El Camino Imperial de Santiago, o camino de los alemanes

Durante siglos, numerosos peregrinos procedentes de los territorios germánicos atravesaron Europa para llegar hasta Santiago de Compostela. Viajaban por religiosidad, penitencia, prestigio social, aventura caballeresca, curiosidad o deseo de conocer otros territorios. La historia de este camino debe situarse dentro del amplio marco político y cultural del Sacro Imperio Romano Germánico. Un espacio político que enraíza con la coronación de Carlomagno como emperador durante la Navidad del año 800 en Aquisgrán, y que permanecerá en pie durante un milenio.

Las peregrinaciones a Compostela comienzan en tiempos en los que la cristiandad europea vivió en un escenario de conflictos y tensiones constantes con diferentes poderes musulmanes. En el oeste de Europa los árabes que llegan a Poitiers y en el este los turcos que llegarían a cercar Viena; además de los numerosos conflictos navales en el mediterráneo. Y en este contexto medieval, adquieren una enorme importancia las peregrinaciones a Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela. Las tres ciudades formaban los grandes destinos religiosos de la Europa cristiana.

Los habitantes de los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico comenzaron a viajar hacia Compostela en fechas tempranas. Se destaca incluso el gran interés de peregrinos provenientes de Los Países Bajos. Durante los siglos XII, XIII y XIV aparecen vinculadas también con el mundo de los caballeros andantes. Un viajero destacado será Ulrico II de Celje, sobrino de Segismundo de Luxemburgo, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Rey de Hungría, Croacia, Bohemia y Rey de los Romanos. Ulrico esperaba heredar algún título del tío y emprendió un viaje a España acompañado por un séquito de caballeros andantes y escuderos, propio de las aventuras de Don Quijote. Hacia 1430 el fenómeno en Alemania era tremendo. Algunos hacían parte del camino en barcos fluviales y otros aprovechaban el regreso para visitar otros lugares como Montserrat o incluso regresar dando una vuelta por Italia.

Encontramos estas referencias en la obra del gran incunabulista alemán, Konrad Haebler: “El libro de peregrinación de Hermannus Künig von Vach y las peregrinaciones de los alemanes a Santiago de Compostela”. Haebler incluso identifica a la primera mujer alemana peregrina, Richargard (o Richardis) von Sponheim, esposa de Rodolfo I, un noble encargado de las fronteras del norte.

El principal testimonio de esta peregrinación es hasta el momento la obra de Hermann Künig von Vach, monje alemán de la Orden de los Siervos de María. En 1495 publicó Die Walfart und Straßzu Sant Jacob, una pequeña guía destinada a los peregrinos alemanes del Sacro Imperio Romano Germánico. El camino de los alemanes comenzaba en Einsiedeln, hoy Suiza; y tras pasar por Compostela se regresaría a Aquisgrán. La obra describía el recorrido desde Einsiedeln, en la actual Suiza, hasta Santiago de Compostela, junto con un itinerario diferente para regresar hacia Aquisgrán, Alemania.

Es probable que se sugiera el inicio en Einsiedeln por contar con una Abadía de extraordinaria importancia y por tanto de numerosos servicios religiosos. El peregrino alemán necesitaba de una serie de documentos que podían ser expedidos en la citada Abadía. Así, debía portar una autorización de un confesor para confesarse y recibir la absolución en cualquier otro lugar durante la peregrinación; una autorización para continuar el viaje con pecados todavía sin confesar hasta encontrar un sacerdote que comprendiera alemán y por último una carta de peregrinación o Wallfahrtsbrief, expedida por el confesor, que acreditaba su condición de peregrino y lo recomendaba ante monasterios, iglesias, hospitales y otras instituciones religiosas del camino. A mayores de esta documentación básica, los peregrinos de mayor posición podían llevar además salvoconductos y todo tipo de cartas de recomendación de príncipes, obispos o personas de relevancia. Y al respecto, aunque el pueblo germánico no es especialmente destacado por su picaresca, si destacan, sin embargo, peregrinos de otras nacionalidades que viajaban con documentos falsos. Hay uno localizado que se presentó en Mondoñedo con un salvoconducto del emperador de Constantinopla medio siglo después de que la zona ya hubiera sido conquistada por Mehmet II.

