y defensa y, sin lugar a dudas, contribuyeron sustancialmente a su triunfo final en la pugna contra el al-Ándalus  

A mediados del siglo XII el avance territorial de los reinos hispánicos excedía con mucho los medios de los que disponía la realeza. Los reyes de Castilla, León, Portugal o Aragón carecían de los recursos humanos, financieros y militares necesarios para defender y repoblar las vastas fronteras ganadas recientemente a los andalusíes. El empuje de la frontera desde el río Tajo hasta el Guadiana había brindado vastos territorios que debían ser protegidos y administrados, una tarea inasumible con los instrumentos tradicionales (las milicias concejiles), ya que en su mayoría eran despoblados, por tanto sin ciudades ni tampoco milicias que los defendieran.

Además, en este mismo contexto hicieron aparición los almohades, provenientes del norte de África, que reunificaron al-Ándalus, frenaron en seco la Reconquista y pusieron contra las cuerdas a los reinos hispánicos. Estos, desbordados, se vieron forzados a innovar sus estrategias. Y fue entonces cuando se fijaron en una institución que llevaba un par de décadas empleándose en Tierra Santa: los monjes-guerreros orientados a la lucha con el musulmán, cuyos miembros combinaban los votos monásticos propios de su condición de freires con ideales caballerescos propios de su actividad guerrera. El enfrentamiento entre cristianos y musulmanes que se daba en la Península proporcionó el marco ideológico de “cruzada” que permitió importar y aplicar el modelo en suelo hispano.

Órdenes militares puramente hispánicas

Así, amparadas y patrocinadas por los propios reyes, fueron creándose órdenes militares puramente hispánicas, como las de Calatrava, Santiago, Alcántara… que recibieron grandes extensiones de territorio en las zonas más peligrosas de la frontera. Era un riesgo calculado: el rey cedía buena parte de su autoridad, territorio, castillos y privilegios a unos monjes que teóricamente le serían fieles, a cambio de que estos defendieran la frontera y, al tiempo, colonizaran los territorios recientemente ganados al enemigo.

Y, en efecto, fueron extremadamente eficaces como instrumentos militares, como una fuerza de choque autosuficiente, imprescindible para contener las ofensivas almohades y consolidar las fronteras de los reinos cristianos. A diferencia de las huestes feudales con las que contaba el rey, que se disolvían tras el fin de cada campaña militar, las órdenes ofrecían tropas de élite, profesionales (por tanto permanentes) y preparadas los 365 días del año para el combate fronterizo continuo sin coste directo para las arcas reales. Además, construyeron y mantuvieron una red de castillos que proporcionó una gran estabilidad a la frontera y participaron en todas las grandes batallas campales, desde Las Navas de Tolosa hasta la Higueruela, proporcionando a menudo las mejores tropas del contingente cristiano en cada caso.

No menos importante fue la tarea repobladora antes mencionada. Las órdenes asumieron la gestión de zonas despobladas y peligrosas, atrayendo colonos. Esto, a su vez, generaba un modelo de ocupante que no sólo brindaba réditos a través de la explotación de los nuevos territorios sino que, además, estaba personalmente comprometido con la actividad militar y, llegado el caso de una amenaza, era el primero en empuñar las armas en la defensa. De este modo, la repoblación se convirtió en uno de los ingredientes esenciales para garantizar el control sobre el territorio conquistado. Y es que, si para los andalusíes la frontera era una molestia, para los cristianos era más bien un espacio de conquista, expansión, enriquecimiento y ascenso social… No es de extrañar, pues, que a la larga la balanza se inclinara a favor de los segundos.

Fieles al rey

Durante los siglos XII y XIII, los maestres de las órdenes militares fueron mayoritariamente fieles a sus reyes, actuando como el brazo armado más fiable de la Corona frente a la aristocracia tradicional. Más adelante, a medida que la frontera con al-Ándalus se fue estabilizando, las órdenes fueron perdiendo su razón de ser, convirtiéndose en Estados dentro del Estado, potenciales contrapoderes que escapaban del control de los reyes. Los monarcas entendieron que los maestrazgos eran demasiado peligrosos si caían en manos de nobles rebeldes, por lo que trataron de colocar a miembros de su familia en los puestos de responsabilidad. A partir de mediados del siglo XIV, con ocasión de la Primera Guerra Civil Castellana, comenzaron las disputas serias con la Corona, unas tensiones a las que contribuyó el hecho de que, teóricamente, los maestres respondían ante el papa y no ante el rey. Esta pugna se resolvió finalmente en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna, cuando los Reyes Católicos asumieron personalmente los maestrazgos de casi todas las órdenes militares. A partir de ese momento, se reconvirtieron en instituciones fundamentales del Estado moderno, formando parte integral de la Corona. Pero esa ya es otra historia.

Portada del número 47 de 'Desperta Ferro Especiales', 'Las órdenes militares'

Para saber más…

 Noticias sobre Historia en La Razón

Noticias Similares