El extraño verano del 75: cuando los militares se rebelaron contra el franquismo

Susana Fortes (Pontevedra, 66 años), escritora, autora de Querido Corto Maltés o El amante albanés, ha escrito la odisea de su padre y de otros militares antifranquistas que se rebelaron contra el régimen de Franco cuando en Portugal colegas suyos rompían la larga historia de la dictadura portuguesa. Cincuenta años después de aquel hecho, Fortes publica en audiolibro El extraño verano del 75 (Audible). Es la autobiografía de aquella adolescente que reconstruye el verano en el que su padre, José Fortes, capitán del ejército, fue detenido de noche mientras otros militares sufrían igual persecución. Sobre este suceso, a la vez familiar y político, ella levanta el retrato de una España que se desmoronaba. En los estertores del franquismo, una red clandestina de militares luchaba por la democracia desde dentro del sistema.

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 Susana Fortes (Pontevedra, 66 años), escritora, autora de Querido Corto Maltés o El amante albanés, ha escrito la odisea de su padre y de otros militares antifranquistas que se rebelaron contra el régimen de Franco cuando en Portugal colegas suyos rompían la larga historia de la dictadura portuguesa. Cincuenta años después de aquel hecho, Fortes publica en audiolibro El extraño verano del 75 (Audible). Es la autobiografía de aquella adolescente que reconstruye el verano en el que su padre, José Fortes, capitán del ejército, fue detenido de noche mientras otros militares sufrían igual persecución. Sobre este suceso, a la vez familiar y político, ella levanta el retrato de una España que se desmoronaba. En los estertores del franquismo, una red clandestina de militares luchaba por la democracia desde dentro del sistema. Seguir leyendo  

Susana Fortes (Pontevedra, 66 años), escritora, autora de Querido Corto Maltés o El amante albanés, ha escrito la odisea de su padre y de otros militares antifranquistas que se rebelaron contra el régimen de Franco cuando en Portugal colegas suyos rompían la larga historia de la dictadura portuguesa. Cincuenta años después de aquel hecho, Fortes publica en audiolibro El extraño verano del 75 (Audible). Es la autobiografía de aquella adolescente que reconstruye el verano en el que su padre, José Fortes, capitán del ejército, fue detenido de noche mientras otros militares sufrían igual persecución. Sobre este suceso, a la vez familiar y político, ella levanta el retrato de una España que se desmoronaba. En los estertores del franquismo, una red clandestina de militares luchaba por la democracia desde dentro del sistema.

Pregunta. ¿Qué significó para su familia lo ocurrido entonces?

Respuesta. La narración arranca 29 de julio de 1975, a las seis de la mañana. Llaman al telefonillo del portal y un comando militar entra a registrar nuestra casa como si fuera un piso de terroristas. Se llevan a mi padre, capitán del Ejército. A la misma hora detienen en sus domicilios de Madrid a otros ocho militares, también de la Unión Militar Democrática, organización clandestina creada al final de la dictadura para pedir el restablecimiento de los derechos humanos y de las libertades. Lo que se encuentran en todas las casas registradas los agentes de los Servicios Secretos es el mismo paisaje familiar de niños somnolientos, descalzos y en pijama por el pasillo. No entendían por qué motivo aquellos hombres querían llevarse a su padre. Nos cambió la vida.

P. ¿Diría que El extraño verano del 75 es másuna memoria personal o la crónica de un momento decisivo de España?

R. El libro no pretende ser una epopeya sobre la Transición. Por el contrario, he intentado recrear la atmósfera viva, combativa y cálida del cuarto de estar de una familia numerosa de clase media, la mía. Hay momentos duros, claro, estamos hablando de un consejo de guerra. Pero también momentos divertidos, escenas clandestinas muy berlanguianas, encuentros con los capitanes portugueses del 25 de abril. Está escrito con humor y naturalidad, rehuyendo cualquier tipo de victimismo. Es la historia de unos niños solos ante el peligro. Pero me gusta pensar que al mismo tiempoconstruye también la radiografía sentimental de un país y una generación.

P. ¿Ustedes vivían este hecho en concreto?

R. Nosotros vivíamos en Pontevedra, una ciudad de provincias donde todo el mundo se conocía y a todas horas te cruzabas con militares, curas de sotana y matrimonios con paraguas. Algunos no sabían cómo reaccionar al vernos por la calle. Tenían miedo a sufrir represalias, y era normal. Por otro lado recibimos el apoyo de muchas personas que no esperábamos, de amigos que no sabíamos que teníamos, vecinos, abogados, profesores, periodistas, trabajadores y gente anónima que se arriesgaba a ofrecernos su ayuda con el riesgo de quedar señalados. Los valientes. Me quedo con ellos.

P. ¿Cómo lo recuerda?

R. En el momento de la detención yo estaba en Londres, en un intercambio escolar. Tardé unos días en saberlo. Pero mis hermanos [uno de ellos es el conocido periodista Xabier Fortes] recuerdan perfectamente esa madrugada. Es una de esas anécdotas fundacionales que tantas veces después hemos repetido en la sobremesas, de esas que se alargan porque nadie quiere levantarse.

P. Aquel año estuvo marcado por el miedo.

R. Claro que tuvimos miedo. A veces sonaba el teléfono de noche y alguien al otro lado del hilo nos amenazaba: “Vamos a por vosotros”, “Rojos al paredón”, “¡Viva Cristo rey!“. No siempre era la misma voz. Pero el tono era idéntico. Bronco. Otras veces no decían nada, solo se oía una respiración al otro lado y eso daba todavía más miedo. Hoy cuesta creer que pudiera haber alguien capaz de amedrentar llamando de noche a una casa en la que vivía una mujer mayor, que era mi abuela, con cinco niños. Pero así era aquel tiempo. En esa batalla nos curtimos.

