Ya son más de cuatro meses desde que asumió el nuevo Gobierno, que instruyó la aplicación de un 3% de recorte presupuestario en la administración pública. En seguridad ese porcentaje fue repuesto, en salud se aplicó un 2,5%, pero en cultura se aplica un recorte cercano al 10% del presupuesto asignado a este 2026, que asciende a un estimado de 51.750 millones de pesos, y que abre la inevitable interrogante respecto de la política cultural que el Gobierno tiene para ofrecer al país, cuando jibariza de esta manera los fondos que la sostiene, recién iniciando su mandato.
De la forma drástica en cómo los recortes presupuestarios se han planteado dejan una preocupante incertidumbre que hoy se ha materializado y profundizado en los fondos concursables, una de las políticas de más larga data de financiamiento a la cultura y las artes
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De la forma drástica en cómo los recortes presupuestarios se han planteado dejan una preocupante incertidumbre que hoy se ha materializado y profundizado en los fondos concursables, una de las políticas de más larga data de financiamiento a la cultura y las artes

Fernando Carrasco
Ya son más de cuatro meses desde que asumió el nuevo Gobierno, que instruyó la aplicación de un 3% de recorte presupuestario en la administración pública. En seguridad ese porcentaje fue repuesto, en salud se aplicó un 2,5%, pero en cultura se aplica un recorte cercano al 10% del presupuesto asignado a este 2026, que asciende a un estimado de 51.750 millones de pesos, y que abre la inevitable interrogante respecto de la política cultural que el Gobierno tiene para ofrecer al país, cuando jibariza de esta manera los fondos que la sostiene, recién iniciando su mandato.
Los sectores que más han resentido el recorte dicen relación con el patrimonio cultural, el fomento lector, el sector audiovisual y el financiamiento a actores claves de la difusión y promoción cultural, como son las instituciones colaboradoras del Estado. Ahora bien: la institucionalidad cultural ha sufrido diversos cambios, en muchos casos, profundizando sus capacidades, por lo que no se explica las veladas intenciones en hacerlas retroceder.
Los recortes presupuestarios, de la forma drástica en cómo estos se han planteado, dejaron una preocupante incertidumbre que hoy se ha materializado y profundizado en los fondos concursables, una de las políticas de más larga data de financiamiento a la cultura y las artes, que hoy no solo sufren drásticos recortes presupuestarios sino que retrocede en herramientas para la continuidad de proyectos anteriormente financiados y afecta directamente a líneas para el estudio de postgrados ligados al arte.
Observando reducciones significativas en las líneas de Fondart Nacional, Artes Escénicas, del Libro y la Lectura y Audiovisual, se suman restricciones sobre los plazos de ejecución que no dialogan con la realidad y aplicabilidad de los programas y el medio en que estos se desenvuelven.
Como Facultad de Artes de la Universidad de Chile formamos artistas y profesionales en distintos niveles que son actores claves en el ecosistema de las culturas, las artes y los patrimonios. La producción de nuestros académicos y académicas, nuestras actividades de extensión y la investigación producidas desde nuestras aulas y centros extensionales son la representación de que somos un actor vivo en la discusión y producción cultural en Chile.
Desde nuestra posición de universidad pública nuestro compromiso con el país y la buena utilización de los recursos es parte inherente a nuestra gestión, por lo que el ajuste presupuestario implementado al ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio lo vemos como una clara señal de retroceso para el fomento del sector cultural.
Cuando retrocedemos en el compromiso y responsabilidad del estado en su función pública hacia las culturas y las artes, estamos perdiendo la oportunidad de alimentar la construcción de sentido común, de generar preguntas y posibles respuestas a una sociedad que necesita de memoria y participación pero también en certidumbre de que estamos avanzado en justicia en el acceso y la participación cultural efectiva.
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