Cada uno de nosotros somos el resultado de nuestras vivencias, de los aciertos y errores al tomar una decisión y de factores externos ajenos. De no ser por todas estas casualidades y causalidades, no seríamos quienes somos ahora. La precuela de ‘Una rubia muy legal’ pretende explicarlo mostrando a una Elle Woods que aún no ha entrado a la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard motivada por la ruptura de su novio, quien la considera un obstáculo en su carrera política por ser demasiado rubia.
Bajo el título de ‘Elle’, la serie que Prime Video ha estrenado el 1 de julio sigue a la millonaria en pleno desarrollo de su cautivante personalidad, pero le hace un flaco favor a la película, donde no hay rastro del aprendizaje adquirido a lo largo de estos ocho episodios. Al contrario, parece que el personaje interpretado por Reese Witherspoon en 2001 hubiera cancelado la etapa que Laura Kittrell ha escrito más de dos décadas después. La producción funciona más como un producto individual y, al igual que el largometraje, replica el querer romper con el cliché de la «rubia tonta», así como demostrar que su protagonista domina otros conocimientos más allá de la moda, la estética o el cuidado personal. De hecho, son muchos los guiños al producto original, desde la fiel compañía de su pequeño chihuahua hasta los bombones de chocolate como refugio comestible en los momentos de crisis. Incluso juega con el futuro al plantar la semilla del Derecho con una pregunta clave: «¿Has considerado ser abogada?».
Desde el primer instante, la élite de Los Ángeles nos acoge en la lujosa morada de la familia Woods, tanto es así, que parece que acabamos de aterrizar en el rosado mundo de Barbie. Allí se celebra una de las fiestas más importantes para una adolescente estadounidense, los ‘Sweet sixteen’. La protagonista acaba de cumplir 16 años y la ficción crea la expectación de ver a Lexi Minetree como la joven Elle con varios planos de su cuerpo, antes de mostrar el rostro con su ingreso triunfal en la ostentosa celebración. «Soy muy afortunada por tener esta vida, no cambiaría nada», pronuncia ajena a su destino. Un problema en el trabajo de su padre, a quien la ficción dibuja más bien como un pelele, llevará a la joven y su familia hasta la pragmática, fría y lluviosa Seattle. Este contraste se intensifica gracias a un soberbio manejo de la propuesta visual. La calidez, el brillo y la paleta cromática tan viva de Los Ángeles, reflejada incluso en el vestuario, se apagan de golpe con la llegada al nuevo hogar y un instituto que recibe a la adolescente con una atmósfera de tonos oscuros y fríos que refuerzan el drástico cambio que debe afrontar. En este mundo deberá desenvolverse y reivindicar que no es la chica superficial que todos se imaginan.
El guion de Kittrell se adentra en el clásico drama de integración escolar junto a los tradicionales bailes de invierno o eventos deportivos, sin olvidar los romances prohibidos. Además, todo juega en contra de la protagonista para que su resiliencia y su negativa a tirar la toalla sea más épica. Su crecimiento personal avanza en paralelo a su deseo de regresar a Los Ángeles mediante unas codiciadas prácticas en la revista Cosmopolitan. Los retos que debe superar para postularse al puesto se convierten, de manera indirecta, en las lecciones que necesita para mejorar su situación. Episodio a episodio, Elle se involucra en los conflictos ajenos y, al intentar solucionar los problemas de aquellos que consideraba ajenos a su estatus, acaba sacando a la luz una personalidad que permanecía oculta. Así, la joven superficial de Beverly Hills se desdibuja y descubre en el proceso que Seattle esconde mucha más calidez de la que su clima sugiere.
Aunque desentone como precuela, ‘Elle’ enseña a salir de la zona de confort y que la vida no es de un solo color, sino que tiene varios matices y hay que adaptarse a cada uno de ellos.
