En algunas películas del oeste, los personajes no inundados por la testosterona, aquellos que no eran unos vaqueros toscos dados al whisky, solían beber zarzaparrilla. Eran el hazmerreír del saloon y la petición solía anteceder a insultos o menosprecios. Belle And Sebastian serían bebedores de zarzaparrilla entre los que consideran su música cursi, blanda y bobalicona, música carente de fuerza y cantada como si un niño estuviese pidiendo permiso para vivir. Para otras personas, aquellas que en la noche del viernes poblaron el Poble Espanyol, el grupo de Glasgow es el autor del disco de su vida, como comentaban unos amigos cerca de una barra; ese disco que iluminó su juventud en los noventa y que con su mezcla de tristeza, esperanza y melancolía expresada en el tono que ayuda a que estos sentimientos alcancen el alma, iluminaron años que no por lejanos han caído en el olvido.
El grupo escocés repartió candor y melancolía celebrando los 30 años de su segundo disco, ‘If You’re Feeling Sinister’ EL PAÍS
