El Shakespeare más irreverente habla catalán, es gratis y se representa en un parque: «Es como volver al espíritu de los teatros del siglo XVI»

De Nueva York a Melbourne pasando por Barcelona: el Shakespeare más rebelde, incluso punk, es el gran protagonista del verano en parques, jardines botánicos, lagos e incluso playas (concretamente, la de Vancouver). Todo empezó en los años 50 cuando un joven director neoyorquino, Joseph Papp, lió a sus colegas actores para representar a Shaespeare en el anfiteatro del East River Park, frente al emblemático río: teatro para todos y gratis. Y con actores afroamericanos sobre escena. Papp se ingenió un teatro móvil con un antiguo camión de la basura tuneado y cuentan que, en la segunda temporada, se averió en pleno Central Park, a orillas del lago Belvedere, y allí improvisaron su obra. Así nació Shakespeare in the Park.

 Siguiendo la tradición anglosajona, la compañía Parking Shakespeare lleva 17 años representando clásicos al aire libre. Este verano toca ‘Hamlet’  

De Nueva York a Melbourne pasando por Barcelona: el Shakespeare más rebelde, incluso punk, es el gran protagonista del verano en parques, jardines botánicos, lagos e incluso playas (concretamente, la de Vancouver). Todo empezó en los años 50 cuando un joven director neoyorquino, Joseph Papp, lió a sus colegas actores para representar a Shaespeare en el anfiteatro del East River Park, frente al emblemático río: teatro para todos y gratis. Y con actores afroamericanos sobre escena. Papp se ingenió un teatro móvil con un antiguo camión de la basura tuneado y cuentan que, en la segunda temporada, se averió en pleno Central Park, a orillas del lago Belvedere, y allí improvisaron su obra. Así nació Shakespeare in the Park.

La iniciativa tuvo tanto éxito que, tras las primeras trabas del ayuntamiento, Papp consiguió la financiación para construir un anfiteatro permanente en Central Park, con vistas al castillo del Belvedere: lo llamó Delacorte. Una jovencísima Meryl Streep, que acababa de estrenar su primera película, Julia, actuó en la comedia La fierecilla domada en 1978 junto a Raúl Juliá (mucho antes de encarnar a Gomez Addams) y repetiría, ya consagradísima y con obras no shakespeareanas: en 2001 participó en La Gaviota de Chéjov (junto a Natalie Portman, Kevin Kline y Philip Seymour Hoffman) y, en 2006, en Madre coraje (de nuevo, con Kline).

La idea de ese Shakespeare en el parque se fue extendiendo por los países anglosajones y ya es toda una tradición, de Dublín a Tasmania. La versión española -y algo gamberra- se llama Parking Shakespeare y cumple 17 años en Barcelona con adaptaciones irreverentes, políticas y divertidísimas de sus clásicos en el parque de la Estació del Nord. Cada julio, la llamada Espiral Arbrada, unas gradas circulares de cerámica azul, rodeadas de tilos y diseñadas en época preolímpica por la escultora Beverly Peppers, acoge los shakespeares en catalán más desprejuiciados: Ricard III sirvió para hablar de bullying, Molt soroll per no res trató la precariedad laboral y Nit de Reis se puso queer para mostrar la diversidad de género. Sin escenografía, sin luces, sin equipo técnico más allá de algo de atrezzo y un vestuario de aires carnavalescos: solo los actores, el texto y el público.

«Así es como me imagino las primeras representaciones de Shakespeare en los teatros al aire libre del Londres del siglo XVI. Los espectadores estaban de pie, muy cerca de los actores. Por eso, representarlo en el parque tiene algo de volver a ese espíritu», compara Roger Torns, el director de este año (cada verano se invita a alguien distinto para dar nuevos puntos de vista).

El joven Torns se atreve con un Hamlet cómico al que añade una coda en el título –y las cosas podridas– para resaltar la corrupción, tanto política como moral, de toda una sociedad. «Creo profundamente en el potencial cómico del clásico de los clásicos. Hamlet es una tragedia pero tiene escenas patéticas con las que no puedes más que reír. ¿Y el final en el que todo el mundo muere? Tienes que llevarlo hacia la comedia, hasta los personajes van pidiendo turno: ‘Ahora muero yo’», explica Torns.

Su Hamlet es una suerte de outsider que se rebela contra el sistema. Como su amada Ofelia. «¡No está loca! Ofelia se siente manipulada por unos y otros, como si fuera un objeto de compraventa. Para mí, es la más lúcida», defiende Torns. Cada uno tiene su propio Shakespeare.

Y Parking Shakespeare también sale del parque para tomar teatros como la Sala Beckett, llegar al mismísimo Globe de Londres (fundado por el propio Shakespeare apenas tuvo unas décadas de vida y se reconstruyó en los años 90) o, esta primavera, estrenar su versión de Cimbelí, dirigida por Jenny Beacraft, en un festival de Rumanía. Porque Shakespeare no se acaba nunca.

Estació del Nord (Barcelona). Del 9 de julio al 3 de agosto

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