No recuerdo si fue el propio Richard Ford o uno de los personajes de alguna de sus novelas quien aguardó tranquilamente a que su hermana tomara asiento frente a la mesa del bar a que habían concurrido. Ford, o quien sea, se notaba bastante saludable, pero la mujer que lo acompañaba padecía visiblemente de un cáncer terminal. En esas circunstancias, o sea, cuando ambos se encontraban en el bar, la mujer pedía invariablemente un martini doble, dejándolo largo rato sobre la mesa, sin tomarlo, sin probar siquiera un sorbo, solo mirándolo fijamente
Richard Ford acaba de publicar en castellano su breve libro ‘Las palabras sencillas’, en el que se interroga ahora, sorprendentemente, acerca de si sus obras no serían también políticas
No recuerdo si fue el propio Richard Ford o uno de los personajes de alguna de sus novelas quien aguardó tranquilamente a que su hermana tomara asiento frente a la mesa del bar a que habían concurrido. Ford, o quien sea, se notaba bastante saludable, pero la mujer que lo acompañaba padecía visiblemente de un cáncer terminal. En esas circunstancias, o sea, cuando ambos se encontraban en el bar, la mujer pedía invariablemente un martini doble, dejándolo largo rato sobre la mesa, sin tomarlo, sin probar siquiera un sorbo, solo mirándolo fijamente
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