Hay discos que, de pronto, asoman como una revelación. Cuando y por donde menos se los espera. Son un destello inopinado, un haz de luz en mitad del desconcertante territorio de neblinas por el que deambulamos tantas veces. Pa es uno de ellos. Y no abundan, así que regálense un escucha intensiva y pormenorizada. Desde la polifonía vocal de la breve y lindísima pieza introductoria, ‘Ses porgueres’, que podría pasar por una canción de cuna, queda claro que se avecina un trabajo de compromiso con la tierra y la raíz, con la herencia y la conciencia de que somos un mero eslabón. Con esa hermosura clarividente que lleva mucho tiempo ya brotando en las orillas mediterráneas.
Hay discos que, de pronto, asoman como una revelación. Cuando y por donde menos se los espera. Son un destello inopinado, un haz de luz en mitad del desconcertante territorio de neblinas por el que deambulamos tantas veces. Pa es uno de ellos. Y no abundan, así que regálense un escucha intensiva y pormenorizada. Desde la polifonía vocal de la breve y lindísima pieza introductoria, ‘Ses porgueres’, que podría pasar por una canción de cuna, queda claro que se avecina un trabajo de compromiso con la tierra y la raíz, con la herencia y la conciencia de que somos un mero eslabón. Con esa hermosura clarividente que lleva mucho tiempo ya brotando en las orillas mediterráneas. Seguir leyendo EL PAÍS
