Tapiz de Bayeux, mil años de historia y una polémica política

No existe nada igual que haya sobrevivido de la Edad Media. Casi 70 metros de lino bordado hace cerca de mil años, 58 escenas, más de 600 personajes, 202 caballos, barcos, banquetes, cadáveres, criaturas fantásticas y hasta el cometa Halley para contar la batalla que cambió para siempre la historia de Inglaterra. El Tapiz de Bayeux es al mismo tiempo una obra de arte, un documento histórico y una extraordinaria narración visual del mundo medieval. Y ahora podrá contemplarse en el Museo Británico por primera vez en Reino Unido desde que probablemente fue confeccionado allí en el siglo XI. «No ha sobrevivido nada comparable de la Edad Media», resume Tom Nickson, especialista en arte medieval del Courtauld Institute de Londres.

La excepcionalidad explica la expectación generada por una exposición que abrirá sus puertas al público el próximo 10 de septiembre aunque este miércoles fue inaugurada ya de manera oficial por el presidente francés, Emmanuel Macron, el primer ministro británico, Andy Burnham, y Carlos III. El Museo Británico espera alrededor de un millón de visitantes durante los diez meses de préstamo, lo que la colocaría entre las muestras más populares de su historia, junto a «El primer emperador: el Ejército de Terracota de China», que recibió 800.000 visitantes en 2007-2008, y la histórica exposición «Los tesoros de Tutankamón» de 1972, que atrajo a casi 1,7 millones de personas. Cuando las primeras entradas salieron a la venta en julio, la página web colapsó ante la demanda: 40.000 personas esperaban a media mañana, casi 80.000 por la tarde y hubo colas virtuales de hasta nueve horas.

Un viaje a 1066

Para comprender semejante fascinación hay que remontarse a 1066, una fecha clave en la historia británica. El tapiz narra los acontecimientos que culminaron el 14 de octubre de aquel año en la batalla de Hastings, cuando Guillermo, duque de Normandía, derrotó al rey anglosajón Harold II y se convirtió en Guillermo el Conquistador. La invasión normanda transformó la monarquía, aristocracia, lengua, arquitectura y estructuras de poder de Inglaterra.

Técnicamente, ni siquiera es un tapiz. Se trata de hilos de lana de colores bordados sobre nueve piezas de lino unidas entre sí. Probablemente fue realizado durante la década de 1070 y, aunque su autoría continúa siendo uno de sus muchos misterios, la principal hipótesis apunta a que fue encargado por Odo, obispo de Bayeux y hermanastro de Guillermo. Lo más extraordinario es que esta joya asociada durante siglos a Francia probablemente fue confeccionada por expertas bordadoras inglesas, posiblemente en Canterbury.

Su relato funciona casi como una novela gráfica de hace mil años. Los personajes navegan, comen, cabalgan y combaten mientras pequeñas inscripciones latinas conducen la historia. Los bordes están poblados por animales y criaturas fantásticas. Hay humor, sexo, violencia y escenas de una sorprendente humanidad. Una mujer huye con su hijo mientras los normandos incendian su casa; los soldados comen antes de Hastings; los muertos aparecen decapitados y despojados de sus armaduras. «La emoción es algo difícil de conjurar mediante un bordado, pero aquí aparece todo el espectro», explica Nicholas Cullinan, director del Museo Británico.

Una flecha clavada en un ojo o no

Ni siquiera su escena más famosa está libre de interrogantes. La imagen que durante generaciones se ha interpretado como Harold muriendo con una flecha clavada en el ojo podría no ser lo que parece. Michael Lewis, medievalista, principal especialista británico en la obra y comisario de la exposición, recuerda que los dibujos más antiguos no muestran esa flecha y considera probable que fuera añadida durante una restauración posterior.

