Todos los claroscuros de Jacques Brel en su biografía de cómic: «Fue un artista fascinante y muy talentoso, pero un perfecto egoísta»

Su colega Serge Gainsbourg se refería a sus rasgos irregulares con la expresión «la beauté des laids» (la belleza de los feos) mientras Juliette Greco le comparaba a un lobo, «flaco e intenso» con unos «ojos que brillaban como brasas». Él mismo ironizaba sobre sus dientes de caballo en temas como Le cheval, donde se reía de las burlas que sufrió de niño. En el imaginario popular, Jacques Brel (1929-1978) permanece como un icono en blanco y negro, el poeta belga que llegó a ser uno de los grandes de la chanson francesa, el autor de las míticas Ne me quitte pas o Quand on n’a que l’amour y otras tantas canciones de amor y desamor. Pero hay más Jacques Brels: por lo menos, tres. Y dos españoles, el dibujante Sagar Forniés y el guionista Salva Rubio, descubren las tres vidas del cantautor en la primera novela gráfica que narra su biografía con todos sus claroscuros: Jacques Brel. Una vida en mil compases, que Norma edita en un único tomo, a diferencia de los tres álbumes de Francia.

 Los españoles Salva Rubio y Sagar Forniés publican la primera biografía en viñetas del cantautor belga. «Hay algo trágico en Brel, no hemos suavizado las partes oscuras», dicen  

Su colega Serge Gainsbourg se refería a sus rasgos irregulares con la expresión «la beauté des laids» (la belleza de los feos) mientras Juliette Greco le comparaba a un lobo, «flaco e intenso» con unos «ojos que brillaban como brasas». Él mismo ironizaba sobre sus dientes de caballo en temas como Le cheval, donde se reía de las burlas que sufrió de niño. En el imaginario popular, Jacques Brel (1929-1978) permanece como un icono en blanco y negro, el poeta belga que llegó a ser uno de los grandes de la chanson francesa, el autor de las míticas Ne me quitte pas o Quand on n’a que l’amour y otras tantas canciones de amor y desamor. Pero hay más Jacques Brels: por lo menos, tres. Y dos españoles, el dibujante Sagar Forniés y el guionista Salva Rubio, descubren las tres vidas del cantautor en la primera novela gráfica que narra su biografía con todos sus claroscuros: Jacques Brel. Una vida en mil compases, que Norma edita en un único tomo, a diferencia de los tres álbumes de Francia.

«Nos soprendió que en Francia y Bélgica, los países con mayor tradición de cómic en Europa, no existiera ninguna biografía en forma de bande déssinée. Tal vez por respeto, tal vez por olvido. Lo cierto es que ha sido un proyecto bastante difícil: Brel es un personaje inabarcable, lleno de contradicciones», señala Salva Rubio, historiador de formación que se ha especializado en biografías en cómic con Claude Monet, Edgar Degas, Miles Davis (también con el lápiz de Sagar)… Pero en el caso de Brel, su historia resulta tan alucinante que, a ratos, parece ficción: cuando no cantaba era un cruce a priori imposible entre Vasco da Gama y Antoine de Saint-Exupéry, capaz de surcar los mares en un velero o de pilotar su propio avión entre las islas de la Polinesia.

«Hay algo trágico en Brel que va más allá del romanticismo de las figuras bohemias. Se bebe la vida mientas deja que le desgaste y le mate. No hemos suavizado las partes oscuras, no queríamos caer en una comercialización que resultara más cómoda para el consumo del lector», admite el guionista. Tal vez por eso el cómic no está a la venta en la Fondation Jacques Brel, que dirige su hija France. Por resumir: «Fue un artista fascinante y muy talentoso, pero un perfecto egoísta», en palabras de Rubio.

Fiel a sus amigos, no lo fue tanto con sus mujeres, mucho menos a su esposa Miche, con la que se casó a los 21 años y tuvo tres hijas. En sus giras Brel presumía de conocer todos los burdeles de Francia (lo contaba Johnny Hallyday) y tuvo una larga lista de amantes (una de ellas, Zizou, abortó estando Miche también embarazada). Al margen de sus turbulentas relaciones con las mujeres que nutrieron tantas de sus letras, la biografía de Brel es pura aventura con un punto quijotesco: literalmente interpretó al Quijote en el musical L’Homme de la Manche (1968) y se autoexilió de la civilización (y de la prensa) en las remotas islas Marquesas.

El gran reto de un cómic sobre Jacques Brel es el evidente: dibujar su icónico rostro. «Si eres muy realista, puedes caer en la caricatura. Intento que parezca un tipo carismático, que es lo que era», admite Sagar, que compara su adaptación a una película. «En un filme sobre Elvis, por ejemplo, el actor puede parecerse, pero no es él. Así que planteo al personaje como un actor que interpreta a Brel: al joven, al cantante en la cima y al hombre ya crepuscular».

Donde Sagar se marca un magistral tour de force es en la representación del último concierto de Brel en el Olympia de París, en 1966, cuando el público le aplaudió durante 20 minutos y salió siete veces al escenario a saludar, la última en bata para que se entendiera que quería irse a casa… En diez páginas Sagar recrea esa apoteosis. «Brel era muy gestual, transmitía mucha energía con su lenguaje corporal. Al dibujar su actuación fragmento el tiempo en los movimientos como si fuera una pintura cubista», apunta el dibujante. Una explosión gráfica que se siente como el cénit de la chanson de Brel. Aunque hay más Jacques. Y el más fascinante no tiene por que ser el cantante famoso…

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