eatArtists: Cuando el arte se come y la cultura se saborea

Cuando el viajero piensa en Austria, es posible que le venga a la cabeza la idílica imagen de sus paisajes alpinos con el vertiginoso contraste de valles frondosos, cimas nevadas y glaciares. También, la de sus tradicionales casas de madera en el Tirol, unas singulares cabañas rústicas siempre apetecibles. O incluso el vaho de la taza de Glühwein (vino caliente) entre las manos en los seculares mercadillos navideños, de Viena a Salzburgo, de Innsbruck a la Región de los Lagos. Pero, más allá de la naturaleza y las costumbres ancestrales, un viaje también (y sobre todo) es un ejercicio de los sentidos donde el arte se come y la cultura se saborea, porque el arte y la gastronomía están más cerca el uno del otro de lo que a primera vista podría suponerse. Ambos nacen de la creatividad, la destreza artesanal y el deseo de conmover a las personas.

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 Cuando el viajero piensa en Austria, es posible que le venga a la cabeza la idílica imagen de sus paisajes alpinos con el vertiginoso contraste de valles frondosos, cimas nevadas y glaciares. También, la de sus tradicionales casas de madera en el Tirol, unas singulares cabañas rústicas siempre apetecibles. O incluso el vaho de la taza de Glühwein (vino caliente) entre las manos en los seculares mercadillos navideños, de Viena a Salzburgo, de Innsbruck a la Región de los Lagos. Pero, más allá de la naturaleza y las costumbres ancestrales, un viaje también (y sobre todo) es un ejercicio de los sentidos donde el arte se come y la cultura se saborea, porque el arte y la gastronomía están más cerca el uno del otro de lo que a primera vista podría suponerse. Ambos nacen de la creatividad, la destreza artesanal y el deseo de conmover a las personas. Seguir leyendo  

Cuando el viajero piensa en Austria, es posible que le venga a la cabeza la idílica imagen de sus paisajes alpinos con el vertiginoso contraste de valles frondosos, cimas nevadas y glaciares. También, la de sus tradicionales casas de madera en el Tirol, unas singulares cabañas rústicas siempre apetecibles. O incluso el vaho de la taza de Glühwein (vino caliente) entre las manos en los seculares mercadillos navideños, de Viena a Salzburgo, de Innsbruck a la Región de los Lagos. Pero, más allá de la naturaleza y las costumbres ancestrales, un viaje también (y sobre todo) es un ejercicio de los sentidos donde el arte se come y la cultura se saborea, porque el arte y la gastronomía están más cerca el uno del otro de lo que a primera vista podría suponerse. Ambos nacen de la creatividad, la destreza artesanal y el deseo de conmover a las personas.

Austria ha brindado al mundo figuras fundamentales de la música clásica, la pintura y el modernismo. Todos estos movimientos, aunque diferentes, no están aislados; se han complementado y se continúan nutriendo, manteniendo viva la corriente que representan. Esta es la idea central de Turismo de Austria con su campaña #eatArtists. La espina dorsal es la gastronomía: los cocineros se inspiran en artistas como Klimt o leyendas como Mozart para crear sus platos. Nuevas generaciones de chefs, encarnadas en Sophia Stolz, Paul Ivić, Julia Zotter y Philip Rachinger, entienden la cocina como parte de un diálogo cultural y crean interpretaciones contemporáneas de la tradición independientes, polifacéticas y sorprendentes que, a diferencia de sus inspiraciones, existen solo por un instante.

Esa fusión se experimenta en numerosos espacios y destinos del país; en museos, festivales, restaurantes y hoteles con diseño. Evidencian que un viaje cultural se puede transformar en una experiencia gastronómica completa, y viceversa.

Un vínculo entre el arte y las cocinas

Una de las participantes es la pastelera Sophia Stolz, considerada la fille terrible de los dulces. Inspirada por el afamado pintor Gustav Klimt, mostró su creación en el conjunto palaciego barroco Belvedere. Se trata de una inmensa tarta escultórica con formas que recuerdan al Art Nouveau, con predominio del verde, tonos dorados, motivos florales y formas geométricas.

Su interpretación se contempla, se corta y se come, y después perdura únicamente como recuerdo. Por eso, para la cake artist (artista pastelera), la comida es un medio artístico especialmente accesible: apela a varios sentidos a la vez y puede provocar emociones de forma inmediata. La obra, en la que se inspiró, está expuesta en el Belvedere, fue un encargo del príncipe Eugenio de Saboya, un general de gran prestigio de finales del siglo XVII y amante del arte. La construyó Johann Lukas von Hildebrandt con el propósito de que se convirtiera en residencia de verano. Se levantó frente a las antiguas puertas de la ciudad.

