Melanie Santiler: «En Cuba no puedes pensar básicamente en nada que no sea sobrevivir»

A Melanie, natural de La Habana, la llaman La Mami Fina, y en los apenas tres años que lleva en la música profesional se ha hecho un nombre sólido en su tierra y cada semana su pegada aumenta fuera de ella, como demuestran sus 125.000 oyentes mensuales en Spotify y sus más de 300.000 seguidores en Instagram. Acaba de lanzar su primer álbum, «Los cisnes», diez temas en los que ha impreso sus obsesiones y en donde se recrea en la idea de los extremos. ¿El cielo y el infierno? «No tanto –responde entre risas–, pero sí el yin y el yang, el cisne negro y el cisne blanco. Aunque más que extremos creo que son puntos que están en una misma línea. ¿Distintos estados de ánimo? Claro, porque hay distintos contextos y distintos climas, sí, exactamente. Y es un disco donde no solo hago “reparto”, sino que quería poder mostrarme entera».

«El “reparto” coge mucho del guaguancó y del “cubatón”, que unía sonidos cubanos con el reguetón»

Melanie Santiler

Aunque su música nada entre el pop y el urbano latino, es considerada una de las principales representantes del «reparto» cubano, subgénero musical surgido hace dos décadas en la periferia de La Habana y que desde hace un lustro ha saltado a otros países de Hispanoamérica, como Perú. Pero, ¿qué es eso del «reparto»? «Es un género que nació no tanto en la periferia como en el barrio habanero –precisa–. De hecho, se llama “reparto” porque los barrios marginales de La Habana que tenían este tipo de edificios se llaman reparto. Existe, por ejemplo, el reparto eléctrico. Es una determinada zona residencial, digamos, con unos edificios que se hacen en Cuba, y a estos barrios, muy pegados los unos a los otros, donde hay muchas casas, se les llama el reparto. Coge mucho la clave del guaguancó y del “cubatón”, que era lo que existía antes del “reparto” y que unía sonidos cubanos con el reguetón. Ahí estaban, por ejemplo, Chacal y Yakarta. El “reparto” coge muchas cosas cubanas, pero al mismo tiempo está producido. Tiene unos sonidos muy específicos que solo se ven ahí. Pero es un género que está siempre cambiando y, con el tiempo, se ha vuelto más rápido. Cuando yo empecé era más tirado para atrás, y ahora es mucho más rápido. Ahora, en España, están virales dos temas que se llaman “Dichávate” y “Tienes”, de Ya Ice Dilan junto a Los Titis (Rey Tony y Hela Abusador), y esta gente lo ha hecho más rápido». Además del sonido, en el «reparto» tiene una gran importancia el lenguaje: «Es bastante cubano –explica–, de jerga, de barrio, y no hay un uso de anglicismos. Creo que por eso está siendo muy representativo del cubano a nivel mundial».

Tradición y vanguardia

Melanie juega con la tradición y la vanguardia. ¿Dentro de la primera estarían Los Van Van y La Charanga Habanera, dos clásicos cubanos? «Sin duda –afirma–. No sé si La Charanga tanto, igual sí, porque determinados temas suyos me han inspirado mucho. Yo bebo mucho de esta gente, en efecto. Y después de este álbum creo que voy a estudiar muchísimo más la tradición cubana para beber de eso, como también bebo de lo anglo. Creo que esa es mi mezcla y es mi punto, mi sinceridad, porque la música que escuchaba de niña y adolescente era prácticamente en inglés, y luego me vine a meter más con lo cubano. Pasa que hubo un tiempo en Cuba donde lo nuestro no estaba tan bien visto. De hecho, todo el tiempo era irse para afuera, qué te trajeron de afuera, qué cantante de afuera estás escuchando, todo era afuera, y lo latino ha empezado a funcionar desde adentro».

«En Cuba puede haber muchos cantantes, poetas, escritores, pero ser artista es otra cosa»

Melanie Santiler

En su tierra, el artista está obligado a sortear la censura. ¿Se puede tratar de hacer arte en Cuba hoy en día, en cualquier disciplina, de una manera libre? Melanie, que vive allí, aborda este asunto con una valentía encomiable: «No creo. Nada se puede hacer ahora mismo en Cuba de una manera libre –dice con una sonrisa–. Lo que pasa es que en Cuba hay muy pocos artistas. Puede haber muchos cantantes, poetas, escritores, pero ser artista es otra cosa. Para mí, conlleva más cosas que grabar una canción o hacer una obra o participar en algo que esté ligado a las artes. Creo que exige una artesanía y una libertad que no se conquista tan rápido. En Cuba hay que tener una valentía impresionante para tratar de hablar de todo un poco y ser uno mismo. Para no dejar que las limitaciones, tanto por no tener corriente eléctrica, no tener agua, no tener dinero, no tener comida, no tener, no tener, no tener… (“la carestía absoluta”, apunto). Exacto. Y meterse a hacer arte lleva mucha inversión, es un riesgo supergrande. Tú no puedes pensar en hacer arte si no sabes qué vas a comer ese día. Es tan básico como eso. Aquí no hay gente que lo entienda. Tengo amigos españoles y he tratado de explicarles la situación de Cuba y no hay forma de que se entienda. No puedes pensar en el medio ambiente, en el cambio climático, en Palestina libre, en hacer arte. En Cuba no puedes pensar básicamente en nada que no sea sobrevivir. Cómo busco la comida y cómo hago para que esa comida no se me eche a perder cuando se me vaya la luz y se me descongele…».

