Entre mareas sobreinformativas y de opiniones infundadas, pocas cosas resultan más atractivas que escuchar a un tipo corriente cantando sobre asuntos corrientes. En ese acto que podemos considerar casi heroico de levantar la vista de cualquier pantalla y mirar alrededor, pueden pasar cosas que fascinen, o al menos que inspiren. Y en ese salvable, esperanzador, reducto de personas que mantienen sus pies en superficies palpables, y que en su mayoría se vinculan con el mundo creativo y de la cultura, se encuentra un artista granadino que, más que rebelión, cultiva a diario su propia religión. Manuel Leunam (Granada, 1992) trabaja en una granja, en pleno contacto con la naturaleza y sus caprichos, y aporta, desde la acción y el culto al realismo, un irresistible movimiento al siempre insólito «bedroom pop». El artista sale a la calle, observa, encuentra, comparte, cultivando su papel de cronista musical de la vida que, ahora, alimenta con nuevas y más introspectivas inquietudes en su nuevo álbum.
Para Manuel Leunam no debe haber nada más necesario (ni práctico) en la vida que seguir el instinto propio. Sólo hay que mirar su capicúa nombre artístico, o que escuchar su nuevo álbum. El EP «Profeta por Sorpresa» reflexiona, desde el rock alternativo, sobre el sentido de la vida, «convirtiéndose en mártir y profeta de un culto misterioso», describe un comunicado sobre un álbum del que ya ha publicado su primer adelanto, «Terreno sin asfaltar». El contenido de este «single» sucede antes de que suceda nada en la historia. El protagonista anda «enzarzado en una serie de pensamientos existenciales sin profundizar» cuando empieza a notar que algo tira de él, una fuerza etérea que promete respuestas. Hay también una chica y la sospecha (acertada) de que asomarse ahí se va a llevar por delante la relación. «Puede que no vuelva a verte como te vi la última vez, no sé qué hicieron con mi mente» canta en su estribillo. Leunam se pone aquí en primera persona, dice, en la piel del protagonista «antes de ser llamado, o más bien matado, por el dios». El título hace el resto del trabajo: terreno sin asfaltar es el estado del hombre antes de la doctrina y el golpe que cambiará su vida por completo.
Leunam, continúa el escrito, «encadena acordes de jazz que apuntan siempre al siguiente y retrasan el reposo, de manera que el oído se queda esperando un final que tarda en llegar. Aplicado a un disco sobre un hombre que aguarda una respuesta, el recurso es el propio argumento». Todo ello, montado con medios caseros, que es la otra mitad del asunto: armonía de conservatorio ejecutada en una habitación. «Lo produje prácticamente todo yo en mi casa, a excepción de las baterías. Buscaba un sonido más clásico al estilo del rock independiente de los 90», resume el granadino.
Un tipo, por tanto, corriente, con las ambiciones y perspectivas espirituales de cualquier tipo corriente que, con naturalidad y desde el cada vez más evocador costumbrismo, le canta a la plaza del pueblo, al día a día en la granja, a la escuela, al gimnasio, o a todo noticiario tradicional o local que se presente ante sus pasos.
El artista granadino ha lanzado el primer adelanto de «Profeta por Sorpresa», un EP que reflexiona, desde el rock alternativo, sobre el sentido de la vida Música, Cultura, Home La Razón Noticias sobre Música en La Razón