Durante siglos, el hogar del tapiz ha sido Bayeux, en Normandía. La primera referencia documental conocida aparece en un inventario de 1476 de la catedral de la ciudad, donde se describe un largo tejido que representaba la conquista de Inglaterra. Allí se exhibía durante la Fiesta de las Reliquias. Desde 1983 se encontraba en el Museo del Tapiz de Bayeux, instalado verticalmente a la altura de los ojos dentro de una gran vitrina en forma de U.

En Londres se verá de una manera radicalmente distinta: completamente extendido, en horizontal y formando una única línea de casi 70 metros, probablemente por primera vez en su historia.

No se trata de una decisión estética. Los estudios de conservación determinaron que mantener durante décadas un tejido tan antiguo suspendido verticalmente sometía las fibras a una tensión innecesaria por efecto de la gravedad. La curva de la vitrina en forma de U también ejercía presión sobre determinadas zonas. Por eso, Francia impuso como condición del préstamo que en Londres permaneciera tumbado. Una vitrina de cristal y metal de unos 70 metros, probablemente la más larga construida nunca para un museo, ha sido diseñada expresamente para albergarlo.

Los visitantes acceden desde una pasarela elevada que permitirá contemplar primero toda su monumental longitud antes de acercarse a las escenas. Sólo dispondrán de 40 minutos y la exposición estará sometida además a un estricto «presupuesto de luz»: un tejido de casi mil años no puede permanecer indefinidamente iluminado sin deteriorarse.

Moverlo hasta Londres ha sido casi tan extraordinario como exponerlo. El tapiz conserva 24.204 manchas, 16.445 arrugas, 9.646 pérdidas de tejido o bordado y 30 desgarros sin estabilizar. El operativo necesitó años de preparación. Un equipo de unas 90 personas retiró el bordado de su antigua vitrina y lo transfirió milimétricamente a un enorme biombo móvil de 28 paneles articulados. Después fue plegado en acordeón, protegido con capas de acolchado y encerrado primero en una carcasa metálica y posteriormente dentro de dos cajas especiales. La exterior incorporaba un sistema de amortiguadores para absorber golpes y vibraciones.

Antes de arriesgar el original se hicieron dos viajes completos con una réplica. Sensores midieron segundo a segundo humedad, temperatura, aceleración, presión y vibraciones. Finalmente, durante la noche del 9 al 10 de julio, un camión climatizado llevó el tapiz hasta Calais, cruzó el Canal de la Mancha en LeShuttle y continuó desde Folkestone hasta Londres escoltado por la Policía. Llegó al Museo Británico poco antes de las tres de la madrugada. Desplegarlo llevó otras 18 horas.

Traslado sin daños

«No existe ninguna evidencia de que haya sufrido daño alguno. Ha viajado realmente bien», aseguró después Lewis. La entonces ministra francesa de Cultura pudo comprobar personalmente su estado y proclamó que había llegado en condiciones «maravillosas».

El viaje culmina además una operación diplomática que ha necesitado más de una década. Los británicos llevaban al menos un siglo intentando conseguir el préstamo: Francia rechazó cinco peticiones desde 1931, incluida una para la coronación de Isabel II en 1953. Lewis volvió a plantearlo en 2013 al conocer los planes para reformar el museo de Bayeux. Macron ofreció finalmente el préstamo a Theresa May en 2018, en plena tensión del Brexit, pero después llegaron los cambios de Gobierno, la pandemia y unas relaciones especialmente difíciles durante los mandatos de Boris Johnson y Liz Truss. El acuerdo definitivo no se cerró hasta 2025.

A cambio, Reino Unido enviará a Normandía algunos de los grandes tesoros del Museo Británico, incluido el casco de Sutton Hoo y las piezas de ajedrez de Lewis. Para Cullinan, la exposición constituye «un momento cultural nacional» y también «una pieza de diplomacia internacional». Una obra probablemente confeccionada por manos inglesas para narrar una conquista francesa, conservada durante casi mil años en Normandía, regresa así temporalmente al lugar donde nació. Como dice Lewis: «Para los británicos, tener la oportunidad de verla aquí es una especie de regreso a casa.

