La vida está llena de caminos. Los de Veintiuno se cruzaron en las empedradas calles de Toledo, entre las contadas salas de música del casco histórico de la ciudad. Dieron el santo sin apenas referentes —siguiendo solo la estela de The Sunday Drivers— y cayeron de pie. Quince años después, han logrado consolidarse como una de las bandas más originales del panorama actual, con letras que se cantan a pleno pulmón en festivales y salas de concierto.
La vida está llena de caminos. Los de Veintiuno se cruzaron en las empedradas calles de Toledo, entre las contadas salas de música del casco histórico de la ciudad. Dieron el santo sin apenas referentes —siguiendo solo la estela de The Sunday Drivers— y cayeron de pie. Quince años después, han logrado consolidarse como una de las bandas más originales del panorama actual, con letras que se cantan a pleno pulmón en festivales y salas de concierto. Seguir leyendo EL PAÍS