Otro de los personajes homenajeados es el artista Hermann Nitsch, que combinó en su carrera teatro, música y pintura y fue valorado como uno de los precursores del accionismo vienés —un movimiento señalado como uno de los más radicales y controvertidos—. El chef Paul Ivić, experto en platos de origen vegetal, recoge esta intensidad en una propuesta vegetariana construida en torno al huevo, la patata de la variedad Glorietta, distintas variedades de cebolla, hierbas, flores y componentes fermentados, conformando de esta manera un plato vegetal de múltiples capas que sitúa en el centro los colores y las formas de la naturaleza, mientras que el huevo simboliza el nuevo comienzo y el renacimiento.

El chef Paul Ivić, experto en platos de origen vegetal, recoge la intensidad del artista Hermann Nitsch en una receta vegetariana construida en torno al huevo

Mientras Nitsch trabajaba a menudo con la provocación, Ivić busca un enfoque más armonioso. Sin embargo, a ambos les une el deseo de transformar la percepción. El plato no pretende adoctrinar, sino despertar curiosidad a través del sabor y reconectar a las personas, de forma más intensa, con la naturaleza y el origen. El viajero puede ver las obras del artista en el museo Nitsch en Mistelbach (Baja Austria) y degustar el talento del cocinero en el restaurante TIAN en Viena, galardonado con una estrella Michelin y una estrella verde.

La música también se refleja en la campaña con un homenaje al compositor austríaco Wolfgang Amadeus Mozart y su famoso bombón de chocolate. Julia Zotter, que trabaja en una afamada empresa familiar especializada en chocolates, y Philip Rachinger, al frente del hotel y restaurante Mühltalhof, convierten el bocado de un solo mordisco en una esfera humeante de azúcar vítreo con una cereza ácida, chocolate, caramelo de cereza ácida y mousse de hígado con chocolate. Se sirve sobre un nido de hilos de turrón con azúcar crepitante y flores de rosa y aciano. Su forma recuerda a una bola de nieve y retoma así, de forma deliberada, el mito turístico de Mozart, sin conservarlo con reverencia excesiva. Salzburgo es el lugar perfecto para conocer más sobre Mozart y probar su famoso bombón, las creaciones de Julia Zotter se pueden catar haciendo un “safari” en su chocolatería en Graz (Estiria) y Rachinger maneja los fogones en el restaurante Ois, galardonado con dos estrellas Michelin y 18,5 puntos Gault-Millau.

En proyectos como #eatArtists, un cuadro puede convertirse en una tarta, una obra artística se transforma en un plato vegetariano, una figura histórica revive en un nuevo souvenir. Demuestran que en Austria el arte y la gastronomía no son disciplinas paralelas, sino que dialogan. Su legado se traslada a sabores, texturas y experiencias sensoriales.

Museos donde se come como en restaurantes

Un buen plato también puede disfrutarse en espacios destinados a otros propósitos, como los hoteles, como el Hotel Schloss Seefels (a orillas del lago Wörthersee), el Boutique Hotel Altstadt Vienna (en el corazón de la capital, en un edificio de principios del siglo XX) o el Arthotel Blaue Gans (un edificio del siglo XIV en el centro histórico de Salzburgo).

Las propuestas más atípicas son las vinculadas a la corriente ‘land art’, que combinan naturaleza y con intervenciones culturales de esculturas e instalaciones

La oferta gastronómica también se traslada a los espacios pictóricos, más allá del concurrido MuseumsQuartier (Barrio de los Museos) de Viena, que combina una oferta cultural de primer nivel con una vibrante y variada propuesta culinaria. Por ejemplo, en Graz, al sureste del país, se construyó en 2003 el Kunsthaus Graz, cuando fue la capital europea de la cultura; al Hangar-7, un edificio multifuncional del aeropuerto de Salzburgo que alberga todas las hazañas de Red Bull en el campo de la aviación, cuenta con el restaurante Mayday Bar; y al restaurante de Lentos Kunstmuseum Linz, un museo de arte moderno.

Pero las propuestas más atípicas son las vinculadas a la corriente land art, que combinan naturaleza y con intervenciones culturales de esculturas e instalaciones. Esta idea de presentar arte al aire libre tiene sus raíces en el movimiento de los años 60 en Estados Unidos, y desde los años 90 también se ha consolidado en Austria. Sus proyectos modelan el paisaje alpino y fusionan valores estéticos con ecológicos. Los artistas prefieren usar materiales naturales como madera, piedra o metal para crear obras que respetan y enriquecen el medioambiente, sin perturbar el equilibrio de las montañas.

 EL PAÍS 

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