Pedro Sánchez no ha calibrado bien la crisis en Ceuta. Mientras algún ministro afirmaba en las horas posteriores a la avalancha que la situación ya se había resuelto, y otros compartían sus preferencias culturales en redes –presidente incluido–, la realidad no ha hecho más que recrudecerse. Unas 8.000 personas migrantes permanecen hoy en la ciudad española sin saber aún su destino. La crisis ceutí deja así entrever varios puntos flacos en el discurso de la izquierda y, quizás augura también el agotamiento de su ciclo político.
La crisis ceutí deja entrever puntos flacos en el discurso progresista y quizás augura el agotamiento de su ciclo político
Pedro Sánchez no ha calibrado bien la crisis en Ceuta. Mientras algún ministro afirmaba en las horas posteriores a la avalancha que la situación ya se había resuelto, y otros compartían sus preferencias culturales en redes –presidente incluido–, la realidad no ha hecho más que recrudecerse. Unas 8.000 personas migrantes permanecen hoy en la ciudad española sin saber aún su destino. La crisis ceutí deja así entrever varios puntos flacos en el discurso de la izquierda y, quizás augura también el agotamiento de su ciclo político.
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