La fadista Carminho (Lisboa, 1984), que el año pasado grabó con Rosalía el tema «Memória» para el disco «Lux», visita nuestro país para presentar las canciones de «Eu vou morrer de amor ou resistir», su último y bellísimo álbum. Serán cuatro fechas en julio –Badajoz (4), Valencia (11), Cartagena (21) y Madrid (25)– y el próximo 9 de noviembre volverá para actuar en Barcelona. El fado, le digo, es la tristeza hecha canción. ¿Es posible celebrar la vida luminosa desde un género tan otoñal? «Tú dices que el fado es la tristeza hecha canción –responde–, pero no sé si estoy de acuerdo. Yo veo el fado como un género que busca las profundidades, lo vertiginoso de las emociones, pero creo que no siempre es triste y que puede ser una panoplia de sentimientos. Sí, es cierto que es melancólico, aunque la tristeza es muy buena para cantar y es, sin duda, el sentimiento más creativo, porque te desafía a una dinámica de salida. Es decir, cuando estás alegre, feliz, no quieres salir de ahí, no tienes impulsos de salida, pero cuando estás triste quieres salir de ese lugar y hay una pelea contigo mismo. Y respondiendo a tu pregunta, ¿cómo se canta desde el fado a esa cantidad de cosas que la vida tiene, como la luminosidad o la alegría? Hay maneras muy distintas de encarar el fado. Y en él hay también espacio para el amor, la alegría y los tonos más alegres».
Han transcurrido casi veinte años desde que Carminho se profesionalizó, y ese tiempo se puede tocar a través de los siete discos de estudio que llevan su nombre. ¿Ha sido un viaje largo o corto? «Mmmm. Es muy buena esa pregunta. Sobre todo, porque me dejas sin respuesta y me obligas a pensar. Si tengo que escoger te diría que ha sido un viaje corto. Porque todo pasa muy rápido y pienso que no fue hace tanto que estaba en la casa de fados de mi madre, de niña, escuchando a los fadistas y viendo qué fados podía cantar y qué versos se adecuaban a mi edad, porque casi no hay historias para que los niños canten. Y también puedo responderte que ha sido un viaje largo porque, con un objeto artístico tan concentrado, hice tantas cosas, tantas cosas, tantas cosas…. He conocido a mucha gente que me ha marcado artística y personalmente. He estado en escenarios espectaculares. He conocido muchos lugares, viajado por todo el mundo. Es un recorrido de una riqueza y de un privilegio tan grande que, al mismo tiempo, se hace muy largo por lo mucho que me ha llenado. Me da pena que algunas cosas muy buenas hayan pasado tan rápidamente que no he disfrutado de ellas, y por eso me propongo vivir este momento, el presente, con absoluta intensidad».
El amor, un asidero
Y en ese largo viaje por el mundo ¿en qué lugares ha visto las cosas más hermosas y en cuáles las más terribles? «Las más hermosas las vi en la India, en Laos, en Camboya, en América del Sur –afirma–. Cuando era muy joven hice un viaje sola, de un año, en el que me concentré mucho en las cosas bellas que veía. Tenía 21 años e iba de mochilera por el mundo. Y tal vez las cosas más feas las vi en lugares desarrollados, en las grandes ciudades, donde no encuentras empatía, gente que te mire. En algunas zonas de Estados Unidos, por ejemplo. Aunque sea una contradicción, porque al mismo tiempo tienen los sitios más increíbles del mundo. Una vez –prosigue– estuve enferma en Nueva Zelanda, que es un país guapísimo, lindísimo, pero nadie me ayudó. Sabía que si hubiera estado en India tendría un montón de gente que me ayudaría y me encaminaría a un centro de salud, que me daría apoyo, pero ahí estaba con gripe y la gente tenía miedo y se apartaba. Fue, tal vez, de las sensaciones más tristes y solas, de solitud, que he vivido. Y en un lugar que debería ser evolucionado y desarrollado, pero fue muy frío y demostró muy poca humanidad». Eso que dice me lleva al título de su disco y gira, morir de amor o resistir. ¿El amor es, al final, lo único que nos salva y justifica nuestra existencia? «Sí, sin duda. Y se puede transformar en empatía, en amistad. El amor es la única cosa a la que agarrarse, no tengo dudas».
«Las cosas más feas las vi en las grandes ciudades, donde no encuentras empatía»
A punto de iniciar una tanda de conciertos en nuestro país, ¿cómo se lleva con España? «Muy bien. Me gusta mucho cantar y hablar en castellano –explica–, conozco relativamente bien algunos lugares de este país y tengo familia en Bilbao. Y me gusta la canción española, el modo en que se pronuncian las palabras cantadas. Y el encuentro con Pablo Alborán –grabaron juntos el tema “Perdóname”, en 2011, para el disco “En acústico” del malagueño– me dio muchas alegrías. Viajé un montón por España, hice con él muchos programas y presentaciones, conciertos en plazas de toros y en sitios gigantes. Para mí fue un momento importante en lo profesional y un intercambio entre las dos culturas, la española y la portuguesa. Pero también en lo personal, porque cada vez que vengo a trabajar a este país convivo con el lugar, con las personas. Los españoles tienen mucho que ver con los portugueses, aunque vuestra personalidad es algo más atrevida y exuberante, extrovertida».