La guía fue escrita en verso. Los especialistas han considerado limitada su calidad poética destacando que la rima facilitaba la memorización de los nombres, las distancias, los hospitales, los alojamientos, las fuentes y los principales puntos del itinerario. En una sociedad donde buena parte de los viajeros carecía de formación escrita, el verso permitía aprender y transmitir oralmente la información.

La imprenta había aparecido en Europa pocas décadas antes. La difusión del nuevo sistema hizo posible que una obra breve y práctica alcanzara una circulación mucho mayor que la de los antiguos manuscritos. La guía de Künig fue reimpresa varias veces entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, lo que muestra la existencia de un público interesado en viajar desde Alemania hasta Compostela.

Itinerario alternativo

Los caminos medievales carecían de la definición actual. No existían mapas de carreteras precisos, señales uniformes o rutas cerradas. El viajero avanzaba de una localidad a otra y elegía el recorrido según el estado del terreno, las condiciones climáticas, la seguridad, los conflictos y las informaciones recibidas durante el trayecto.

Künig realizó su peregrinación sin conocer previamente todos los caminos que después recomendó. Cuando indica que una ruta resulta más cómoda que otra, debió utilizar informaciones facilitadas por habitantes locales. Y aquí radica la gran importancia puesto que su ruta se separa del camino francés en alguna ocasión. Así encontramos un itinerario alternativo entre León y Ponferrada, y otro para sortear la Sierra de los Ancares y que culmina en Lugo. En este último caso, Kuning señala que su ruta se aparta del camino occidental, proponiendo otro directo y más corto, que además pasa por Lugo. Y pone especial énfasis en este aspecto para que no se tome el otro camino.

Después tienes tres millas hasta Cacabelos

y otras cinco millas hasta Villafranca.

Bebe allí el vino con prudencia,

pues a más de uno le quema el corazón

hasta apagarlo como una vela.

Después deberás cruzar un puente. Ahora debes comprender bien una cosa:

cuando llegues al Allefaber,

déjalo a tu izquierda

y junto al puente toma el camino de la derecha.

Tras unas dos millas encontrarás enseguida una aldea.

Después deberás continuar otras cinco millas.

Encontrarás entonces una aldea situada

sobre una montaña muy escarpada.

Después de cuatro millas llegarás a la ciudad de Lugo.

Detrás de un puente hay unos baños termales.

La ciudad está construida de una manera singular,

como cualquiera puede comprobar.

Junto a los baños debes cruzar un puente,

ese es mi consejo.

Después tienes nueve millas hasta una ciudad en ruinas.

Allí encontrarás un hospital de escaso valor.

Tras otras diez millas encontrarás Santiago,

cuando te haya sido concedido llegar hasta allí,

concretamente a la ciudad de Compostela,

hacia la que se dirige más de un buen peregrino.

El camino de los alemanes es denominado hoy Vía Küning. La obra de Hermann Künig es hoy ampliamente estudiada gracias a los trabajos del Centro de Estudios Vía Künig y especialmente a los del historiador Javier Gómez Vila que los mantiene vivos y actuales. No obstante, en un contexto más amplio y aprovechando la capitalidad de Lugo, bien se podría hoy rendir homenaje también a los antiguos territorios del Sacro Imperio Romano, principalmente en las zonas germanas de Alemania, Austria y Suiza (hay muchas más). No en vano el Rey Carlos I de España, fue también emperador del Sacro Imperio Romano Germánico; y tal vez la vía Küning admita el sobrenombre de Camino Imperial de Santiago, o camino de los alemanes.

