El campo de minas de la familia

Tiempo de vacaciones, tiempo de lecturas. Y tiempo también para que vuelva a reunirse la familia, ese universo tan especial en el que se mezclan los grandes amores y los viejos rencores, las cosas no dichas, los olvidos interesados, los placeres imborrables de la infancia, la furia escondida y aplazada por alguna antigua injusticia, y todo lo demás. En Koljós (Anagrama), su último libro, Emnamuel Carrère reconstruye la historia de los suyos con una valentía que no siempre está al alcance de quienes se miden en parecidos lances, y que Marguerite Yourcenar resume así: “Mirar las cosas de frente y verlas como son”. De la misma manera que cita a la escritora francesa, Carrère también alude al principio de su libro —en el que la protagonista es su madre, la historiadora Hélène Carrére d’Encausse— a una observación de Oscar Wilde: “Los hijos empiezan queriendo a sus padres; cuando se hacen mayores, los juzgan; y a veces los perdonan”. Carrère añade en este punto una nota. “Ocurre lo mismo a la inversa: los padres también salen airosos si, antes de morir, tienen la oportunidad de perdonar a sus hijos”. De eso va tal vez Koljós, del perdón.

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 Emmanuel Carrére explora en ‘Koljós’ lo que ocurrió con los suyos y cuenta de paso cómo el huracán de la historia entra en la vida íntima para devastarla  

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Emmanuel Carrére explora en ‘Koljós’ lo que ocurrió con los suyos y cuenta de paso cómo el huracán de la historia entra en la vida íntima para devastarla

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La historiadora Hélène Carrére d’Encausse, madre de Emmanuel Carrére. Levy Yann
José Andrés Rojo

Tiempo de vacaciones, tiempo de lecturas. Y tiempo también para que vuelva a reunirse la familia, ese universo tan especial en el que se mezclan los grandes amores y los viejos rencores, las cosas no dichas, los olvidos interesados, los placeres imborrables de la infancia, la furia escondida y aplazada por alguna antigua injusticia, y todo lo demás. En Koljós (Anagrama), su último libro, Emnamuel Carrère reconstruye la historia de los suyos con una valentía que no siempre está al alcance de quienes se miden en parecidos lances, y que Marguerite Yourcenar resume así: “Mirar las cosas de frente y verlas como son”. De la misma manera que cita a la escritora francesa, Carrère también alude al principio de su libro —en el que la protagonista es su madre, la historiadora Hélène Carrére d’Encausse— a una observación de Oscar Wilde: “Los hijos empiezan queriendo a sus padres; cuando se hacen mayores, los juzgan; y a veces los perdonan”. Carrère añade en este punto una nota. “Ocurre lo mismo a la inversa: los padres también salen airosos si, antes de morir, tienen la oportunidad de perdonar a sus hijos”. De eso va tal vez Koljós, del perdón.

Porque siempre hay en la familia cuentas pendientes por saldar que se han ido cubriendo de tierra para seguir adelante. Cualquier día pueden estallar. Lo que Carrère muestra en su libro es cómo la historia, lo que ocurre afuera de la familia, juega un importante papel en esas vidas que habitan juntas en un hogar. Y de esa manera, Koljós se convierte también en otra cosa, en un artefacto para volver sobre el pasado reciente de Europa, y asistir así al perverso mecanismo por el que algunos acontecimientos arrasan lo más importante y lo destruyen. Y convierten a las personas en peleles que ya solo procuran sobrevivir de la manera que sea para proteger a los suyos.

Cuando Carrère habla de uno de los hermanos de una de sus bisabuelas, un tal Yuri —un personaje secundario en el libro—, cuenta que le tocó pelear en “todas las guerras que podían hacerse en su época, y en tres continentes”: en la de los bóxers en China en 1895, en la guerra del Transvaal en ­Sudáfrica en 1901, en la ruso-japonesa de 1904, en la de los Balcanes de 1912 en la que Rusia colaboró con Bulgaria contra los turcos, en la Primera Guerra Mundial, y luego en la que enfrentó, tras la Revolución, a los comunistas contra el Ejército Blanco. Yuri, un retoño de la aristocracia, estuvo con estos últimos y peleó en una división que se hizo célebre por su ferocidad y que estaba integrada “por musulmanes del Cáucaso que combatían a los bolcheviques en nombre del Imperio otomano”. Parece que los Rojos lograron al fin atrapar a Yuri y lo arrojaron vivo a un pozo para que ahí al fondo terminara pudriéndose.

Una vida de novela la de Yuri, un final trágico. Son muy pocas las personas que pasan por semejantes trances. Y, sin embargo, cada vida por vulgar que resulte está también llena de quiebras, de saltos, de peligros, de decisiones difíciles, y de largos periodos en los que no pasa nada, de tedio y banalidad. ¿Qué saben los hijos de lo que ocurrió con sus padres, qué saben los padres de lo que les sucede a sus hijos? Carrère rasca en lo que pasó en su familia y encuentra versiones distintas, agujeros que no se pueden rellenar, vidas rotas, masacradas por el huracán de la historia. La familia provoca la falsa ilusión de creer que todos estamos al cabo de lo que les sucede a nuestros próximos, y es que nos unen demasiadas cosas. Pero no es verdad. No sabemos nada o, acaso, de lo importante conocemos muy poco.

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