 Tras dejar Francia a regañadientes, la pieza medieval, única, aterriza en Gran Bretaña por un tiempo  

No existe nada igual que haya sobrevivido de la Edad Media. Casi 70 metros de lino bordado hace cerca de mil años, 58 escenas, más de 600 personajes, 202 caballos, barcos, banquetes, cadáveres, criaturas fantásticas y hasta el cometa Halley para contar la batalla que cambió para siempre la historia de Inglaterra. El Tapiz de Bayeux es al mismo tiempo una obra de arte, un documento histórico y una extraordinaria narración visual del mundo medieval. Y ahora podrá contemplarse en el Museo Británico por primera vez en Reino Unido desde que probablemente fue confeccionado allí en el siglo XI. «No ha sobrevivido nada comparable de la Edad Media», resume Tom Nickson, especialista en arte medieval del Courtauld Institute de Londres.

La excepcionalidad explica la expectación generada por una exposición que abrirá sus puertas al público el próximo 10 de septiembre aunque este miércoles fue inaugurada ya de manera oficial por el presidente francés, Emmanuel Macron, el primer ministro británico, Andy Burnham, y Carlos III. El Museo Británico espera alrededor de un millón de visitantes durante los diez meses de préstamo, lo que la colocaría entre las muestras más populares de su historia, junto a «El primer emperador: el Ejército de Terracota de China», que recibió 800.000 visitantes en 2007-2008, y la histórica exposición «Los tesoros de Tutankamón» de 1972, que atrajo a casi 1,7 millones de personas. Cuando las primeras entradas salieron a la venta en julio, la página web colapsó ante la demanda: 40.000 personas esperaban a media mañana, casi 80.000 por la tarde y hubo colas virtuales de hasta nueve horas.

Un viaje a 1066

Para comprender semejante fascinación hay que remontarse a 1066, una fecha clave en la historia británica. El tapiz narra los acontecimientos que culminaron el 14 de octubre de aquel año en la batalla de Hastings, cuando Guillermo, duque de Normandía, derrotó al rey anglosajón Harold II y se convirtió en Guillermo el Conquistador. La invasión normanda transformó la monarquía, aristocracia, lengua, arquitectura y estructuras de poder de Inglaterra.

Técnicamente, ni siquiera es un tapiz. Se trata de hilos de lana de colores bordados sobre nueve piezas de lino unidas entre sí. Probablemente fue realizado durante la década de 1070 y, aunque su autoría continúa siendo uno de sus muchos misterios, la principal hipótesis apunta a que fue encargado por Odo, obispo de Bayeux y hermanastro de Guillermo. Lo más extraordinario es que esta joya asociada durante siglos a Francia probablemente fue confeccionada por expertas bordadoras inglesas, posiblemente en Canterbury.

Su relato funciona casi como una novela gráfica de hace mil años. Los personajes navegan, comen, cabalgan y combaten mientras pequeñas inscripciones latinas conducen la historia. Los bordes están poblados por animales y criaturas fantásticas. Hay humor, sexo, violencia y escenas de una sorprendente humanidad. Una mujer huye con su hijo mientras los normandos incendian su casa; los soldados comen antes de Hastings; los muertos aparecen decapitados y despojados de sus armaduras. «La emoción es algo difícil de conjurar mediante un bordado, pero aquí aparece todo el espectro», explica Nicholas Cullinan, director del Museo Británico.

Una flecha clavada en un ojo o no

Ni siquiera su escena más famosa está libre de interrogantes. La imagen que durante generaciones se ha interpretado como Harold muriendo con una flecha clavada en el ojo podría no ser lo que parece. Michael Lewis, medievalista, principal especialista británico en la obra y comisario de la exposición, recuerda que los dibujos más antiguos no muestran esa flecha y considera probable que fuera añadida durante una restauración posterior.

