Rosalía parecía estar viviendo su mejor verano hasta el 22 de julio cuando compartió un vídeo en su cuenta de Instagram que cambió, hasta cierto punto, el estricto guion que cumple desde que publicó su disco Lux. La artista cantaba los goles de España en el Mundial sentada en las gradas al lado de Penélope Cruz y Javier Bardem a ritmo de su canción Despechá; iniciaba su gira por América Latina con el adelanto del que parece que será su nueva canción; hasta que ese día reposteó un vídeo crítico con la selección argentina que provocó un aluvión de rabia e indignación en redes sociales de sus fans de ese país. La cantante, como ha hecho en otras ocasiones, pidió perdón por la misma vía y después lo hizo en uno de los conciertos que ha dado en Buenos Aires. Casi al mismo tiempo, Ariana Grande anunció que cuando termine la gira en la que está inmersa se alejará de “la atención pública” agotada por la fiscalización de su físico a través de mensajes directos en sus cuentas. Mientras tanto, Miguel Ríos, 82 años, más de medio siglo de carrera, con una relación estrictamente profesional con las redes, solventó en pocos segundos una posible polémica cuando un asistente a un concierto le gritó que no hiciera política sobre el escenario. “¿Cómo voy a callarme? Soy un ser político”, respondió y zanjó la cuestión en todas las dimensiones de la realidad que habitamos.
Los perfiles de Instagram se profesionalizan y los contenidos más personales se limitan ante los riesgos que las estrellas de la cultura perciben al compartir sus reflexiones más personales EL PAÍS
