Las crisis de los opioides que ha sufrido Estados Unidos durante este siglo XXI han dejado imágenes impactantes y desoladoras en algunas de las ciudades más emblemáticas del gigante norteamericano. El panorama de un Los Ángeles sumido en la pobreza y marcado por las drogas ha convertido algunos de los lugares más reconocibles de la ciudad, como el TCL Chinese Theatre o la playa de Santa Mónica, en escenarios de una realidad mucho más sombría. Pero la droga no es el problema en el Los Ángeles postapocalíptico de ‘A por Jiro’. Aquí quien manda es la comida y los chefs son las personas más respetadas de la sociedad. Ellos tienen el poder, libertad absoluta para hacer lo que quieran y hasta el privilegio de matar sin que nadie parezca cuestionar su autoridad. La comida se ha convertido en la nueva droga y se trafica con ella, mientras el restaurante más importante de la ciudad funciona como centro de negocios y lugar más exclusivo de este nuevo orden, protegido incluso por el Ejército de Estados Unidos. Esta es la premisa de una de las nuevas apuestas de Adult Swim, una serie que lleva hasta el extremo la idea de que somos lo que comemos. En ‘A por Jiro’, no hace falta tener dinero para pertenecer a la élite. Lo que importa es qué comes, dónde comes y, sobre todo, quién cocina para ti. Los chefs son los nuevos narcotraficantes, empresarios, jueces y señores de la guerra de una ciudad dividida en clanes rivales. La comida determina el estatus y las discusiones gastronómicas pueden terminar de la peor manera posible. Basta con que alguien cometa el error de poner salsa de soja en una pieza de sushi para que la consecuencia sea literal: perder la cabeza.
‘A por Jiro’, la serie de Adult Swim donde la comida sustituye a la droga y los chefs tienen el poder absoluto
Aunque ‘A por Jiro’ comparte con buena parte del catálogo de Adult Swim su libertad creativa, su violencia y su capacidad para construir universos completamente disparatados, la nueva serie se distancia de la fórmula más habitual del canal. Aquí el humor absurdo deja paso a una sátira social mucho más marcada, mientras que la violencia no funciona únicamente como elemento cómico, sino que es cruda, gráfica y parte fundamental de un thriller de acción con una historia lineal. El resultado es una especie de western futurista con la gastronomía como campo de batalla y con un protagonista que parece haber salido directamente de una película de Sergio Leone.
Jiro es un chef de pocas palabras, soberbio, enigmático y absolutamente convencido de sí mismo. No necesita explicar demasiado porque parece tener claro cuál es su objetivo y a quién tiene que eliminar para conseguirlo. Va por libre en un mundo dominado por dos grandes formas de entender la gastronomía y se encuentra constantemente entre la espada y la pared. En ese enfrentamiento entre chefs, restaurantes y filosofías culinarias aparecen también algunas de las situaciones más divertidas de la serie, desde la guerra entre veganos y no veganos hasta la particular visión que tienen sus personajes de platos tan cotidianos como el brunch. Aquí incluso se puede decir aquello de que uno también odia el brunch, aunque probablemente convenga no decirlo demasiado alto.
La serie utiliza así la comida como una excusa para hablar de poder, clases sociales, privilegios y guerras culturales. Lo interesante es que nunca necesita ponerse solemne para hacerlo. Las muertes se suceden con una facilidad sorprendente y los personajes continúan hablando de comida como si nada hubiera ocurrido. Esa mezcla entre la violencia más gráfica y la normalidad con la que sus protagonistas la reciben es una de las claves de su personalidad. Con diez episodios en total, ‘A por Jiro’ ya tiene disponibles en HBO Max sus dos primeros capítulos. Es una propuesta que conserva buena parte del ADN de Adult Swim, pero cambia el absurdo por una historia más directa y cinematográfica. Una serie violenta, extraña y con una identidad visual propia que convierte algo tan cotidiano como decidir qué vamos a cenar en una cuestión de poder, supervivencia y, en el caso de Jiro, venganza.
