Pedro Moreno, el mago de las telas que ha vestido el cine y el teatro españoles

Es un personaje poliédrico, capaz de transformar imágenes y volúmenes en realidades soñadas. Quienes conocen su obra siempre se rinden ante él: “Es un genio”. Pedro Moreno (Madrid, 83 años) es simultáneamente escenógrafo, figurinista, artista plástico, dibujante… oficios que ha ejercido en la alta costura, la cartelería, el teatro, el cine, la ópera, la televisión, el ballet, el musical. Gran parte de lo que ha generado ese talento, junto con los múltiples detalles de sus procesos creativos, se puede ver reunido por primera vez en una exposición inaugurada este verano en la Biblioteca Nacional de España (BNE), donde permanecerá hasta el próximo 10 de enero, para viajar posteriormente al Museo Nacional de Artes Escénicas de Almagro (MNAE), donde recalará en 2027, ya que ambas instituciones han colaborado en la producción de la muestra.

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 Es un personaje poliédrico, capaz de transformar imágenes y volúmenes en realidades soñadas. Quienes conocen su obra siempre se rinden ante él: “Es un genio”. Pedro Moreno (Madrid, 83 años) es simultáneamente escenógrafo, figurinista, artista plástico, dibujante… oficios que ha ejercido en la alta costura, la cartelería, el teatro, el cine, la ópera, la televisión, el ballet, el musical. Gran parte de lo que ha generado ese talento, junto con los múltiples detalles de sus procesos creativos, se puede ver reunido por primera vez en una exposición inaugurada este verano en la Biblioteca Nacional de España (BNE), donde permanecerá hasta el próximo 10 de enero, para viajar posteriormente al Museo Nacional de Artes Escénicas de Almagro (MNAE), donde recalará en 2027, ya que ambas instituciones han colaborado en la producción de la muestra. Seguir leyendo  

Es un personaje poliédrico, capaz de transformar imágenes y volúmenes en realidades soñadas. Quienes conocen su obra siempre se rinden ante él: “Es un genio”. Pedro Moreno (Madrid, 83 años) es simultáneamente escenógrafo, figurinista, artista plástico, dibujante… oficios que ha ejercido en la alta costura, la cartelería, el teatro, el cine, la ópera, la televisión, el ballet, el musical. Gran parte de lo que ha generado ese talento, junto con los múltiples detalles de sus procesos creativos, se puede ver reunido por primera vez en una exposición inaugurada este verano en la Biblioteca Nacional de España (BNE), donde permanecerá hasta el próximo 10 de enero, para viajar posteriormente al Museo Nacional de Artes Escénicas de Almagro (MNAE), donde recalará en 2027, ya que ambas instituciones han colaborado en la producción de la muestra.

La exposición, titulada Pedro Moreno. Pro domo sua. Arte teatral y cinematográfico, ofrece la ocasión de observar de cerca algunas de sus creaciones más emblemáticas, como los figurines de las películas El perro del hortelano (1996) y Goya en Burdeos (1999), que le llevaron a ganar dos premios Goya al mejor vestuario, y los de la obra teatral Pelo de tormenta, por los que ganó un premio Max en 1998. Además de estas distinciones, Moreno fue reconocido en 2015 con el Premio Nacional de Teatro. Junto a ellas, una selección de su ingente trabajo a través de dibujos, bocetos, telas, colores y texturas, en los que se puede adivinar también su vieja inclinación de activista político y su incansable curiosidad por todo tipo de arte.

Comisariada por el propio creador, el trazado de la muestra ha sido proyectado por el diseñador Juan Flores, con ingenioso recorrido salpicado de elementos insólitos, originales. Se escucha también la voz del Moreno, así como entrevistas con otros artistas que lo conocen bien, como José Carlos Plaza, Ana Belén, Emma Suárez, Víctor Ullate, Natalia Menéndez… La exposición se acompaña de un esmerado catálogo editado por el MNAE, en el que aparecen numerosas creaciones y se desvelan sus recovecos creativos y personales.

Que sea la BNE la que acoge primero esta muestra es casi obligatorio, como señala Óscar Arroyo Ortega, director de la institución, quien cuenta orgulloso que esta es la segunda casa de Moreno, a la que ha donado cerca de 2.000 piezas. Ortega destaca también que es la segunda vez que la BNE acoge una muestra a un creador vivo.

Moreno no olvida las muchas horas de investigación y búsqueda pasadas en esta institución, hurgando en su ingente documentación, para situar vestuarios en contextos históricos: “En una época en la que internet era una lejana utopía, pasaba horas, días, meses encerrado en la BNE, buscando imágenes para saber cuáles eran las modas y estilos de cada época, de cada momento en que un autor situaba su obra. Lo apasionante es que cada hallazgo te llevaba a otro, y así sucesivamente. Y hasta hoy, que sigo igual, aprendiendo, explorando, buscando”. Lo hace también en museos, como el Prado, el Reina Sofía o el Thyssen. “Pero estar en este sitio, que es mi templo, mi cátedra, con una exposición, es como cerrar un círculo, aunque espero que aquí no se cierre nada, porque yo quiero seguir aprendiendo y divirtiéndome”, apunta irónico.

Moreno confiesa que se redescubre a sí mismo constantemente, como siempre ha hecho desde muy joven, cuando daba clases, casi en la posguerra, a chavales muy vulnerables en barriadas ignoradas por el gran Madrid, o cuando se incorporó al taller de alta costura del modista Elio Berhanyer, uno de los más importantes en la España del siglo XX. “Fue él quien me empujó hacia este universo en el que he estado sumergido décadas, porque decía que me tenía que dedicar a la escena. De Berhanyer he aprendido lo más importante para mi trabajo: la duda y el riesgo. Y ahí sigo, dudando siempre de lo que hay que hacer y arriesgando a la hora de hacerlo”, apostilla.

La exposición, que ya en el título avanza que es como entrar en la casa del creador, no solo muestra la producción artística de Moreno, sino que desvela el cómo y el porqué de su proceso creativo. Sobre todo en los últimos años, en los que se ha entregado a la pintura, el dibujo, la creación de minuciosos cuadernos de arte o su último y sorprendente hallazgo. En unas pequeñas piedras de río, dibuja expresivos rostros y después las superpone en fotografías de personas o cuadros famosos, de manera que los que reconvierte, dándoles otra vida, otra biografía: “Me encanta que hayan llegado aquí mis piedras, me divierte trabajarlas, a veces inspirándome en Goya. Me lo paso bomba dando otra versión de lo que se cuenta. Es una manera de bucear; puede fallarme el cuerpo, los huesos, pero estoy dispuesto a sacar hasta el último partido que haya dentro de mi cabeza”, apunta Moreno en una conversación mantenida con Ángel M. Roger, conocido investigador escénico y comisario de la exposición permanente del MNAE

Moreno es también una auténtica ONG unipersonal. Lo mismo enseña español a inmigrantes como crea becas para estudiantes de escenografía con el dinero conseguido con sus muchos premios. O se transforma, como siempre ha hecho, en activista político cada vez que le hiere la piel y el alma una injusticia. Con ese carácter, sumado a esa creatividad y su infinita curiosidad, Moreno no para nunca, olvidando hasta donde puede que tiene 83 años y unos huesos que empiezan a no respetarle. Eso sí, manteniendo siempre la imagen que le ha caracterizado durante décadas, con ropajes amplios y su seña de identidad: un sombrero que oculta una nívea y abundante cabellera.

 EL PAÍS 

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