Quién no conoce «Dancing Queen». El paso de las décadas no solo no ha desvanecido su recuerdo, sino que, muy al contrario, lo ha magnificado hasta consolidar el himno de ABBA como una de las mayores creaciones pop de esta era. Como sucede con todos los clásicos de la música popular, y este lo es, hay una gran historia detrás con un buen cúmulo de decisiones y casualidades ocurridas antes del éxito. Por encima de todo, ABBA siempre supo que tenía un éxito entre manos casi desde el primer momento en el que la comenzaron a grabar. A principios de agosto de 1975, el grupo sueco acababa de terminar una gira de verano por su país. Sin embargo, eran tiempos diferentes a los de ahora: la industria pedía más y más. Girar, componer y grabar era una rueda imparable. La banda tenían muy poco tiempo para descansar y ya tenía que grabar nuevo material. Tras su éxito arrollador con «Waterloo» el año anterior, había lanzado su tercer álbum, titulado simplemente «ABBA», en la primavera de 1975, con éxitos como «SOS» y «Mamma Mia». En aquel verano, el dúo Andersson/Ulvaeus ya estaba trabajando en nuevo material incluso antes de terminar la gira. Ahora se cumplen 50 años desde su publicación y Universal ha decidido celebrarlo con una reedición especial con dos ediciones en vinilo: una limitada con purpurina y la clásica en negro. Las dos han sido remasterizadas en los míticos estudios Abbey Road para deleite de quienes han admirado durante tanto tiempo esta gema atemporal cuya grabación fue un auténtico parto.
El 4 de agosto, Björn y Benny entraron en los estudios Glen, ubicados en las afueras de Estocolmo, para pasar dos días grabando pistas instrumentales junto a músicos de sesión. Llevaban consigo las melodías de tres nuevas canciones, todas con letras sin sentido y títulos igualmente tentativos. Una de ellas se llamaba «Tango», pero más tarde se convertiría en «Fernando». Otra tenía el título provisional de «Olle Olle», pero quedó inédita. La tercera composición la titularían «Boogaloo», sugiriendo que tendría algo que ver con ritmos de baile, que tan de moda estaban entonces. Y esa sería precisamente la canción que finalmente se convertiría en «Dancing Queen».
El éxito no nació de un pequeño brote de inspiración. Hubo un arduo trabajo detrás. Björn y Benny pasaron mucho tiempo pensando sobre cómo lograr el ambiente bailable que buscaban sin perder la esencia del sonido ABBA. Debía ser pop, pero con un aroma disco subyacente. Para inspirarse, recurrieron al éxito de George McCrae de 1974 llamado «Rock Your Baby», una grabación pionera en su género. La influencia rítmica adicional provino de la batería del álbum Gumbo, de 1972, obra del maravilloso de Dr. John. Era uno de los sonidos favoritos del músico de sesión de ABBA Roger Palm y del ingeniero Michael B. Tretow.
Con esta idea en mente, el dúo compositor creó una base rítmica sólida para la canción compuesta por batería, bajo, guitarra y teclados. A pesar de su sencillez, esta primera etapa de la grabación bastó para provocar una fuerte reacción emocional en Frida. «Benny llegó a casa con una cinta de la base rítmica y me la puso. Me pareció tan increíblemente hermosa que me eché a llorar», diría. Finalmente fue Agnetha quien asumió el papel de la reina del baile. Sin embargo, la grabación tardaría varios meses en completarse. Es notable conocer que ABBA trabajaba muy rápido a pesar de poseer un sonido tan sofisticado y con tantas capas, pero no fue el caso de «Dancing Queen», quien cumpliría un larguísimo proceso antes de ser completada como luego se conoció. Fue el mánager de ABBA, Stig Anderson, quien ideó el título escribiendo la letra en colaboración con Björn. Ya en septiembre, Agnetha y Frida añadieron sus voces a la canción. Pero incluso en diciembre de 1975, Björn y Benny seguían trabajando obsesivamente en mejorar la grabación. Querían la canción perfecta.
Casualmente, tanto «Fernando» como «Dancing Queen» se terminaron casi al mismo tiempo. ABBA quería lanzar un nuevo sencillo en marzo de 1976 y no sabía cuál elegir. Eran conscientes de que ambas tenían un gran potencial de éxito. Sin embargo, Stig Anderson insistió en que «Fernando» era la canción adecuada en ese momento. Se trataba de una balada parecía un contraste refrescante con el sencillo anterior, el animado «Mamma Mia», y Björn y Benny finalmente estuvieron de acuerdo con él. «Dancing Queen» tendría que esperar otros cinco meses antes de llegar a las tiendas de discos.
Otra curiosidad es que la canción se presentaría en algunas partes del mundo mucho antes de su lanzamiento como sencillo. A finales de enero de 1976, ABBA grabó un especial de televisión en Alemania, donde interpretaron «Dancing Queen». En marzo, durante una visita a Australia, grabaron una segunda interpretación del tema. Esta se incluyó en un especial de televisión titulado «ABBA en Australia», que se emitiría en otros países. Fue el 16 de agosto de 1976 cuando el sencillo «Dancing Queen» finalmente llegó a todas las tiendas de Suecia. En la cara B se incluía la canción «That’s Me», grabada durante las sesiones de su próximo álbum, titulado «Arrival». La portada del disco mostraba a ABBA posando con sombreros blancos, una imagen que se convertiría en una de las más icónicas del grupo. La fotografía fue tomada por Ola Lager, responsable de muchas portadas de sencillos y álbumes del grupo.
«Dancing Queen» sería un éxito imediato. Alcanzaría el número uno en las listas de éxitos de todo el mundo. Un clásico instantáneo. En abril de 1977, se convertiría en el primer y único número uno de ABBA en Estados Unidos. No solo es la grabación más famosa de ABBA, sino que está considerada una de las mejores canciones pop de todos los tiempos. Ellos nunca dudaron de que tenían algo realmente bueno entre manos, como recordaría Agnetha: «Es difícil saber cuándo se está creando un éxito, no siempre se intuye. Dancing Queen fue una excepción. Supimos de inmediato que iba a ser un éxito rotundo».
Una interpretación real
De vuelta a Suecia tras varios compromisos promocionales, y antes de la publicación de «Dancing Queen» como single, la canción también se presentó al público unos meses antes del lanzamiento del sencillo y con motivo de una ocasión muy especial. Sería el 19 de junio de 1976, con motivo de la celebración de la boda del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia y Silvia Sommerlath. El día anterior a la boda, el 18 de junio, tuvo lugar una gala televisada en su honor en la Ópera Real Sueca de Estocolmo. ABBA, como único representante del pop, fue invitado y optó por interpretar su próximo sencillo. Para la ocasión, se vistieron con trajes barrocos, en un intento irónico de encajar con el ambiente solemne de la gala.
Se cumplen 50 años desde la edición del clásico de ABBA y Universal lo celebra con dos ediciones especiales de una canción que le costó sangre, sudor y lágrimas al grupo Música, Cultura, Home La Razón Noticias sobre Música en La Razón