 Hacia 1430 el fenómeno de la peregrinación a Santiago de Compostela en Alemania era tremendo. Algunos hacían parte del camino en barcos fluviales y otros aprovechaban el regreso para visitar otros lugares como Montserrat o incluso regresar dando una vuelta por Italia  

Durante siglos, numerosos peregrinos procedentes de los territorios germánicos atravesaron Europa para llegar hasta Santiago de Compostela. Viajaban por religiosidad, penitencia, prestigio social, aventura caballeresca, curiosidad o deseo de conocer otros territorios. La historia de este camino debe situarse dentro del amplio marco político y cultural del Sacro Imperio Romano Germánico. Un espacio político que enraíza con la coronación de Carlomagno como emperador durante la Navidad del año 800 en Aquisgrán, y que permanecerá en pie durante un milenio.

Las peregrinaciones a Compostela comienzan en tiempos en los que la cristiandad europea vivió en un escenario de conflictos y tensiones constantes con diferentes poderes musulmanes. En el oeste de Europa los árabes que llegan a Poitiers y en el este los turcos que llegarían a cercar Viena; además de los numerosos conflictos navales en el mediterráneo. Y en este contexto medieval, adquieren una enorme importancia las peregrinaciones a Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela. Las tres ciudades formaban los grandes destinos religiosos de la Europa cristiana.

Los habitantes de los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico comenzaron a viajar hacia Compostela en fechas tempranas. Se destaca incluso el gran interés de peregrinos provenientes de Los Países Bajos. Durante los siglos XII, XIII y XIV aparecen vinculadas también con el mundo de los caballeros andantes. Un viajero destacado será Ulrico II de Celje, sobrino de Segismundo de Luxemburgo, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Rey de Hungría, Croacia, Bohemia y Rey de los Romanos. Ulrico esperaba heredar algún título del tío y emprendió un viaje a España acompañado por un séquito de caballeros andantes y escuderos, propio de las aventuras de Don Quijote. Hacia 1430 el fenómeno en Alemania era tremendo. Algunos hacían parte del camino en barcos fluviales y otros aprovechaban el regreso para visitar otros lugares como Montserrat o incluso regresar dando una vuelta por Italia.

Encontramos estas referencias en la obra del gran incunabulista alemán, Konrad Haebler: “El libro de peregrinación de Hermannus Künig von Vach y las peregrinaciones de los alemanes a Santiago de Compostela”. Haebler incluso identifica a la primera mujer alemana peregrina, Richargard (o Richardis) von Sponheim, esposa de Rodolfo I, un noble encargado de las fronteras del norte.

El principal testimonio de esta peregrinación es hasta el momento la obra de Hermann Künig von Vach, monje alemán de la Orden de los Siervos de María. En 1495 publicó Die Walfart und Straßzu Sant Jacob, una pequeña guía destinada a los peregrinos alemanes del Sacro Imperio Romano Germánico. El camino de los alemanes comenzaba en Einsiedeln, hoy Suiza; y tras pasar por Compostela se regresaría a Aquisgrán. La obra describía el recorrido desde Einsiedeln, en la actual Suiza, hasta Santiago de Compostela, junto con un itinerario diferente para regresar hacia Aquisgrán, Alemania.

Es probable que se sugiera el inicio en Einsiedeln por contar con una Abadía de extraordinaria importancia y por tanto de numerosos servicios religiosos. El peregrino alemán necesitaba de una serie de documentos que podían ser expedidos en la citada Abadía. Así, debía portar una autorización de un confesor para confesarse y recibir la absolución en cualquier otro lugar durante la peregrinación; una autorización para continuar el viaje con pecados todavía sin confesar hasta encontrar un sacerdote que comprendiera alemán y por último una carta de peregrinación o Wallfahrtsbrief, expedida por el confesor, que acreditaba su condición de peregrino y lo recomendaba ante monasterios, iglesias, hospitales y otras instituciones religiosas del camino. A mayores de esta documentación básica, los peregrinos de mayor posición podían llevar además salvoconductos y todo tipo de cartas de recomendación de príncipes, obispos o personas de relevancia. Y al respecto, aunque el pueblo germánico no es especialmente destacado por su picaresca, si destacan, sin embargo, peregrinos de otras nacionalidades que viajaban con documentos falsos. Hay uno localizado que se presentó en Mondoñedo con un salvoconducto del emperador de Constantinopla medio siglo después de que la zona ya hubiera sido conquistada por Mehmet II.

