Otra dana, otro país

El muro de una casa, destruido por la riada en Els Poblets (Alicante).

Son horas críticas en el litoral mediterráneo español, donde pueblos y campos se encuentran anegados tras dos días de “precipitaciones extraordinarias e históricas”, en palabras de la Agencia Estatal de Meteorología, poco dada a la exageración. Al menos cuatro personas han fallecido entre el domingo y el lunes, una en Barcelona, dos en Valencia y otra en Alicante. Las fuerzas de seguridad continuaban anoche rescatando vecinos en lanchas y helicópteros en el sur de Valencia y el norte de Alicante, las comarcas más afectadas. La Generalitat Valenciana ordenó el confinamiento en sus casas de unas 850.000 personas en 145 municipios. Una zona tan turística como la costa entre Gandía y Denia era prácticamente inaccesible en muchos puntos. El peligro no ha pasado.

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 Las brutales lluvias en el Mediterráneo ponen a prueba las lecciones aprendidas tras la tragedia de la dana de 2024  

editorial

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Las brutales lluvias en el Mediterráneo ponen a prueba las lecciones aprendidas tras la tragedia de la dana de 2024

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El muro de una casa, destruido por la riada en Els Poblets (Alicante).Joaquín de Haro
El País

Son horas críticas en el litoral mediterráneo español, donde pueblos y campos se encuentran anegados tras dos días de “precipitaciones extraordinarias e históricas”, en palabras de la Agencia Estatal de Meteorología, poco dada a la exageración. Al menos cuatro personas han fallecido entre el domingo y el lunes, una en Barcelona, dos en Valencia y otra en Alicante. Las fuerzas de seguridad continuaban anoche rescatando vecinos en lanchas y helicópteros en el sur de Valencia y el norte de Alicante, las comarcas más afectadas. La Generalitat Valenciana ordenó el confinamiento en sus casas de unas 850.000 personas en 145 municipios. Una zona tan turística como la costa entre Gandía y Denia era prácticamente inaccesible en muchos puntos. El peligro no ha pasado.

La dana Adam es solo la primera de 2026. Ha inundado sobre todo la costa, pero también ha dejado calles convertidas en ríos en localidades de la huerta valenciana aún traumatizadas por la dana de 2024, en la que murieron 233 personas y de la que se cumple el segundo aniversario la semana que viene. Las cifras de precipitaciones, superiores a los 600 litros por metro cuadrado en algunos puntos, solo se comparan con aquella tragedia en este siglo. Esta lluvia cae solo dos años después sobre la misma tierra, pero con una preparación institucional y una psicología colectiva del peligro muy diferente a la de entonces, cuando un Govern paralizado esperó durante cinco horas a que el president Carlos Mazón terminara de comer antes de avisar a la población y después culpó a otros de su incompetencia.

Ya el año pasado, ante la borrasca Gabrielle, se activaron avisos ES-Alert a los móviles, se suspendieron actividades con antelación y la coordinación entre administraciones permitió una respuesta ágil a las situaciones de emergencia. Un año después, en una situación mucho más complicada, se confirma la tendencia. La herramienta ES-Alert se ha utilizado en Cataluña, la Comunidad Valenciana (dos veces), Baleares y Almería. Las comparecencias conjuntas del presidente de la Generalitat Valenciana, el consejero de Emergencias y la delegada del Gobierno han transmitido la autoridad que necesitan los ciudadanos. Las lecciones de la mayor catástrofe natural en España en este siglo han sido interiorizadas por las administraciones y estos precedentes se tienen que consolidar. La alerta ante las lluvias también ha cambiado la sensibilidad popular. Hoy, todo el mundo sabe que un “aviso rojo” de la Aemet implica un fenómeno meteorológico excepcional con peligro de muerte. El término científico “dana” ha entrado en el lenguaje con toda la fuerza de su significado y transmite la misma urgencia que palabras como diluvio o riada. Desde el año pasado, las danas de alto impacto reciben nombre.

Son pasos hacia un futuro, que en realidad ya es presente, en el que España tendrá que pensar en su temporada de danas como el Caribe en su temporada de huracanes. No como algo extraordinario, sino como un fenómeno extremo que se repite todos los años en distinto grado y, sin la preparación adecuada, tiene efectos mortales. Por eso, además de la mayor planificación institucional y ciudadana del peligro, aún es necesaria una adaptación del medio físico. Las infraestructuras del Mediterráneo español están construidas para otro tipo de lluvias y otra frecuencia. El cambio climático impone una nueva realidad en la que fenómenos que sucedían cada medio siglo suceden cada pocos años. La era de la “gota fría” ha terminado y ha sido sustituida por la era de las danas. La pregunta ya no es si va a haber otra igual que esta, sino cuándo.

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