En el Teatro Municipal de Coslada todos son ajustes de última hora, con los nervios lógicos previos último ensayo oficial de Timón de Atenas, tragedia casi desconocida de William Shakespeare que revive estos días en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. Han sido 45 días intensos y de concienzudo trabajo para que no falte ningún detalle. «Estamos en capilla», espeta Pepe Viyuela (63 años). A pesar de su dilatada experiencia -también en la arena de Mérida, con nueve representaciones ya, la primera en 1999 con Androcles y el león- su rostro está iluminado y sus ojos brillan con la ilusión de un niño dispuesto a abrir un regalo. Se trata de su particular «historia de amor» con el Teatro Romano de la capital extremeña. En cambio, esta ocasión es algo más que un nuevo «reto» profesional: es todo «un giro de timón» a sus interpretaciones, casi siempre vinculadas a la comedia.
El actor protagoniza ‘Timón de Atenas’ en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y asume su primer papel principal alejado de la comedia
En el Teatro Municipal de Coslada todos son ajustes de última hora, con los nervios lógicos previos último ensayo oficial de Timón de Atenas, tragedia casi desconocida de William Shakespeare que revive estos días en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. Han sido 45 días intensos y de concienzudo trabajo para que no falte ningún detalle. «Estamos en capilla», espeta Pepe Viyuela (63 años). A pesar de su dilatada experiencia -también en la arena de Mérida, con nueve representaciones ya, la primera en 1999 con Androcles y el león– su rostro está iluminado y sus ojos brillan con la ilusión de un niño dispuesto a abrir un regalo. Se trata de su particular «historia de amor» con el Teatro Romano de la capital extremeña. En cambio, esta ocasión es algo más que un nuevo «reto» profesional: es todo «un giro de timón» a sus interpretaciones, casi siempre vinculadas a la comedia.
El polifacético actor se enfrenta ahora por primera vez a ser el gran protagonista de una tragedia, la de un personaje rico y famoso que vive rodeado de aduladores y de supuestos amigos pero que sufrirá del desdén social al entrar en bancarrota. Bajo la dirección de Hernán Gené, la obra se basa en un texto del dramaturgo inglés «tremendamente profundo y cargadísimo de información, que te abre una nueva visión y que te sorprende cada día», describe Viyuela.
El riojano regresa con este papel a Mérida -donde es tan querido que hasta ha sido pregonero de su carnaval romano- pocos días después de recibir el prestigioso Premio Corral de Comedias en Almagro, y confiesa que siente «el peso de la responsabilidad». Al margen, por supuesto, de la gratitud por el reconocimiento, quiere seguir estando, ahora más si cabe con este galardón, «a la altura de las circunstancias» en su poliédrica trayectoria profesional en el mundo del espectáculo, donde ha protagonizado exitosas series de televisión (Aída, Hospital Central o Águila Roja, entre otras); películas (La gran aventura de Mortadelo y Filemón, El Milagro de P. Pinto o Escuela de seducción) y cuenta con varios libros publicados (El Vientre de la carpa, Las letras de tu nombre o La luz en la memoria).
«El público viene al teatro a reír pero debemos ofrecerle una reflexión, una herramienta para el debate y la emoción»
Sin siquiera preguntarle por su arte favorita, verbaliza su elección: «La magia» del teatro. «La presencialidad del público, la relación directa con los actores que respiran juntos, el aire místico, las relaciones próximas entre los seres humanos… Nada de eso puede darse ni en la televisión ni el cine, donde haces tu trabajo, te vas y no puedes conectar con las personas», dice. «En el teatro está la verdad del ser humano», asegura, y más tras la irrupción de las nuevas tecnologías y su utilización desalmada: «En escena no hay sobreactuación, no hay falsedad, no se manipula, es el refugio de la presencialidad con un componente artesanal que ya no queda en otros lados», explica.
A pesar de su dilatado camino en los escenarios, Pepe Viyuela sigue sufriendo «nervios» antes de su regreso a Mérida. Es lógico, explica, «pero en positivo, por las ganas de agradar, por el compromiso, por estar deseando llegar a ese Teatro Romano con tanta historia, a pasear por sus calles, a cruzar su puente romano, a tomar una cerveza en la Plaza de España con los amigos o a visitar el Museo Nacional de Arte Romano». Hace un año que el director del festival emeritense, el empresario Jesús Cimarro, le planteó su vuelta al Festival con un registro distinto, alejado de los arquetipos o clichés que sobre el actor se implantaron durante bastantes años, sobre todo por las series de televisión: «Es un personaje muy diferente a los que he interpretado hasta ahora», confirma él. En Antígona (2011), una de las grandes tragedias clásicas, formó parte del elenco de actores pero no asumió el personaje principal. Otras veces ha rozado la tragicomedia. Pero ahora ha llegado de verdad su hora.
Con Timón de Atenas se adentra por momentos por la comedia oscura, sobre todo en la primera parte, pero tras su descalabro económico el protagonista profundiza, incluso desde la tumba, sobre el grado de maldad y de ingratitud al que tiende el ser humano contra quien se ve despojado del poder. Para Pepe Viyuela, esta interpretación es «un auténtico desafío» debido a «la angustia vital» que le supone el devenir de su personaje: «Estoy disfrutando mucho de la preparación, con muchas ganas, es otro estilo diferente, pero vamos con los deberes hechos, aunque será el público, como siempre, el juez máximo», asume.
En este contexto «convulso» en el que nos encontramos, «al público lo que más le apetece cuando va al teatro es reír», dice, «pero tenemos un compromiso con intentar que se vayan a casa con una reflexión, que les ofrezcamos una herramienta para debatir, para emocionarse». Para ello, se aferra ilusionado al paraguas que le ofrece «un Shakespeare nuevo», con pasajes muy amargos y pesimistas sobre la condición humana, que pasa sin pestañear de la filantropía a la misantropía. «Las guerras siguen siendo un gran negocio», argumenta. Lo son hoy, lo fueron en la Atenas de Timón y, como en una fábula, lo serán también en el majestuoso Teatro Romano de Mérida.
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