Cuando los talibanes volvieron a tomar el poder de Afganistán en 2021, el músico Saeedullah Wafa supo que era hora de marcharse. El grupo islamista prohibió rápidamente todas las formas de música alegando que producían “corrupción moral”. Sus combatientes demolieron estudios, prendieron fuego a instrumentos y arrestaron a intérpretes para hacer una demostración pública de la interpretación austera que el grupo hace de la ley islámica. Con su medio de vida bajo ataque, Wafa, su esposa y sus siete hijos vendieron su equipo y huyeron al vecino Pakistán.
Desde que los talibanes retomaron el control de Afganistán en agosto de 2021 se ha producido una intensa represión contra la música EL PAÍS
