Morrissey, un divo bajo la lluvia

Todo el equipaje que acompaña a los divos se citó con Morrissey en el cierre de la primera edición del Barts Festival (68.000 entradas vendidas) en el Poble Espanyol de Barcelona, casi lleno en esa última noche. Hubo fans que aguardaron ante la puerta desde la víspera, en un hecho por lo general propio solo de grandes recintos. Hubo ideas fijas, como la imposición de dieta vegana en los bares que dependen del festival, o esa orgullosa quijotada de escribir al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para que prohíba los toros. Hubo imagen de marca, la camisa abierta mostrando pecho, el jugueteo con las toallas y pañuelos para secarse el sudor, el deambular por escena, así como una poética afectación y un momento en verdad hermoso, un aguacero descargando con violencia y brevedad mientras sonaba How Soon Is Now con su trémolo de guitarra. Pero también hubo concierto, algo que no siempre pasa con Morrissey, veinte canciones de pop por lo general primoroso y un artista en forma que esta vez no aleccionó moralmente en demasía a su público, ya en edad de tener convicciones propias y no ser reñido. Un Morrissey que rescató lo mejor de sí mismo para un público que vivió una noche a la que la lluvia regaló momentos de incómoda belleza.

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 Todo el equipaje que acompaña a los divos se citó con Morrissey en el cierre de la primera edición del Barts Festival (68.000 entradas vendidas) en el Poble Espanyol de Barcelona, casi lleno en esa última noche. Hubo fans que aguardaron ante la puerta desde la víspera, en un hecho por lo general propio solo de grandes recintos. Hubo ideas fijas, como la imposición de dieta vegana en los bares que dependen del festival, o esa orgullosa quijotada de escribir al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para que prohíba los toros. Hubo imagen de marca, la camisa abierta mostrando pecho, el jugueteo con las toallas y pañuelos para secarse el sudor, el deambular por escena, así como una poética afectación y un momento en verdad hermoso, un aguacero descargando con violencia y brevedad mientras sonaba How Soon Is Now con su trémolo de guitarra. Pero también hubo concierto, algo que no siempre pasa con Morrissey, veinte canciones de pop por lo general primoroso y un artista en forma que esta vez no aleccionó moralmente en demasía a su público, ya en edad de tener convicciones propias y no ser reñido. Un Morrissey que rescató lo mejor de sí mismo para un público que vivió una noche a la que la lluvia regaló momentos de incómoda belleza. Seguir leyendo   EL PAÍS

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