La abuela se marchó sola, como tantas otras, desde la cama de un hospital. A sus espaldas llevaba una depresión. El nieto, tampoco pasaba por un buen momento. Y no pudo despedirse. Los errores del pasado pesan y también el saber que ese tiempo ya no va a volver. Ahora es él quien se siente solo… Por eso, desde las tablas del teatro, se ha atrevido a resucitar a la abuela. Para decirle adiós y, de paso, destapar ese tabú del que nadie se atreve a hablar: la salud mental de los mayores. Pero que nadie tema porque, dentro de lo trágico, he aquí también una comedia donde, entre pinceladas de realidad y ficción, uno es capaz de saltar del lloro a la risa sin pestañear.
Selu Nieto aborda la salud mental de los mayores en una tragicomedia inspirada en la vida de su abuela materna
La abuela se marchó sola, como tantas otras, desde la cama de un hospital. A sus espaldas llevaba una depresión. El nieto, tampoco pasaba por un buen momento. Y no pudo despedirse. Los errores del pasado pesan y también el saber que ese tiempo ya no va a volver. Ahora es él quien se siente solo… Por eso, desde las tablas del teatro, se ha atrevido a resucitar a la abuela. Para decirle adiós y, de paso, destapar ese tabú del que nadie se atreve a hablar: la salud mental de los mayores. Pero que nadie tema porque, dentro de lo trágico, he aquí también una comedia donde, entre pinceladas de realidad y ficción, uno es capaz de saltar del lloro a la risa sin pestañear.
Él, el nieto (disculpen por adelantado el juego de palabras) es Selu Nieto, actor, dramaturgo, director y fundador de Teatro a la Plancha, al que seguramente conocerán por su papel en El secreto de Puente Viejo (o quizá también por su padre, que fue saxofonista de Extremoduro y Reincidentes), y su última creación se llama Soledad. Vida y obra de mi abuela, un monólogo donde, en su mismo cuerpo, da vida a ella y a él en un homenaje que se extiende de la suya a todas las abuelas.
«Con la excusa de ciertos sucesos que le ocurrieron, hablamos de la soledad, de la salud mental y de lo que les tocó a vivir a esa generación de mujeres que se dedicaban a su casa y no tenían vida más allá. No quiero hablar en su nombre, pero sí quiero hacer de altavoz y reparar esas cosas que ella no pudo», relataba hace unos días el actor a GRAN MADRID en medio de las funciones que este verano tiene en el Teatro Lara (hasta el 23 de julio) con esta obra bajo la batuta de su socia, Susana Hernández.
Y proseguía: «Por desgracia, en los 90 y principios de los 2000, nuestras abuelas no tenían vida propia. Todo era atendera los demás. Y caían en depresiones». «Mi abuela, que era andaluza, se apoyaba en la figura del Jesús del Gran Poder. Lo tenía como terapeuta. A ella le servía eso», añadía el creador, quien, con sucesos reales y hechos ficticios, juega con la mente del público. «Mi abuela tuvo alucinaciones por una medicación y me interesaba que no se supiera si lo que veía era real o no, como le pasó a ella. Es más bonito no desvelarlo. El espectador tiene unas expectativas que es mejor no romper», concretaba el actor.
La idea de llevar esta historia a las tablas no es cosa reciente. Su abuela falleció en 2017 pero tuvo esas alucinaciones cuando Nieto apenas era un adolescente. Entonces, aquello ya le inquietó. «Me generaba curiosidad saber si lo que contaba era real o no. Porque mi abuela generaba una nueva realidad. Me parecía misterioso a la vez que duro. Había un material dramático importante ahí», detallaba.
De hecho, parte del material real que grabó siendo un chaval le ha servido ahora para hilar esta obra sobre su abuela materna, con quien pasó mucho tiempo en su infancia. «Hay fotos que le hice cuando cumplí 16 años y también grabaciones, así que es una especie de teatro documental. Quería que se viera la cotidianidad, y que el público viajase a esos momentos propios que han tenido con sus abuelas», aseguraba.
Y con esos tintes y, ese humor andaluz que derrocha, ha dado forma a una «montaña rusa». «La gente se emociona, llora, ríe…», señalaba el dramaturgo sobre Soledad, un nombre que le viene pintado a la obra. «Mi abuela se llamaba Dolores, pero ya hice una obra que no era sobre ella que se llamaba así, así que a ésta le puse Soledad. Es algo que cuento en la representación. Es otra mujer de mi familia, donde también hay Angustias, Socorro… ¡Yo siempre digo que en mi familia hemos heredado la pena!», exclamaba entre la risa. Esa que no escapa de esta creación aunque sobre la mesa se hallen temas tan serios como la soledad, la salud mental, la depresión, la importancia del acompañamiento, los vínculos familiares…
«Creo que España tiene un sentido de humor característico, en especial Andalucía, de reírse de sus desgracias. Lo detecto como un modo de supervivencia, consciente o inconsciente. Para escapar de los fantasmas, nos reímos de ellos y parece que duelen menos. Mi familia tiene esa forma de ser», deslizaba Nieto antes de añadir: «El humor es el mejor aliado para denunciar todo, los problemas de la sociedad, la política, los dramas personales… Se pueden decir grandes verdades desde el humor y que llegue diferente al espectador».
Dando, subrayaba, «una de cal y una de arena, como en la vida», en el escenario juega con la emoción ataviado con un vestido de su abuela, un delantal, un trapo y su Jesús del Gran Poder. «No llevo maquillaje ni peluca, porque quería que el espectador pudiera percibir en el mismo cuerpo a la abuela y al nieto. De hecho, hago la función con barba», señalaba.
Al margen de lo que pueda parecer, apuntaba, no es una obra creada ex profeso para cerrar heridas del pasado: «Todos sentimos culpabilidad por cosas que hemos hecho, pero no quería que esto fuera una terapia para mí. Aunque es sanador. Me interesaba más lo que el público se llevase». Y, sobre todo, resaltaba, «hacer justicia a estas figuras». A su abuela y a la de todos.
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