Los ucranios llevan años demostrando al mundo su formidable capacidad de resistencia ante el expansionismo ruso, pero su fortaleza reside también en la vitalidad de su sociedad civil. Lo han vuelto a evidenciar este mes de julio con las movilizaciones contra la destitución del popular ministro de Defensa, Mijailo Fédorov. Las protestas han acabado forzando al presidente, Volodímir Zelenski, a aceptar un relevo en la cúpula militar. Y han dejado claro que, al contrario que en la Rusia de Vladímir Putin, en este país existen límites al poder político, y contrapoderes. El apego de la ciudadanía a la democracia, incluso en medio de una guerra que ha obligado a dejar en suspenso las elecciones, es un arma decisiva para Ucrania en su defensa ante la invasión.
Las movilizaciones ciudadanas contra un relevo ministerial en Kiev muestran la fuerza democrática del país agredido
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Las movilizaciones ciudadanas contra un relevo ministerial en Kiev muestran la fuerza democrática del país agredido
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Los ucranios llevan años demostrando al mundo su formidable capacidad de resistencia ante el expansionismo ruso, pero su fortaleza reside también en la vitalidad de su sociedad civil. Lo han vuelto a evidenciar este mes de julio con las movilizaciones contra la destitución del popular ministro de Defensa, Mijailo Fédorov. Las protestas han acabado forzando al presidente, Volodímir Zelenski, a aceptar un relevo en la cúpula militar. Y han dejado claro que, al contrario que en la Rusia de Vladímir Putin, en este país existen límites al poder político, y contrapoderes. El apego de la ciudadanía a la democracia, incluso en medio de una guerra que ha obligado a dejar en suspenso las elecciones, es un arma decisiva para Ucrania en su defensa ante la invasión.
No es la primera vez que Zelenski afronta un amplio descontento popular ante sus decisiones ni tampoco la primera en que se ve forzado a dar marcha atrás. Ya sucedió en julio de 2025, cuando el presidente presentó una reforma-exprés de la ley que blindaba la independencia de los organismos anticorrupción. Su objetivo era desactivar con la reforma las investigaciones sobre fraude público que afectaban a personas de su esfera más cercana. Las consecuencias fueron las primeras manifestaciones masivas en tiempo de guerra y, finalmente, la rectificación. Ahora ha vuelto a ocurrir. Miles de personas han tomado las calles de las principales ciudades del país para oponerse a la destitución de Fédorov. El ministro, admirado por la ciudadanía y los soldados, mantenía relaciones pésimas con el comandante de las Fuerzas Armadas, Oleksandr Sirski, un hombre de Zelenski y asociado al pasado. Para calmar las aguas, el jefe de Estado ha optado por destituir a Sirski y nombrar en su puesto a Mijailo Drapati, un oficial de amplio reconocimiento y que cuenta con la simpatía de los manifestantes.
La ley marcial permite a Zelenski seguir en la presidencia sin pasar por las urnas, reducir al mínimo la función del Parlamento y de la oposición, y acumular un poder nunca visto en Ucrania desde su independencia en 1991. Son pocos los que quieren que se celebren unas elecciones, algo que se antoja imposible mientras cientos de miles de tropas estén activas, las fuerzas rusas sigan bombardeando y millones de personas permanezcan desplazadas de sus hogares. La señal esperanzadora de esta crisis es que son los más jóvenes los que reclaman transparencia y un poder menos arbitrario. Que se haya desactivado es una buena noticia en un momento en que los ucranios han logrado tomar la iniciativa y poner a Putin a la defensiva. La ciudadanía sabe que su destino se libra en el frente de batalla, pero también por vía opuesta a Rusia: el camino de la democracia y de Europa.
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