Prime Video acaba de estrenar los ocho episodios de la precuela de ‘Una rubia muy legal’, que siguen a la joven protagonista unos años antes de los eventos de la aclamada película de 2001
Cada uno de nosotros somos el resultado de nuestras vivencias, de los aciertos y errores al tomar una decisión y de factores externos ajenos. De no ser por todas estas casualidades y causalidades, no seríamos quienes somos ahora. La precuela de ‘Una rubia muy legal’ pretende explicarlo mostrando a una Elle Woods que aún no ha entrado a la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard motivada por la ruptura de su novio, quien la considera un obstáculo en su carrera política por ser demasiado rubia.
Bajo el título de ‘Elle’, la serie que Prime Video ha estrenado el 1 de julio sigue a la millonaria en pleno desarrollo de su cautivante personalidad, pero le hace un flaco favor a la película, donde no hay rastro del aprendizaje adquirido a lo largo de estos ocho episodios. Al contrario, parece que el personaje interpretado por Reese Witherspoon en 2001 hubiera cancelado la etapa que Laura Kittrell ha escrito más de dos décadas después. La producción funciona más como un producto individual y, al igual que el largometraje, replica el querer romper con el cliché de la «rubia tonta», así como demostrar que su protagonista domina otros conocimientos más allá de la moda, la estética o el cuidado personal. De hecho, son muchos los guiños al producto original, desde la fiel compañía de su pequeño chihuahua hasta los bombones de chocolate como refugio comestible en los momentos de crisis. Incluso juega con el futuro al plantar la semilla del Derecho con una pregunta clave: «¿Has considerado ser abogada?».
Desde el primer instante, la élite de Los Ángeles nos acoge en la lujosa morada de la familia Woods, tanto es así, que parece que acabamos de aterrizar en el rosado mundo de Barbie. Allí se celebra una de las fiestas más importantes para una adolescente estadounidense, los ‘Sweet sixteen’. La protagonista acaba de cumplir 16 años y la ficción crea la expectación de ver a Lexi Minetree como la joven Elle con varios planos de su cuerpo, antes de mostrar el rostro con su ingreso triunfal en la ostentosa celebración. «Soy muy afortunada por tener esta vida, no cambiaría nada», pronuncia ajena a su destino. Un problema en el trabajo de su padre, a quien la ficción dibuja más bien como un pelele, llevará a la joven y su familia hasta la pragmática, fría y lluviosa Seattle. Este contraste se intensifica gracias a un soberbio manejo de la propuesta visual. La calidez, el brillo y la paleta cromática tan viva de Los Ángeles, reflejada incluso en el vestuario, se apagan de golpe con la llegada al nuevo hogar y un instituto que recibe a la adolescente con una atmósfera de tonos oscuros y fríos que refuerzan el drástico cambio que debe afrontar. En este mundo deberá desenvolverse y reivindicar que no es la chica superficial que todos se imaginan.
El guion de Kittrell se adentra en el clásico drama de integración escolar junto a los tradicionales bailes de invierno o eventos deportivos, sin olvidar los romances prohibidos. Además, todo juega en contra de la protagonista para que su resiliencia y su negativa a tirar la toalla sea más épica. Su crecimiento personal avanza en paralelo a su deseo de regresar a Los Ángeles mediante unas codiciadas prácticas en la revista Cosmopolitan. Los retos que debe superar para postularse al puesto se convierten, de manera indirecta, en las lecciones que necesita para mejorar su situación. Episodio a episodio, Elle se involucra en los conflictos ajenos y, al intentar solucionar los problemas de aquellos que consideraba ajenos a su estatus, acaba sacando a la luz una personalidad que permanecía oculta. Así, la joven superficial de Beverly Hills se desdibuja y descubre en el proceso que Seattle esconde mucha más calidez de la que su clima sugiere.
Aunque desentone como precuela, ‘Elle’ enseña a salir de la zona de confort y que la vida no es de un solo color, sino que tiene varios matices y hay que adaptarse a cada uno de ellos.
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