Ángeles Toledano: «Más que un género musical, el flamenco es un lenguaje»

Lleva dos años instalada en un feliz trajín por causa de su disco de debut, «Sangre sucia», con el que ha conquistado un éxito de crítica y público que soñó pero que nunca creyó a su alcance. Entre los nuevos valores del flamenco bañado en sonidos de vanguardia su nombre tiene una especial relevancia. No la pierdan de vista, pues el futuro vendrá con su rostro y su lamento.

–¿El flamenco es «solo» un género musical o es además un modo de mantenerse puro en un mundo cada vez más contaminado?

–Al ser una música de raíz, el flamenco te mantiene en un centro; anclada a esa raíz. Pero es verdad que siendo artista siempre quieres ramificarte, crecer y buscar otros caminos. Más que un género musical, el flamenco es un lenguaje. Porque hay mucha gente que no se dedica al flamenco y que es flamenca. Porque tiene un instinto flamenco o una manera de, no sé, un impulso. Sí, el flamenco es como un impulso que te levanta de la silla. Y creo que eso va aparte de la música, aunque luego tengamos la suerte de que haya desembocado en un género musical centenario.

–Antes, los flamencos cantaban con faltas de ortografía; hoy, muchos van a la universidad. ¿Las aulas aplacan la fiereza del tigre?

–Ja, ja. Creo que el saber no ocupa lugar. Y si queremos que el flamenco crezca y se dignifique, siempre es bueno que esté en la escuela. Yo he conocido ambos mundos. He tenido la suerte de estar en el conservatorio, porque creo que fue un privilegio poder decidir que quería estudiar música, pero la calle también es muy importante. Del mundo callejero del flamenco y de la fiesta se aprende muchísimo, porque ahí nadie se guarda nada y eso es muy bonito vivirlo. Pero lo que me ha dado el conservatorio, el poder comunicarme a través de una partitura con otros músicos que no entienden el flamenco, es una riqueza que no podemos echarla para atrás. Y aun así, aun estando en la escuela, seguimos cantando con faltas de ortografía porque cantamos en andaluz. Y si eso es una falta de ortografía, pues seguiremos cantando con ellas siempre.

–Me habla de la trastienda del flamenco, de la calle que te da. Porque sigue estando vinculado, claro, a la calle y a la noche.

–Sí, siempre se ha dicho que en la noche afloran las musas. Y en cuanto se empezó a profesionalizar el flamenco, la gente salía de los tablaos y ya estaban calentitos. Y ya no solo por el alcohol, sino porque habían cantado un «show» entero y se iban a la taberna. Y las nuevas generaciones también queremos vivir esa taberna, porque es lo que nos han contado y es ese romanticismo del flamenco de –dramatiza la voz–: «Cuando Pastora y Tomás se juntaban en la Alameda en tal bar y llegaba Caracol…», y a nosotros eso nos parece lo más de lo más del flamenco y también lo queremos vivir.

–Su único disco hasta la fecha se titula «Sangre sucia». Eso viene de un personaje de Harry Potter, pero es fácil ver ahí una reivindicación, incluso un grito, del mestizaje.

–Sí, realmente tiene muchos caminos. Empezando por la parte rítmica de esas dos palabras, de esa «sangre sucia», esas dos eses, que me parecía que tenía mucha rítmica. Y también encierra otros muchos conceptos de la historia que nos construye a nosotras, a las mujeres, que ya nacemos con esa suciedad, con esa opresión, y va un poco por ahí, aparte de lo que dices del mestizaje. Yo no vengo de una familia flamenca ni gitana, soy paya, pero he vivido el flamenco desde muy pequeña y soy andaluza, y eso cuenta mucho.

«¿Qué más tiene que demostrar Bad Bunny? Tiene una valía como artista incalculable»

–Es, de hecho, de Jaén, como Juanito Valderrama, Joselito, Carmen Linares, Raphael, Sabina, Zahara. ¿Es tierra de valientes?

–Jaén es tierra de valientes, sí, porque es un lugar con muy pocas oportunidades. Había que buscarse la vida pronto y creo que de eso hemos aprendido mucho, y de toda la gente que teníamos al lado. Yo he aprendido de mi vecina, de mis padres, de mi hermano, de mi amiga. Y en cuanto tenemos 18 años no sacamos el carnet de conducir porque lo que queremos es poder ir al cine a ver cualquier película que a lo mejor otras ya la han visto 80 veces, pero nosotras, en un pueblo, pues no. O incluso ir a un concierto grande. Yo no pude ir a un concierto grande, de más de mil personas, hasta que me fui a Sevilla a vivir. Había ido a la peña flamenca de mi pueblo, en el festival o en la feria, que venían grupos. Por primera vez, por ejemplo, vimos a Supersubmarina en mi pueblo, y eso fue superguay. Pero ya te digo. Son pueblos pequeños con muy pocas oportunidades.

–¿Es un buen sitio para vivir aquel que se encuentra entre la Niña de los Peines y Rosalía?

–Claro que sí, ja, ja. Son dos referencias. Pero además de esos dos iconos, espero que los jóvenes que se quieran acercar al flamenco encuentren otros muchos más nombres que puedan enriquecerles.

–La Casita de Bad Bunny ha divido a la opinión de este país. ¿Esos árboles han impedido ver el bosque del talento del puertorriqueño?

–Creo que Bad Bunny ha demostrado llenando… ¿cuántos han sido?, ¿12, 13 días el Wanda Metropolitano? O sea, ¿qué más tiene que demostrar? Tiene una valía como artista incalculable. Creo que es genial y con eso es con lo que hay que quedarse. Me parece un artistazo, me encanta él y me encanta lo que hace, y creo que ha demostrado su valía también aquí, en España.

–¿Y La Casita? ¿A favor o en contra?

–A favor. O sea, me encanta. No lo veo mal, son personas que tienen repercusión. Y luego, conforme fueron pasando los días, incluyeron más tipos de cuerpos y de perfiles, y me parece perfecto. Al final, el concepto puertorriqueño, de mujeres bailando, de tops y faldas cortas…, eso es el mundo de Bad Bunny y estoy súper a favor de que salgan ahí a pasárselo bien y a disfrutar. Y si son personas influyentes, porque son las que él conoce, pues maravilloso.

–«Por el cielo va la luna / con un niño de la mano» (Lorca). ¿Qué le sugiere esa imagen?

–Pues un poco «El principito». Me encanta, me parece muy tierno, casi como una nana. Y lo englobaría, ya te digo, en ese «mundo principito». Y sí, lo que tenía Lorca es que mezclaba eso, que casi es infantil, con una gran profundidad. Era un genio.

–Esta sección lleva por título «¿Tienes fuego?». Se lo pregunto a usted: ¿tiene fuego?

–Tengo mucho fuego. Un fuego interno, un instinto, un impulso muy potente que me lleva hacia adelante. Pero también sé calmarlo. Me gusta permitirme apagarlo y sentir que abro las manos y las extiendo para pedir ayuda y no tener que tirar tanto de ese fuego y de ese impulso.

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