La guía fue escrita en verso. Los especialistas han considerado limitada su calidad poética destacando que la rima facilitaba la memorización de los nombres, las distancias, los hospitales, los alojamientos, las fuentes y los principales puntos del itinerario. En una sociedad donde buena parte de los viajeros carecía de formación escrita, el verso permitía aprender y transmitir oralmente la información.

La imprenta había aparecido en Europa pocas décadas antes. La difusión del nuevo sistema hizo posible que una obra breve y práctica alcanzara una circulación mucho mayor que la de los antiguos manuscritos. La guía de Künig fue reimpresa varias veces entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, lo que muestra la existencia de un público interesado en viajar desde Alemania hasta Compostela.

Los caminos medievales carecían de la definición actual. No existían mapas de carreteras precisos, señales uniformes o rutas cerradas. El viajero avanzaba de una localidad a otra y elegía el recorrido según el estado del terreno, las condiciones climáticas, la seguridad, los conflictos y las informaciones recibidas durante el trayecto.

Künig realizó su peregrinación sin conocer previamente todos los caminos que después recomendó. Cuando indica que una ruta resulta más cómoda que otra, debió utilizar informaciones facilitadas por habitantes locales. Y aquí radica la gran importancia puesto que su ruta se separa del camino francés en alguna ocasión. Así encontramos un itinerario alternativo entre León y Ponferrada, y otro para sortear la Sierra de los Ancares y que culmina en Lugo. En este último caso, Kuning señala que su ruta se aparta del camino occidental, proponiendo otro directo y más corto, que además pasa por Lugo. Y pone especial énfasis en este aspecto para que no se tome el otro camino.

Después tienes tres millas hasta Cacabelos

y otras cinco millas hasta Villafranca.

Bebe allí el vino con prudencia,

pues a más de uno le quema el corazón

hasta apagarlo como una vela.

Después deberás cruzar un puente. Ahora debes comprender bien una cosa:

cuando llegues al Allefaber,

déjalo a tu izquierda

y junto al puente toma el camino de la derecha.

Tras unas dos millas encontrarás enseguida una aldea.

Después deberás continuar otras cinco millas.

Encontrarás entonces una aldea situada

sobre una montaña muy escarpada.

Después de cuatro millas llegarás a la ciudad de Lugo.

Detrás de un puente hay unos baños termales.

La ciudad está construida de una manera singular,

como cualquiera puede comprobar.

Junto a los baños debes cruzar un puente,

ese es mi consejo.

Después tienes nueve millas hasta una ciudad en ruinas.

Allí encontrarás un hospital de escaso valor.

Tras otras diez millas encontrarás Santiago,

cuando te haya sido concedido llegar hasta allí,

concretamente a la ciudad de Compostela,

hacia la que se dirige más de un buen peregrino.

El camino de los alemanes es denominado hoy Vía Küning. La obra de Hermann Künig es hoy ampliamente estudiada gracias a los trabajos del Centro de Estudios Vía Künig y especialmente a los del historiador Javier Gómez Vila que los mantiene vivos y actuales. No obstante, en un contexto más amplio y aprovechando la capitalidad de Lugo, bien se podría hoy rendir homenaje también a los antiguos territorios del Sacro Imperio Romano, principalmente en las zonas germanas de Alemania, Austria y Suiza (hay muchas más). No en vano el Rey Carlos I de España, fue también emperador del Sacro Imperio Romano Germánico; y tal vez la vía Küning admita el sobrenombre de Camino Imperial de Santiago, o camino de los alemanes.

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