La historia del arte alcanzó una nueva dimensión cuando Rosalía se subió, el pasado 16 de marzo, al LDLC Arena de Lyon. Arrancaba su «Lux Tour», y durante seis meses exactos ha llevado a diversos escenarios una propuesta escénica que ha rebasado lo meramente musical. Un show en el que, de Goya a Ícaro, pasando por Berlín y la Catedral de Santiago, la artista catalana ha sido el epicentro de un doble viaje sobre las tablas: por un lado, alrededor de la creatividad y la cultura; por otro, a lo largo de toda una vida, con nacimiento, madurez, trance e incluso muerte incluida. Este miércoles finaliza, en Miami, un recorrido de 58 conciertos que le ha llevado por 17 países de Europa y América, y que le ha coronado como una de las artistas más internacionales del panorama musical español.
El éxito alcanzado tanto con el disco como con la gira de «Lux» ha sido crucial para la carrera de Rosalía. Cuando el álbum salió a la luz, en tan solo 24 horas la cantante batió el récord al acumular, en Spotify, 42 millones de reproducciones. Una cantidad que se tradujo en el mayor estreno de una mujer hispanohablante, así como se situó como el cuarto mejor debut femenino en 2025 a nivel global. Pero la repercusión no se basa tan sólo en datos, o en los 100 millones de euros de recaudación estimados. Rosalía ha marcado un antes y un después con este proyecto, tanto a nivel personal como en el panorama artístico y musical. Especialmente, por haber convertido la música en vivo en un ambicioso espacio donde simbología religiosa, danza contemporánea, ballet, orquesta, pintura, confesiones y mitología han tenido cabida.
Cada concierto, una vida. Rosalía arrancaba, desde la inocencia impresionista de las bailarinas de Degas, vestida de ballet. Suaves movimientos al ritmo de «Sexo, violencia y llantas», «Reliquia» o «Divinize», iniciaban el primero de cuatro actos en un concierto de formato y envergadura operísticos. Y, según avanzaba el concierto, las canciones acompañaban a una Rosalía que, con «Berghain», se perdía entre raves y aquelarres, con «La perla», se recuperaba de un engaño y, con «La yugular», se rendía a la fuerza de lo espiritual. Perdición, recomposición emocional, misticismo… Factores que, como en la vida misma, terminaban conduciendo a la muerte. Al igual que Ícaro quemó sus alas por tratar de acercarse al sol, Rosalía daba fin a su experiencial espectáculo entonando en «Magnolias» su propia despedida.
Ahora, quizá toque resucitar. No ha especificado la cantante hasta la fecha ningún próximo paso, salvo su ansia por abrir la puerta de su casa y descansar… en paz. No hay planteamiento ni pistas de que la artista se atreva con seguir sus viajes hacia el otro lado del planeta, ampliando un tour que le convirtiese del todo en una figura global. Tampoco se ha especificado si su cabeza se encuentra en el estudio, o en un nuevo proyecto. Tan complejo como intrigante resultará conocer el nuevo camino creativo que tomará la que conquistó con «El mal querer» y se distinguió con «Motomami». Pero lo que sí cabe subrayar es que Rosalía ha brindado al imaginario actual, tan sobreinformado y disperso entre estímulos, un homenaje a la cultura y a sus posibilidades como la base de todo discurso y trayecto experiencial y vital.
La artista cierra este miércoles en Miami el experiencial «Lux Tour», gira que le ha alzado como una de las principales artistas españolas a nivel internacional Música, Cultura, Home La Razón Noticias sobre Música en La Razón
