Por mucho que en la fachada haya carteles que la reivindican como un espacio social de convivencia y de intercambio artístico, por mucho que no haya guardianes, por mucho que ya haya acogido varios tipos de actos culturales, una cárcel es una cárcel, igual que un vaso es un vaso y un plato es un plato, como dijo el filósofo. El espacio intimida con su sola presencia y los recuerdos que se mantienen pegados a sus desconchadas paredes hacen de la Modelo un edificio que parece en transición, aunque mantenga su espíritu punitivo flotando en sus intestinos. También es un ámbito de memoria, que es lo que la violinista barcelonesa Asia, con un pie en la música clásica, otro en la contemporánea y la voluntad en la experimentación, quiso ejemplificar con su concierto-acción en una de las galerías del centro, dentro de la programación del Grec.
Por mucho que en la fachada haya carteles que la reivindican como un espacio social de convivencia y de intercambio artístico, por mucho que no haya guardianes, por mucho que ya haya acogido varios tipos de actos culturales, una cárcel es una cárcel, igual que un vaso es un vaso y un plato es un plato, como dijo el filósofo. El espacio intimida con su sola presencia y los recuerdos que se mantienen pegados a sus desconchadas paredes hacen de la Modelo un edificio que parece en transición, aunque mantenga su espíritu punitivo flotando en sus intestinos. También es un ámbito de memoria, que es lo que la violinista barcelonesa Asia, con un pie en la música clásica, otro en la contemporánea y la voluntad en la experimentación, quiso ejemplificar con su concierto-acción en una de las galerías del centro, dentro de la programación del Grec. Seguir leyendo EL PAÍS
