Ilustración y conversación

“Cada hombre lleva en sí la forma entera de su humana condición”. Michel de Montaigne

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 Reseña del libro Antes de perder el juicio, de Mauricio García Villegas  

“Cada hombre lleva en sí la forma entera de su humana condición”. Michel de Montaigne

Empecemos por lo obvio: aquellos que estén tranquilos y satisfechos con el estado de cosas en el mundo no tienen por qué leer el más reciente libro de Mauricio García Villegas. Antes de perder el juicio. Una apuesta por la razón en medio del delirio es un ensayo intenso, ilustrado y sincero sobre los retos y las complejas problemáticas que enfrentamos como sociedad. Hay diagnósticos, cifras y reflexiones profundas y estructurales, pero, y el título lo prevé, el texto no es ni la narración de una profecía catastrófica que nos postra y amarra ni un manual de autoayuda para maquillar la oscuridad que avanza.

En esta ocasión, García Villegas retoma algunos de los temas centrales de sus ensayos anteriores, como lo son la relación entre instituciones y cultura, Normas de papel y La eficacia simbólica del derecho, y el rol central de las emociones en el desarrollo y desempeño de nuestra historia y de nuestros sistemas políticos, El país de las emociones tristes y El viejo malestar del nuevo mundo, pero los amplía, problematiza y complementa con la irrupción de las redes sociales, los algoritmos, la inteligencia artificial y los neopopulismos de derecha e izquierda.

Como buen profesor, el autor evita caer en el sensacionalismo efectista que sugiere que la crisis actual es inédita y única y nos lleva por un recorrido histórico, político y filosófico que describe las amenazas que se han ensañado contra la verdad y la razón desde los tiempos de los sofistas hasta los recientes triunfos del trumpismo. Con particularidades y nuevos poderes, esta tensión crítica es la puesta en escena de una confrontación ancestral y repetida.

Desde muy temprano, García Villegas deja clara su gran preocupación: “Estamos renunciando al ideal de los ilustrados del siglo XVIII según el cual una sociedad basada en el conocimiento, la racionalidad, la verdad y el debate democrático es mejor que otra en la que nada de eso importa”. Y es verdad que suena extraña una defensa de la Ilustración empezando el segundo cuarto del siglo XXI ya que, desde el romanticismo y el conservadurismo, pasando por Marx, Freud y la Escuela de Frankfurt y desembocando en la postmodernidad y el multiculturalismo, se ha atacado, no sin razón, el proyecto ilustrado con insistencia y hasta agresividad. Ser antiilustrado ha sido moda, recurso y sistema. “Nada más occidental que atacar a Occidente”, le oí decir al autor en el lanzamiento de su libro en Otraparte, la casa de Fernando González.

La defensa de la razón ilustrada, no de la modernidad de la que el autor es crítico, que se desarrolla en el ensayo, parte de los vacíos, faltantes y las contradicciones de los pensadores principales de la corriente, pero, sobre todo, de tomarse muy en serio las críticas de las escuelas antes mencionadas. Al hombre racional y calculador poseedor de derechos se enfrenta un sujeto con fuertes raíces culturales, sociales y religiosas. Un ser movido por emociones, intuición y mística. Hombres y mujeres con voluntad de poder y reconocimiento, pero también sometidos a fuerzas materiales, a superestructuras de poder externas y al sinuoso inconsciente que actúa desde lo más íntimo. Ese sujeto complejo, cambiante y atravesado por historia, cultura, genética, azar y sociedad tiene, no obstante, la capacidad de razonar, de entender y de comunicar sus emociones y sus búsquedas y desde ahí la posibilidad de conectarse, de construir y de colaborar con cualquier miembro de la especie.

En línea con esta idea central y en apoyo a su argumentación, Mauricio García V. hace uso de un abanico amplio y heterogéneo de bibliografía: textos científicos, filosóficos y políticos de todas las épocas, diarios de viajes, obra pictórica, mitos, fábulas, prosa literaria, poesía y, en una apuesta audaz y original, 8 “entremeses” en los que abandona el ensayo y se aventura en la ficción. En estos textos que se distribuyen por todo el libro se recrean animados debates entre estudiantes universitarios, conversaciones con personajes como Teilhard de Chardin, un viaje al futuro de Alexis de Tocqueville, la visita de Rousseau a Hume en Londres y reflexiones sobre el uso de la tecnología para controlar los impulsos agresivos de la especie humana y para identificar la fecha y hora de la muerte propia.

En una época en la que las diferencias parecieran convertirse en murallas o grietas insalvables y a quien piensa distinto se le gradúa de enemigo mortal, es necesario recuperar la reflexión humanista y la capacidad de buscar aquello que nos hace a todos miembros de una misma especie y, por ende, nos une. En momentos en que pareciéramos presa de inmensos poderes que fracturan y aíslan, insistir en la más vieja de las tecnologías humanas, la conversación, es un acto urgente y hasta revolucionario. Este ensayo, además de un animado y bien escrito texto sobre historia, política, psicología y filosofía, es un llamado al encuentro con los otros.

En palabras del autor: “…cuando esas personas (quienes piensan distinto, creen en dioses distintos, se desprecian y hasta se odian), se encuentran, se miran y entablan una conversación, están, en términos generales, más cerca de llegar a acuerdos, de cooperar o de bajar sus armas, que si nunca se ven y nunca se hablan”.

Tenemos mucho más en común que aquello que nos separa. Así de sencillo.

 EL PAÍS

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