La historia del recinto Fabra i Coats de Barcelona está hecha de hilos que conectan su pasado industrial con la creación artística actual. Durante más de un siglo, hasta su cierre en 2005, las hebras de lino y algodón que llegaban en balas a la antigua fábrica de Sant Andreu salían convertidas en carretes, madejas y ovillos. Estos días sus naves de ladrillo han servido para urdir otro tipo de tramas y tesituras: las de los libretos y partituras de tres micro-óperas encargadas a jóvenes creadores por el Gran Teatre del Liceu y el Disseny Hub del Ayuntamiento de Barcelona.
La historia del recinto Fabra i Coats de Barcelona está hecha de hilos que conectan su pasado industrial con la creación artística actual. Durante más de un siglo, hasta su cierre en 2005, las hebras de lino y algodón que llegaban en balas a la antigua fábrica de Sant Andreu salían convertidas en carretes, madejas y ovillos. Estos días sus naves de ladrillo han servido para urdir otro tipo de tramas y tesituras: las de los libretos y partituras de tres micro-óperas encargadas a jóvenes creadores por el Gran Teatre del Liceu y el Disseny Hub del Ayuntamiento de Barcelona. Seguir leyendo EL PAÍS
