El atentado contra el Orgullo en Berlín, que la policía ha atribuido a un islamista, es un ataque contra la libertad y la tolerancia, y un recordatorio del peligro del fanatismo para la convivencia en los países democráticos. Los hechos ocurrieron pasadas las diez de la noche del sábado en la zona del parque Tiergarten, cuando un vehículo embistió contra la multitud que celebraba el llamado Christopher Street Day en la capital alemana. Murió una mujer y 16 personas resultaron heridas, tres de gravedad. El presunto responsable, identificado como Abdul B., de 21 años, se encuentra en busca y captura. Al golpear a uno de los mayores acontecimientos festivos y reivindicativos en Europa de los derechos LGTBIQ+, este acto terrorista apunta contra aquello que representa la fuerza de nuestras sociedades, el núcleo del progreso humano y de las libertades.
El ataque contra el Orgullo, atribuido a un islamista, apunta a todo aquello que representa la fuerza de nuestras democracias
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional
El ataque contra el Orgullo, atribuido a un islamista, apunta a todo aquello que representa la fuerza de nuestras democracias

El atentado contra el Orgullo en Berlín, que la policía ha atribuido a un islamista, es un ataque contra la libertad y la tolerancia, y un recordatorio del peligro del fanatismo para la convivencia en los países democráticos. Los hechos ocurrieron pasadas las diez de la noche del sábado en la zona del parque Tiergarten, cuando un vehículo embistió contra la multitud que celebraba el llamado Christopher Street Day en la capital alemana. Murió una mujer y 16 personas resultaron heridas, tres de gravedad. El presunto responsable, identificado como Abdul B., de 21 años, se encuentra en busca y captura. Al golpear a uno de los mayores acontecimientos festivos y reivindicativos en Europa de los derechos LGTBIQ+, este acto terrorista apunta contra aquello que representa la fuerza de nuestras sociedades, el núcleo del progreso humano y de las libertades.
Berlín celebra desde hace 48 años el Christopher Street Day y hasta ahora siempre lo había hecho en paz. Se trata de un día de afirmación en la calle y a la vez de combate por la igualdad ante la ley en una ciudad con una larga tradición de espacio de libertad y tolerancia, que se remonta al menos hasta los años 20 del siglo pasado. Los desfiles del Orgullo, que se han festejado en las últimas semanas por ciudades de todo el mundo, conmemoran el 28 de junio de 1969 en el bar Stonewall de la calle Christopher de Nueva York. Una redada policial contra aquel local gay desencadenó una protesta que pronto se convertiría en el símbolo de la lucha por los derechos civiles, un combate todavía inacabado. Lo demuestran las limitaciones legales o la supresión de los derechos LGTBIQ+ en países como Rusia, la estigmatización que ejercen grupúsculos o partidos radicales en Europa o, más grave, la realidad de lugares como Arabia Saudí o Irán, donde la homosexualidad puede conllevar la pena de muerte.
Ya es inquietante que en un país de la UE como Rumania haya una ciudad donde esté prohibido el desfile del Orgullo, como sucedió este fin de semana en el municipio de Oradea. Pero más grave resulta que en 2026 participar en esta manifestación en una capital europea pueda pagarse con la vida. Si, como sospechan las autoridades alemanas, se confirma el trasfondo islamista del atropello criminal en Berlín, será la constatación de que el peligro de esta ideología violenta no ha desaparecido tras los atentados masivos de las dos primeras décadas del siglo XXI, desde Madrid hasta París. Desde hace unos años, y con el debilitamiento del Estado Islámico en Siria e Irak, la amenaza ha mutado. Ya no suele actuar con operaciones complejas y con una capacidad de muerte y destrucción elevada, sino con perpetradores que acostumbran a actuar por su cuenta y con armas rudimentarias como cuchillos o automóviles.
La prioridad ahora es investigar los hechos hasta el final para esclarecer si el principal sospechoso actuó solo o vinculado a alguna organización terrorista y conocer todos los detalles sobre sus motivaciones. Este es el segundo atentado con un vehículo en Berlín después del que mató a 13 personas en un mercado navideño en 2016. Por eso resulta necesario que las fuerzas del orden y los servicios de inteligencia extremen la vigilancia, aunque la seguridad absoluta no existe y menos en actos públicos como el Christopher Street Day. Son precisamente los derechos a la libertad de expresión y manifestación y a la igualdad lo que quieren destruir quienes perpetran estos ataques. Esto incluye los de las minorías, también las religiosas en nombre de las que siempre pretenden hablar los fanáticos. La única respuesta es no permitir que nos intimiden ni que nos dividan. Sería su mayor victoria y la derrota de la democracia.
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