Sátira ultraviolenta de un Los Ángeles postapocalíptico en el que dentro de la sociedad, los que más poder tienen son los chefs. Los primeros dos episodios ya están disponibles en HBO Max (y Movistar Plus)
Las crisis de los opioides que ha sufrido Estados Unidos durante este siglo XXI han dejado imágenes impactantes y desoladoras en algunas de las ciudades más emblemáticas del gigante norteamericano. El panorama de un Los Ángeles sumido en la pobreza y marcado por las drogas ha convertido algunos de los lugares más reconocibles de la ciudad, como el TCL Chinese Theatre o la playa de Santa Mónica, en escenarios de una realidad mucho más sombría. Pero la droga no es el problema en el Los Ángeles postapocalíptico de ‘A por Jiro’. Aquí quien manda es la comida y los chefs son las personas más respetadas de la sociedad. Ellos tienen el poder, libertad absoluta para hacer lo que quieran y hasta el privilegio de matar sin que nadie parezca cuestionar su autoridad. La comida se ha convertido en la nueva droga y se trafica con ella, mientras el restaurante más importante de la ciudad funciona como centro de negocios y lugar más exclusivo de este nuevo orden, protegido incluso por el Ejército de Estados Unidos. Esta es la premisa de una de las nuevas apuestas de Adult Swim, una serie que lleva hasta el extremo la idea de que somos lo que comemos. En ‘A por Jiro’, no hace falta tener dinero para pertenecer a la élite. Lo que importa es qué comes, dónde comes y, sobre todo, quién cocina para ti. Los chefs son los nuevos narcotraficantes, empresarios, jueces y señores de la guerra de una ciudad dividida en clanes rivales. La comida determina el estatus y las discusiones gastronómicas pueden terminar de la peor manera posible. Basta con que alguien cometa el error de poner salsa de soja en una pieza de sushi para que la consecuencia sea literal: perder la cabeza.
‘A por Jiro’, la serie de Adult Swim donde la comida sustituye a la droga y los chefs tienen el poder absoluto
Aunque ‘A por Jiro’ comparte con buena parte del catálogo de Adult Swim su libertad creativa, su violencia y su capacidad para construir universos completamente disparatados, la nueva serie se distancia de la fórmula más habitual del canal. Aquí el humor absurdo deja paso a una sátira social mucho más marcada, mientras que la violencia no funciona únicamente como elemento cómico, sino que es cruda, gráfica y parte fundamental de un thriller de acción con una historia lineal. El resultado es una especie de western futurista con la gastronomía como campo de batalla y con un protagonista que parece haber salido directamente de una película de Sergio Leone.
Jiro es un chef de pocas palabras, soberbio, enigmático y absolutamente convencido de sí mismo. No necesita explicar demasiado porque parece tener claro cuál es su objetivo y a quién tiene que eliminar para conseguirlo. Va por libre en un mundo dominado por dos grandes formas de entender la gastronomía y se encuentra constantemente entre la espada y la pared. En ese enfrentamiento entre chefs, restaurantes y filosofías culinarias aparecen también algunas de las situaciones más divertidas de la serie, desde la guerra entre veganos y no veganos hasta la particular visión que tienen sus personajes de platos tan cotidianos como el brunch. Aquí incluso se puede decir aquello de que uno también odia el brunch, aunque probablemente convenga no decirlo demasiado alto.
La serie utiliza así la comida como una excusa para hablar de poder, clases sociales, privilegios y guerras culturales. Lo interesante es que nunca necesita ponerse solemne para hacerlo. Las muertes se suceden con una facilidad sorprendente y los personajes continúan hablando de comida como si nada hubiera ocurrido. Esa mezcla entre la violencia más gráfica y la normalidad con la que sus protagonistas la reciben es una de las claves de su personalidad. Con diez episodios en total, ‘A por Jiro’ ya tiene disponibles en HBO Max sus dos primeros capítulos. Es una propuesta que conserva buena parte del ADN de Adult Swim, pero cambia el absurdo por una historia más directa y cinematográfica. Una serie violenta, extraña y con una identidad visual propia que convierte algo tan cotidiano como decidir qué vamos a cenar en una cuestión de poder, supervivencia y, en el caso de Jiro, venganza.
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