Durante siglos, el hogar del tapiz ha sido Bayeux, en Normandía. La primera referencia documental conocida aparece en un inventario de 1476 de la catedral de la ciudad, donde se describe un largo tejido que representaba la conquista de Inglaterra. Allí se exhibía durante la Fiesta de las Reliquias. Desde 1983 se encontraba en el Museo del Tapiz de Bayeux, instalado verticalmente a la altura de los ojos dentro de una gran vitrina en forma de U.

En Londres se verá de una manera radicalmente distinta: completamente extendido, en horizontal y formando una única línea de casi 70 metros, probablemente por primera vez en su historia.

No se trata de una decisión estética. Los estudios de conservación determinaron que mantener durante décadas un tejido tan antiguo suspendido verticalmente sometía las fibras a una tensión innecesaria por efecto de la gravedad. La curva de la vitrina en forma de U también ejercía presión sobre determinadas zonas. Por eso, Francia impuso como condición del préstamo que en Londres permaneciera tumbado. Una vitrina de cristal y metal de unos 70 metros, probablemente la más larga construida nunca para un museo, ha sido diseñada expresamente para albergarlo.

Los visitantes acceden desde una pasarela elevada que permitirá contemplar primero toda su monumental longitud antes de acercarse a las escenas. Sólo dispondrán de 40 minutos y la exposición estará sometida además a un estricto «presupuesto de luz»: un tejido de casi mil años no puede permanecer indefinidamente iluminado sin deteriorarse.

Moverlo hasta Londres ha sido casi tan extraordinario como exponerlo. El tapiz conserva 24.204 manchas, 16.445 arrugas, 9.646 pérdidas de tejido o bordado y 30 desgarros sin estabilizar. El operativo necesitó años de preparación. Un equipo de unas 90 personas retiró el bordado de su antigua vitrina y lo transfirió milimétricamente a un enorme biombo móvil de 28 paneles articulados. Después fue plegado en acordeón, protegido con capas de acolchado y encerrado primero en una carcasa metálica y posteriormente dentro de dos cajas especiales. La exterior incorporaba un sistema de amortiguadores para absorber golpes y vibraciones.

Antes de arriesgar el original se hicieron dos viajes completos con una réplica. Sensores midieron segundo a segundo humedad, temperatura, aceleración, presión y vibraciones. Finalmente, durante la noche del 9 al 10 de julio, un camión climatizado llevó el tapiz hasta Calais, cruzó el Canal de la Mancha en LeShuttle y continuó desde Folkestone hasta Londres escoltado por la Policía. Llegó al Museo Británico poco antes de las tres de la madrugada. Desplegarlo llevó otras 18 horas.

Traslado sin daños

«No existe ninguna evidencia de que haya sufrido daño alguno. Ha viajado realmente bien», aseguró después Lewis. La entonces ministra francesa de Cultura pudo comprobar personalmente su estado y proclamó que había llegado en condiciones «maravillosas».

El viaje culmina además una operación diplomática que ha necesitado más de una década. Los británicos llevaban al menos un siglo intentando conseguir el préstamo: Francia rechazó cinco peticiones desde 1931, incluida una para la coronación de Isabel II en 1953. Lewis volvió a plantearlo en 2013 al conocer los planes para reformar el museo de Bayeux. Macron ofreció finalmente el préstamo a Theresa May en 2018, en plena tensión del Brexit, pero después llegaron los cambios de Gobierno, la pandemia y unas relaciones especialmente difíciles durante los mandatos de Boris Johnson y Liz Truss. El acuerdo definitivo no se cerró hasta 2025.

A cambio, Reino Unido enviará a Normandía algunos de los grandes tesoros del Museo Británico, incluido el casco de Sutton Hoo y las piezas de ajedrez de Lewis. Para Cullinan, la exposición constituye «un momento cultural nacional» y también «una pieza de diplomacia internacional». Una obra probablemente confeccionada por manos inglesas para narrar una conquista francesa, conservada durante casi mil años en Normandía, regresa así temporalmente al lugar donde nació. Como dice Lewis: «Para los británicos, tener la oportunidad de verla aquí es una especie de regreso a casa.

 Noticias sobre Historia en La Razón

Noticias Similares