P. ¿Y las mujeres? ¿Qué papel jugaron? ¿Qué supuso para su madre?

R. Mi madre de clandestinidad no tenía ni idea.Era la mujer de un militar. Pertenecía a la última generación de mujeres educadas para estar en casa. Según la legislación franquista, ella no podía sacar dinero del banco sin permiso del marido. No podía viajar al extranjero. No podía vender una propiedad. Ni siquiera podía cambiar a los niños de colegio. Si alguna vez pensó que mi padre debería haber considerado que tenía cinco hijos pequeños antes de arriesgarse a jugarse la vida y perderlo todo para cambiar el país, jamás lo dijo. Lo que hizo fue lo que hacen las mujeres del Oeste en las películas de John Ford: defender el fuerte.

P. ¿Qué influencia tuvo la detención en otros militares compañeros de su padre?

R. La mayor preocupación del régimen era que la corriente de simpatía hacia los militares demócratas se extendiera por los cuarteles. Los detenidos eran unos oficiales altamente cualificados, los primeros números de su promoción, que además de la carrera militar tenían estudios universitarios en Informática, en Ingeniería, en Filosofía y Letras, en Ciencias Políticas, en Psicología, en Derecho… Eran jóvenes, guapos. Todos tenían una hoja de servicios impecable. Habían demostrado en sus respectivos destinos la máxima competencia, sobrado valor, ejemplaridad y liderazgo moral entre la tropa, que como decía el mariscal Lyautey es el único sentido del ejercicio del mando. Eran un peligro, claro.

P. Dice que había pocos oficiales demócratas. Y que lo que ocurrió en Portugal lo cambió todo. ¿Cómo fue ese encuentro de su padre y sus compañeros con la Revolución de los Claveles?

R. Recuerdo el día en que escuchamos la canción de José Afonso, Grândola, Vila Morena, que marcó el inicio de la revolución, en el transistor Philips al volver del colegio por la emisora de Radio Renascença. De entre todos los miembros de la Unión Militar Democrática, quien aquel día 25 de abril de 1974 estaba más cerca de la frontera portuguesa era mi padre. A menos de una hora por carretera. Fue el primer oficial español que estableció contacto. La primera cita fue en Oporto con el capitán Martelo. Mi padre fue de paisano en el coche de un amigo. En el lugar convenido alguien partió por la mitad un billete de 20 escudos. Martelo se quedó con una mitad y la otra se la quedó mi padre para dársela al oficial de enlace. Dos semanas después tuvo lugar el encuentro entre el secretario de la UMD, el capitán Jesús Martín Consuegra, y un contacto civil portugués en la Plaza de España, bajo el monumento a Cervantes. Cada uno llevaba bajo el brazo un ejemplar de la revista Cambio 16. Después sacaron las dos partes del billete que encajaban en sus muescas como piezas de un puzle. Nos reímos siempre al recordarlo porque nos parece muy peliculero.

P. ¿Y este país es mejor que aquel, en el ámbito militar?

R. Sin ninguna duda. Muchísimo mejor. Tengo buenos amigos militares que se han curtido en misiones internacionales bajo el mandato de Naciones Unidas: en los Balcanes, en el Líbano, en África. Hombres y mujeres. Magníficos profesionales que hablan varios idiomas, expertos en geopolítica internacional que tienen perfectamente claro que están al servicio de la soberanía nacional. El ejército se ha modernizado. Ha evolucionado mucho más que algunos sectores de la judicatura, por ejemplo.

P. Estamos en un tiempo en el que se ve con cierta añoranza aquel periodo en el que su padre y sus compañeros buscaban una solución democrática para el futuro.

R. A veces se dice con cierto desprecio que en España el dictador murió en la cama. Es verdad. Pero también lo es que a la dictadura se la derrotó en la calle. Ningún ejército aliado vino a liberarnos como ocurrió en otros países después de la Segunda Guerra Mundial. Lo hicimos solos. Era difícil. Casi imposible. Y es verdad que no todo fue perfecto. Pero la Transición fue uno de los pocos momentos de nuestra historia en el que todos, desde distintas posiciones ideológicas, hicieron lo posible por remar juntos. Y eso es algo que hoy se echa de menos.

Creo que la memoria es una de las formas más misteriosas del amor».

Susana Fortes

P. ¿Por qué presenta el libro primero en formato audio antes que impreso?

R. Tenía dudas al principio. Pertenezco a la generación del papel. Pero por las especiales características de la historia y de la época, pensé que en este caso sería mejor hacerlo así. El audio nos ha permitido recrear la atmósfera con archivos sonoros de RTVE, incorporar voces originales, sintonías, efectos ambientales y atmosféricos que te trasladan directamente a aquellos años. Además, la voz envolvente de Neus Sendra es maravillosa. No lee, respira, vive, acompaña la narración como lo haría Sherezade. La tradición oral y la lectura forman parte de la misma corriente universal. La plataforma Audible decidió apostar por esta historia y el resultado está a la vista. Que los oyentes-lectores juzguen.

P. El olvido que seremos, de Héctor Abad, forma parte de su modo de ver aquella historia.

R. Sí, me encantó. Y lo sentí muy cercano por muchas razones. Principalmente porque creo que la memoria es una de las formas más misteriosas del amor.

 EL PAÍS

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