Oportunidad para Israel

Las elecciones son en democracia el momento de la rendición de cuentas, y las legislativas de este martes ofrecen a Israel la oportunidad para juzgar la gestión del Gobierno extremista de Benjamín Netanyahu tras estos años de guerras sin fin y aislamiento internacional. Netanyahu es el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el cargo desde la fundación en 1948 y el único acusado en el Tribunal Penal Internacional por crímenes contra la humanidad por la masacre de Gaza, donde han muerto más de 70.000 personas bajo las bombas israelíes. Encausado en su país por soborno, fraude y abuso de confianza, está en el origen de un intento de demolición de las instituciones democráticas y el poder judicial. Bajo su liderazgo, Israel sufrió la mayor brecha de seguridad en su historia y la mayor matanza de judíos desde la Segunda Guerra Mundial: el ataque de Hamás que se saldó con más de 1.200 muertos y 251 secuestrados. Pese a la acumulación de errores y fracasos, las encuestas apuntan a un empate en el reparto de escaños entre la coalición que sostiene a Netanyahu y los partidos judíos de oposición que creen imprescindible echarle para salvar a la misma democracia.

Seguir leyendo

 Tras años de guerras y aislamiento internacional, Netanyahu afronta este martes la rendición de cuentas en las urnas  

editorial

Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Tras años de guerras y aislamiento internacional, Netanyahu afronta este martes la rendición de cuentas en las urnas

El audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.

Un autobus con propaganda electoral del primer ministro de Israel, benjamín Netanyahu, y el presidente de EE UU, Donald Trump, circula por Jerusalén, este domingo. Ronen Zvulun (REUTERS)
El País

Las elecciones son en democracia el momento de la rendición de cuentas, y las legislativas de este martes ofrecen a Israel la oportunidad para juzgar la gestión del Gobierno extremista de Benjamín Netanyahu tras estos años de guerras sin fin y aislamiento internacional. Netanyahu es el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el cargo desde la fundación en 1948 y el único acusado en el Tribunal Penal Internacional por crímenes contra la humanidad por la masacre de Gaza, donde han muerto más de 70.000 personas bajo las bombas israelíes. Encausado en su país por soborno, fraude y abuso de confianza, está en el origen de un intento de demolición de las instituciones democráticas y el poder judicial. Bajo su liderazgo, Israel sufrió la mayor brecha de seguridad en su historia y la mayor matanza de judíos desde la Segunda Guerra Mundial: el ataque de Hamás que se saldó con más de 1.200 muertos y 251 secuestrados. Pese a la acumulación de errores y fracasos, las encuestas apuntan a un empate en el reparto de escaños entre la coalición que sostiene a Netanyahu y los partidos judíos de oposición que creen imprescindible echarle para salvar a la misma democracia.

El líder del Likud acude a las urnas con la sociedad dividida en torno a su figura y un panorama que en nada se parece al de los anteriores comicios en 2022, antes de la conmoción del 7 de octubre de 2023, la destrucción y los crímenes por los que le persigue la justicia internacional, la aceleración de la colonización ilegal en Cisjordania y el violento desprecio de los derechos de los palestinos, y los conflictos con Irán, Líbano y los hutíes de Yemen. Para sus seguidores es “Bibi, rey de Israel”, el jefe fuerte más preocupado de defender al país que de obtener aplausos en el extranjero. Pero también es el que que ha gobernado con fanáticos religiosos movidos por la xenofobia y el racismo y el que ha enterrado cualquier perspectiva de un Israel y una Palestina en coexistencia y con fronteras reconocidas. Tiene enfrente a un grupo heterogéneo entre cuyas figuras más representativas destaca Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor, que perdió a uno de sus hijos en Gaza. Pese a haber conducido el país hacia el precipicio, el resultado es incierto y no se descarta ninguna opción, desde un gobierno de unidad nacional a giros de guion que le dejen a él en el poder.

Si abandona el cargo, nadie espera un viraje en las relaciones de Israel con sus vecinos, pero sí que al menos pueda restaurarse la decencia y el respeto de la ley, como ha escrito en estas páginas el exministro de Asuntos Exteriores Shlomo Ben Ami. No es poco. Netanyahu se ha escudado en el belicismo para evitar rendir cuentas como hicieron antecesores suyos. Y ha mantenido a su población civil en un estado de conflicto permanente mientras enviaba al combate a decenas de miles de reservistas y evitaba este trance a los ultraortodoxos y los colonos. En el exterior, ha tensado incluso la relación con una Administración estadounidense ideológicamente próxima y ha dado la espalda a sus viejos amigos europeos para apoyar a partidos con un historial antisemita, como el Reagrupamiento Nacional francés. Este es el legado que el 27 de octubre se someterá a las urnas, en unas elecciones que son más que un plebiscito sobre el primer ministro, porque lo que se decide es la posibilidad de ver un día un Israel en paz con sus vecinos y con el pueblo palestino.

Mis comentariosNormas

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Please enable JavaScript to view the <a href=»https://disqus.com/?ref_noscript» rel=»nofollow»> comments powered by Disqus.</a>

Archivado En

 Opinión en EL PAÍS

Noticias Similares