Hay voces que envejecen. Y hay voces que, sencillamente, permanecen. La de Tony Bennett pertenece a esa estirpe de artistas que nunca parecieron seguir el paso del tiempo, sino caminar unos metros por delante de él. El 3 de agosto se cumple un siglo de su nacimiento y la efeméride invita a recordar no solo a uno de los grandes intérpretes estadounidenses del siglo XX, sino también al hombre que logró mantener vivo el gran cancionero clásico cuando el mundo ya bailaba a otro ritmo.
Nacido en 1926 en el barrio neoyorquino de Queens con el nombre de Anthony Dominick Benedetto, Bennett conoció la pobreza de la Gran Depresión, combatió en la Segunda Guerra Mundial y regresó a casa dispuesto a dedicarse a la música. Bob Hope descubrió su talento y le sugirió un nombre artístico que terminaría convirtiéndose en leyenda. A partir de ahí llegaron los primeros éxitos y, sobre todo, una forma de cantar basada menos en el virtuosismo que en la emoción contenida.
Su carrera conoció el esplendor de los años cincuenta y sesenta, cuando canciones como «Because of You», «Rags to Riches» o la inmortal «I Left My Heart in San Francisco» lo situaron entre las grandes voces de América. Pero, a diferencia de muchos contemporáneos, Bennett no quedó atrapado en la nostalgia. Sobrevivió a la irrupción del rock, a la música disco, al pop y a la revolución digital sin renunciar jamás a su identidad. Mientras otros perseguían las modas, él defendía el repertorio de George Gershwin, Cole Porter o Irving Berlin como si se tratara de un patrimonio nacional.
Quizá su mayor hazaña llegara cuando parecía improbable. En los años noventa, gracias a una inteligente estrategia que lo acercó a las nuevas generaciones —incluida una celebrada actuación en la MTV—, Tony Bennett dejó de ser un cantante para convertirse en un símbolo de elegancia. Más tarde llegarían sus discos de duetos con artistas tan distintos como Amy Winehouse, Aretha Franklin, Michael Bublé o Lady Gaga, demostrando que el talento no entiende de edades ni de géneros musicales.
En 2021 anunció que padecía alzhéimer. Sin embargo, siguió subiendo a los escenarios durante un tiempo con una dignidad conmovedora. La música parecía abrir un espacio de memoria allí donde la enfermedad comenzaba a borrar los recuerdos. Falleció en 2023, a los 96 años, pero dejó tras de sí algo más que una discografía ejemplar: la certeza de que interpretar una canción también puede ser un ejercicio de honestidad.
En un siglo marcado por la velocidad, Tony Bennett representó la pausa; frente al espectáculo, la sobriedad; frente a lo efímero, la permanencia. Quizá por eso, cien años después de su nacimiento, sigue sonando menos como una reliquia del pasado que como el último gran caballero de la canción.
El gran crooner nació el 3 de agosto de 1926 en el neoyorquino barrio de Queens Música, Cultura, Home La Razón Noticias sobre Música en La Razón