Le digo a Carminho que en España andamos muy hartos de los políticos. Que reina una desafección del ciudadano hacia el político por causa de los casos de corrupción. En Portugal, recientemente, la Policía registró sedes del Partido Socialista en una macrooperación contra la corrupción. ¿Hasta qué punto se puede uno desligar de la política cuando nos afecta tanto? «Esa es la pregunta del millón –contesta y se toma unos segundos de reflexión–. Pero es que yo quiero hacer arte y, entonces, no puedo ligarme demasiado al mundo. Y mucho menos quedarme presa de las cuestiones más terrenales. Pero, al mismo tiempo, no nos podemos olvidar de nuestra responsabilidad como ciudadanos. Hay distintas formas de hacer política y el arte es una muy buena manera de, al menos, continuar, resistir. Hoy en día el mundo está muy agresivo en varios frentes. Los artistas son presionados para que se manifiesten y se posicionen acerca de todos los asuntos, y pienso que cada uno tiene su manera de actuar. Hay artistas más intervencionistas, pero hay que respetar la manera de posicionarse de cada uno. Los ciudadanos están sufriendo porque no pueden hacer nada, no tienen poder. Lo máximo que pueden hacer es votar y tal vez reivindicar, gritar, llorar, pedir que se cambien cosas. Pero hay tantas facciones, y cada vez más fuertes, en oposición, extremismos de ambas partes, que no hay una manera de que el ciudadano pueda intervenir y ser útil. Hay mucha corrupción, como decías, mucho engaño. Porque si fuera una cosa justa y seria, aunque sea una pelea por ideologías, tal vez se podría jugar un juego justo. Pero en la política nada es claro», concluye.
«Hay distintas formas de hacer política y el arte es una muy buena manera de, al menos, continuar, resistir»
Morir de amor o resistir
Javier Menéndez Flores
Hay personas que, aunque no estén en guerra contigo, te miran como lo haría un arma de fuego, con la implacabilidad del cañón de una pistola. Por más que sonrían o se rompan en una carcajada, y aunque la charla fluya ligera como un río, la intensidad está todo el rato ahí, tan presente como el aire. Tal vez porque la llevan tan incorporada que no hay forma de desprenderse de ella. Pero es que no se puede vivir de cantar fados y salir ileso.
La tristeza que se canta posee una métrica y un ritmo ineludibles. Hasta para llorar hay que dominar la sintaxis. Y la Carminho veinteañera, aquella que hizo de la melancolía su cabaña en el árbol y su escondite entre las flores, la que rindió culto a ese dios que te devora demoradamente las entrañas, sabía contar sílabas a una velocidad endiablada. Ahora, cuando la vida tiene un cariz más grato, casi azul, es capaz de ver el sol incluso en los cielos encapotados y captar la alegría en la levedad de los detalles.
Has cerrado los ojos y has vuelto en una décima de segundo a Paderne, y te has visto a lomos de tu bicicleta con el río Quarteira a tu vera y el castillo igual que un coloso que vigila tus movimientos. Nada en aquellos días era urgente, salvo echar a volar en cuanto pisabas el suelo de la calle. Qué hermosa era la soledad buscada y ese reino de la niñez del que en días de tormenta interior querías salir cuanto antes y que ahora invocas con tantísima frecuencia. Y en Alfama, de la mano de Teresa, en aquellas tardes que olían a sorpresa y chocolate, recolectar velas y flores era aún más emocionante que entrar en una novela de Julio Verne. Y la abuela solo tenía que sonreír o abrir los brazos en cruz para que te sintieras a salvo de cualquier peligro, en la seguridad sin igual de tu hogar.
Se trata, no es necesario que te lo recuerde, de contar una historia que se entienda de principio a fin, como un cuento de cristal. Pero también sabes que lo que importa es el estilo, la manera en que se dice cada palabra y cada verso. Y hay quien se queda toda la vida instalado en la tradición, haciendo versiones y más versiones, en esa seguridad con algo de páramo, y quien se arriesga a moldear el lenguaje, como si estuviese hecho de plastilina, a la caza de una atmósfera nueva. Tú, sin ir más lejos.
Pregunta Elton John, con leones de fondo, si puedes sentir el amor esta noche y jurarías que te está hablando solo a ti. Y si suena «Rock and Roll», con Jimmy y Robert disputándose la careta del diablo, notas algo parecido al sobresalto de un susto. Y cada vez que McCartney dice que lo dejes estar te sube una serpiente por la garganta y recuerdas esa prueba de fuego que tuviste que pasar por imperativo filial. De la misma manera que la mayoría necesita un espejo para verse, tú le sonríes a tu reflejo cuando suenan determinadas canciones.
La memoria que exhaláis Rosalía y tú bebe de melodías ancestrales, pero suena a música de pasado mañana. Y eso es puro realismo mágico o ciencia ficción en vena. Y en tus últimas composiciones se alternan la esperanza y la nostalgia, el placer y la pena. Pero tú sabes, Carminho, que morir de amor o resistir no es más que un dilema retórico porque la vida, vivir, es la única certeza que nos queda.
La artista portuguesa, referente del fado, trae a cinco ciudades españolas su gira «Eu vou morrer de amor ou resistir» Música, Cultura, Home La Razón Noticias sobre Música en La Razón
