Con la candidatura para albergar el nuevo Telescopio de Treinta Metros (TMT) en la isla canaria de La Palma, el Gobierno español encabeza una apuesta necesaria y de enorme alcance para la ciencia y la investigación no solo para España, sino también para Europa y los países de su entorno. El proyecto, impulsado por instituciones académicas de Estados Unidos junto a organismos científicos y gubernamentales de Japón, India y Canadá, sigue teniendo como primera preferencia para su ubicación la Isla Grande de Hawái, pero allí se ha topado con una creciente oposición local que ha obligado a paralizar la construcción en la cima de Mauna Kea, una montaña sagrada para la población nativa. A este revés se suma la congelación de fondos federales impuesta por el Gobierno de Donald Trump tras su regreso a la Casa Blanca en 2025, una decisión que dificulta aún más su viabilidad en suelo estadounidense, hasta dejarlo en vía muerta. Y ha abierto una oportunidad que merece el máximo compromiso político y científico para hacerla realidad.
La apuesta redoblada del Gobierno español para llevar a Canarias el TMT es una acción necesaria y de enorme alcance
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La apuesta redoblada del Gobierno español para llevar a Canarias el TMT es una acción necesaria y de enorme alcance
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Con la candidatura para albergar el nuevo Telescopio de Treinta Metros (TMT) en la isla canaria de La Palma, el Gobierno español encabeza una apuesta necesaria y de enorme alcance para la ciencia y la investigación no solo para España, sino también para Europa y los países de su entorno. El proyecto, impulsado por instituciones académicas de Estados Unidos junto a organismos científicos y gubernamentales de Japón, India y Canadá, sigue teniendo como primera preferencia para su ubicación la Isla Grande de Hawái, pero allí se ha topado con una creciente oposición local que ha obligado a paralizar la construcción en la cima de Mauna Kea, una montaña sagrada para la población nativa. A este revés se suma la congelación de fondos federales impuesta por el Gobierno de Donald Trump tras su regreso a la Casa Blanca en 2025, una decisión que dificulta aún más su viabilidad en suelo estadounidense, hasta dejarlo en vía muerta. Y ha abierto una oportunidad que merece el máximo compromiso político y científico para hacerla realidad.
El Gobierno español lidera desde 2019 una candidatura alternativa para traer el telescopio. Conseguir levantar esta catedral de la ciencia en Canarias permitiría a España ser un referente de la astronomía y la astrofísica de todo el hemisferio norte durante las próximas décadas. Por sus dimensiones e importancia, este es el proyecto más importante en astrofísica en tres siglos, desde que en 1796 España encargó a William Herschel construir un telescopio para el naciente Observatorio Astronómico Nacional, en Madrid.
La oferta española a los impulsores del TMT es competitiva. El Gobierno ha comprometido 400 millones de euros del presupuesto del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades para su construcción si finalmente viene a La Palma. El Banco Europeo de Inversiones (BEI), que preside la exministra Nadia Calviño, estudia desde mediados de mes conceder un crédito avalado por España para cubrir hasta 600 millones de euros del coste de edificación y puesta en marcha del TMT, y la confirmación del préstamo se espera para principios de julio.
Además, una delegación política, científica y técnica liderada por la secretaria general de Investigación, Eva Ortega Paíno, ha realizado en los últimos meses una labor de diplomacia para presentar la propuesta in situ a altos representantes de Japón, India y Canadá, y conseguir que contemplen la alternativa canaria no solo posible, sino deseable. El tiempo apremia, pues los permisos de construcción en el Observatorio del Roque de los Muchachos están vigentes solo hasta finales de septiembre.
Al igual que otros grandes proyectos de ciencia internacionales, como el acelerador de partículas IFMIF-DONES que ya se construye en Escúzar (Granada) y que ha requerido unos 700 millones de euros para hacer realidad la energía de fusión nuclear, limpia e inagotable, el TMT es un proyecto que requiere de una inversión cuantiosa, pero también atesora un potencial de progreso inigualable en la historia reciente del país. Es una iniciativa que exige toda la movilización, española y europea, para aprovechar la ventana que se abrió tras el ‘no’ en Washington y las dudas en Hawái. Porque si el TMT se instala en La Palma no solo ganan España y Europa, sino todo el mundo, pues así el hemisferio norte no se quedará ciego ante los múltiples descubrimientos astronómicos que puede brindar el universo en las próximas décadas.
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