«Para mí es superimportante Cuba y renunciar a ella, a pesar de que todo está demasiado mal, es algo que no he pensado»

Melanie Santiler

Así las cosas, ¿el artista cubano que reside en Cuba no puede ser subversivo? «Sí los hay, lo que pasa es que es un riesgo, por supuesto, una cosa superpeligrosa y supersensible. Yo tengo una canción, “Buen provecho”, que dice: “En Cuba se pasa hambre, / por eso me comí a tu jevo [novio]”, y tengo ciertos problemas con ella. Pero nada, lo asumo. Cuando hay algún bateo [conflicto] con esa canción, simplemente no hago conciertos. Me ha pasado que ya estoy en el lugar y tengo que asumir el concierto sin esa canción. En Cuba, eso es bastante sensible. Pero es eso: o no hablarlo, negarlo, evadirlo, o bien irte, que tampoco es una solución fácil. Para mí es superimportante Cuba y renunciar a ella, a pesar de que todo está demasiado mal, es algo que no he pensado. Tengo mucho miedo de volver, sobre todo porque Cuba está afectando mucho a mi salud mental y a la de todos los cubanos. A veces me han dado depresiones muy fuertes estando allá. Pero creo que mi trabajo en la música no va de abandonar Cuba ni a los cubanos. A pesar de los apagones, de las depresiones y las crisis de ansiedad que he tenido, tengo ganas de estar otra vez en mi casa y de ver a mi familia», concluye la artista.

VED CÓMO REPARTE LA MAMI FINA

Por Javier Menéndez Flores

Cada vez que Melanie se sube a un escenario y deja que explote cuanto lleva dentro, las mamifinas y los papifinos guachinean como gatos locos y se olvidan de que viven justo encima de las fauces hambrientas de un volcán. Hay cisnes bellísimos y los hay también torvos, pero uno debe estar preparado para enfrentar lo que venga. Y si las cosas se ponen de pinga, resiste, mi amol, porque no hay lluvia, por feroz que sea, que dure más de cuarenta días con sus noches. Y en Cuba, esa fantasía inexplicable en mitad de la nada, están acostumbradísimos a lidiar con los más terribles miuras desde que se levantan hasta que bajan, rendidos, los párpados.

Parece algo muy loco partir de una imagen para buscar un sonido, pero los músicos, cuando quieren transmitir estados de ánimo, manejan códigos que solo ellos entienden. Y si la Mami Fina se empeña en que en su canción veamos, sin necesidad de expresarlo, un campo con el cielo azul y las nubes pasando, o una noche que te succiona con la furia de un tornado, les dice a sus productores que se pongan las pilas, pinchen duro y echen mano de la imaginación. Y ella ya se encargará luego de adornar con su carne y su carácter esa suma de ritmos y melodías, entre el pop y el guaguancó más allá del guaguancó.

Hey, asere, ¿qué bola? Pues aquí, ya tú sabes, hermano, joseando, buscándome la vida, porque ando pasmao, sin un mísero baro, y no veo el modo de tener las balas y dejar de penar por si me cortan la luz o el agua o se me muere el género enterito en el frío. El día a día en Cuba es una epopeya, un monumento a la épica, pero Melanie está puesta pa’ lo suyo y no va a permitir que ninguna distracción la saque del raíl al que tanto le costó fijarse. Porque los repas no lloran, qué va, solo saben luchar.

«Qué hermosa se veía la vida desde aquella azotea de Santos Suárez»

Mirar el mar desde el Malecón es proyectarse a otros mundos en los que todos los días son sábado por la noche. Para un habanero el mar es una religión que nunca aprieta ni esclaviza, que no da más que alas. Tal vez ese sentir solo sea capaz de entenderlo en su justa medida un gaditano de raza, para el que no hay mejores zapatos que los pies desnudos. Y ahí andan los cubanos inventando todo el tiempo, poniendo en marcha, con un cóctel de necesidad y astucia, cualquier cosa rota. Y quienes creen que la calma es su estado natural es porque no se han dado una vuelta por sus pensamientos, donde la aceleración nunca descansa.

Qué hermosa se veía la vida desde aquella azotea de Santos Suárez, en la que los peligros de la edad adulta tenían el acceso vedado. Ni siquiera los días de Marianao fueron tan dichosos. Y es posible que mamá sea tu mayor fan, aunque también se puede destapar como una entregada «hater». Porque los que nos quieren de verdad no están para mentirnos ni adularnos falazmente, sino para darnos su parecer cuando ven que erramos. Acaba de sonar «DJ Bachata», de Juan Luis Guerra, ese tanque, y la vida se ha puesto, de golpe, en pausa.

Y solo ves unos ojos que miran a otros incansablemente y dos cuerpos que se ríen sin ton ni son y una cometa sin dios ni amo y con luces technicolor. Te despiertan noticias de Cuba, y no son buenas. Pero qué ganas de volver, de abrazar a tu familia, de entrar en casa, descalzarte y aspirar con fuerza un aire que no tiene rival.

 La artista, una de las principales voces del género conocido como «reparto», publica su primer álbum, «Los cisnes»  Música, Cultura, Home La Razón Noticias sobre Música en La Razón

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