Marian Dacal (51 años) puso la voz a centenares de canciones. Fue bautizada como la voz de la música mákina. Una voz que, como ella misma lamenta, “no tenía cara”. A finales de los 90, los jóvenes bailaban sus canciones como si no hubiera mañana pero su rostro, como el del resto de cantantes makineras, era una incógnita. “Cobré 33.000 pesetas, el equivalente a unos 200 euros, por poner voz a Flying Free”, revela. La canción grabada en 1999 en un modesto estudio acabó convirtiéndose en el himno de la discoteca Pont Aeri (Terrassa) y en el de toda una generación de catalanes. Veintisiete años después, el tema sigue sonando en discotecas, festivales, bodas, barbacoas… el éxito ha llegado a un público que no había nacido cuando se publicó.
Marian Dacal (51 años) puso la voz a centenares de canciones. Fue bautizada como la voz de la música mákina. Una voz que, como ella misma lamenta, “no tenía cara”. A finales de los 90, los jóvenes bailaban sus canciones como si no hubiera mañana pero su rostro, como el del resto de cantantes makineras, era una incógnita. “Cobré 33.000 pesetas, el equivalente a unos 200 euros, por poner voz a Flying Free”, revela. La canción grabada en 1999 en un modesto estudio acabó convirtiéndose en el himno de la discoteca Pont Aeri (Terrassa) y en el de toda una generación de catalanes. Veintisiete años después, el tema sigue sonando en discotecas, festivales, bodas, barbacoas… el éxito ha llegado a un público que no había nacido cuando se publicó. Seguir leyendo EL PAÍS
