Durante el último año de su vida, y hasta el día antes de su muerte, Artur Heras estuvo disimulando ante sus amigos su estado de salud. Lo hizo con tanta sutileza como transpira su obra plástica. A pesar de que se definía como irregular e inconstante, intensificó la actividad con sus últimas exposiciones. Como El Mal, Auschwitz 1945-Gaza 2025 y Halt!, que antes de llegar a España (y quizá por eso) recorrió varias ciudades de Alemania y Francia. Pero el cáncer se lo llevó por delante este jueves. En ese momento colapsó la torre utópica de la III Internacional de Tatlin, se desplomaron las palmeras y ardieron las banderas, algunos de los principales iconos que definen una buena parte de su obra. Heras llegó a la pintura porque era un mal estudiante y lo compensó coloreando acuarelas, dibujando y haciendo caricaturas. Fueron los primeros pasos de una trayectoria que lo guio hasta convertirse en uno de los creadores valencianos contemporáneos más singulares, innovadores y comprometidos.
Durante el último año de su vida, y hasta el día antes de su muerte, Artur Heras estuvo disimulando ante sus amigos su estado de salud. Lo hizo con tanta sutileza como transpira su obra plástica. A pesar de que se definía como irregular e inconstante, intensificó la actividad con sus últimas exposiciones. Como El Mal, Auschwitz 1945-Gaza 2025 y Halt!, que antes de llegar a España (y quizá por eso) recorrió varias ciudades de Alemania y Francia. Pero el cáncer se lo llevó por delante este jueves. En ese momento colapsó la torre utópica de la III Internacional de Tatlin, se desplomaron las palmeras y ardieron las banderas, algunos de los principales iconos que definen una buena parte de su obra. Heras llegó a la pintura porque era un mal estudiante y lo compensó coloreando acuarelas, dibujando y haciendo caricaturas. Fueron los primeros pasos de una trayectoria que lo guio hasta convertirse en uno de los creadores valencianos contemporáneos más singulares, innovadores y comprometidos. Seguir leyendo
Durante el último año de su vida, y hasta el día antes de su muerte, Artur Heras estuvo disimulando ante sus amigos su estado de salud. Lo hizo con tanta sutileza como transpira su obra plástica. A pesar de que se definía como irregular e inconstante, intensificó la actividad con sus últimas exposiciones. Como El Mal, Auschwitz 1945-Gaza 2025 y Halt!, que antes de llegar a España (y quizá por eso) recorrió varias ciudades de Alemania y Francia. Pero el cáncer se lo llevó por delante este jueves. En ese momento colapsó la torre utópica de la III Internacional de Tatlin, se desplomaron las palmeras y ardieron las banderas, algunos de los principales iconos que definen una buena parte de su obra. Heras llegó a la pintura porque era un mal estudiante y lo compensó coloreando acuarelas, dibujando y haciendo caricaturas. Fueron los primeros pasos de una trayectoria que lo guio hasta convertirse en uno de los creadores valencianos contemporáneos más singulares, innovadores y comprometidos.
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